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CUARENTENA EN EDUCACIÓN

Universidad de Salta: ¿en qué condiciones se vuelve a clases?

El Consejo Superior de la Universidad de Salta votó a espaldas del conjunto de la comunidad universitaria un nuevo calendario académico. Frente a esto, desde Juventud a la Izquierda proponen que se ponga en pie un comité de crisis del que participen estudiantes, docentes y no docentes.

Lunes 13 de julio | 21:52

El pasado 25 de junio, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) votó la resolución 088/2020 aprobando el documento "Consideraciones para la reorganización del periodo lectivo 2020”. El mismo establece que cada facultad debe reorganizar su propio calendario académico interno teniendo en cuenta algunos lineamientos generales dictados por la universidad, como las fechas para los recesos de invierno, que comienza hoy hasta el 24 de julio, de verano y para la finalización de actividades académicas del año lectivo 2020.

En dicha resolución, las autoridades de la Universidad consideran que “los entornos virtuales constituyen un medio, no un fin en sí mismos, que posibilitan la intervención docente centrada en los estudiantes. Entendidos de ese modo, los alumnos se convierten en los verdaderos protagonistas de su proceso de aprendizaje y regulan su propio ritmo de trabajo”. Pero, ¿esto es realmente así? ¿Qué implica que seamos los “verdaderos protagonistas”?

Es imposible regular los propios ritmos de trabajo cuando ni siquiera se cuenta con el acceso a una computadora o a Internet, o cuando en una familia sólo hay un dispositivo para el uso de todos los miembros. En el caso de aquellos pibes y pibas que se quedaron sin laburo, o que esto mismo les sucedió a sus familias, ¿en serio se piensa que pueden ser verdaderos protagonistas de su aprendizaje? Esto también es sumamente complicado para las compañeras que son madres y ya no cuentan con el horario de escuela de sus hijo e hijas, o con el jardín materno - infantil de la Universidad. Y así podríamos seguir enumerando situaciones.

La crisis que estamos atravesando, sanitaria, social y económica, exige pensar todas las aristas de una realidad que es cada vez más compleja. Con el agudizamiento de las desigualdades sociales se exhibe brutalmente la precariedad de la vida de millones. Si para muchos y muchas ya era difícil estudiar antes de la pandemia, ahora se vuelve realmente una odisea. En este sentido, la virtualidad en la que se incurrió para dictar las materias del primer cuatrimestre, sólo resaltó la gran brecha digital que existe no solo para el estudiantado sino también para la docencia.

Humanidades siguió el mismo camino

Por su parte, el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, sin muchas demoras, votó aquel mismo martes su propio calendario académico para dar inicio formal al primer cuatrimestre el próximo 10 de agosto. Con una propuesta de vuelta a la presencialidad y semipresencialidad, y el sostenimiento de la virtualidad para quienes tengan acceso a ella. Esto en el marco del ascenso de casos de COVID-19 en la provincia que tiene a los departamentos de San Martín, Orán y General Güemes, donde viven muchos estudiantes, de vuelta en fase 1 y al resto de la provincia en “cuarentena administrada” como anunció ayer Gustavo Sáenz. Mientras, a los barrios populares donde viven muchos de los y las estudiantes, el Gobierno los llenó de policías, que ahora cuentan con superpoderes para detenerte sin causa y reprimirte.

Ni en la Universidad de conjunto ni en Humanidades dichas medidas han sido consultadas con la totalidad de la comunidad educativa. Ni siquiera con sectores de docentes y estudiantes. Por su parte, los centros de estudiantes qué rol cumplieron? Acaso, ¿llamaron a asambleas virtuales para poder discutir estas resoluciones?

En el caso de Humanidades, en el Concejo Directivo, las agrupaciones Franja Morada y Voces, que dirigen el Centro de Estudiantes (CUEH), los primeros como conducción del CUEH y los segundos como parte de su comisión directiva, han votado este nuevo calendario académico a espaldas del movimiento estudiantil, sin generar una sola instancia de debate que nos permita organizarnos y pensar de conjunto propuestas sobre cómo seguir sin que nadie queda afuera de las cursadas.

Los interrogantes continúan

Frente a esto, los interrogantes de compañeros y compañeras no tardaron en renovarse. El miércoles, en una reunión virtual entre estudiantes y la decana se plantearon algunos de ellos, también en redes sociales. ¿Cómo hacen aquellos que están en localidades con limitación en la circulación? ¿O aquellos que viven en otra provincia? ¿Cómo hacen para presentarse a mesa de exámenes quienes no cuentan con las herramientas tecnológicas y tampoco tiene la posibilidad de llegar hasta la universidad?

Y hasta una estudiante que es de otra provincia y está haciendo la cuarentena allí, se animó a consultar si “la Facultad proveerá ayuda o cada estudiante deberá solucionar su situación”.

Tenemos una propuesta

La incertidumbre acerca de si vamos a perder o no completamente el año, es un sentimiento generalizado en las y los estudiantes. Las autoridades de la Universidad y las Facultades no han dado datos acerca de la cantidad de estudiantes que no han tomado las clases virtuales en este primer tramo. Si la deserción en los primeros años era del 60% antes de la pandemia, ¿cuáles son esos números en este contexto?

Es por todo esto que desde Juventud a la Izquierda, que impulsamos estudiantes organizadas en el PTS junto a no agrupades, nos parece que el CUEH tiene que llamar a una asamblea de manera urgente.

Además, proponemos que se ponga en pie un comité de crisis del que participen los Centro Estudiantes y sus Comisiones Directivas, todas las agrupaciones que intervenimos en las Facultades, las gremiales docentes y no docentes, y también estudiantes y docentes no agrupades, para que de manera amplia y democrática podamos hacer un balance de lo que ha significado la implementación de la virtualidad hasta el momento. Y pensar, de conjunto y democráticamente, cuál es la mejor manera de seguir garantizando todos los derechos laborales de las y los docentes, y el derecho a estudiar de todos los y las estudiantes.







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