Política Estado Español

ANÁLISIS POLÍTICO

Unidos Podemos, la utopía del referéndum pactado y la “pequeña política”

Unidos Podemos propone un “bloque democrático” para negociar un referéndum pactado. La “pequeña política” como estrategia. La necesidad de luchar por asambleas constituyentes libres y soberanas.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Miércoles 20 de septiembre | Edición del día

Foto: Twitter @ahorapodemos

La cuestión catalana ha dejado a Unidos Podemos en una posición incómoda. Ubicado objetivamente dentro del “bloque constitucionalista” -es decir, junto al PP, PSOE, C’s y la monarquía- por su rechazo a la celebración del referéndum, la formación morada tan afecta a los zig zags, acaba de dar un nuevo zig (o zag, despende de cómo se lo mire) para intentar salir de la polarización. La operación, diseñada por Pablo Iglesias, busca agrupar en un “bloque democrático” una suerte de “tercera vía” para mediar en la crisis catalana a menos de dos semanas para el referéndum del 1-O.

El discurso tiene su atractivo, junto a su buena dosis de pompa mediática: una “asamblea por la democracia y la fraternidad”, en la que podrían participar todo tipo de cargos públicos, desde parlamentarios hasta alcaldes y eurodiputados, con el objetivo crear una mesa de diálogo para “ampliar la democracia” y buscar las bases para la realización de un referéndum pactado y “con garantías” en Catalunya.

El llamamiento, con vocación negociadora y apelaciones a la defensa de la democracia liberal contra el “estado de excepción”, que se habría impuesto en la crisis con Catalunya, busca obligar al PSOE a tomar posición: o estáis con los demócratas o con los liberticidas, dicen los morados.

El PSOE, como era de esperarse de un partido pilar del Régimen, señaló inmediatamente que nunca estará a favor de un referéndum (ni unilateral ni pactado) que busque “romper la soberanía española” y que, si el Gobierno se dispone a aplicar el artículo 155 de la Constitución, lo apoyarán sin miramientos.

Los socialistas quieren ser receptivos con la propuesta de Podemos, pero consideran que excluir al PP de esa asamblea extraordinaria no es una solución “práctica”, porque cualquier medida que pudiera adoptarse merecería una reforma constitucional, que no puede hacerse sin el acuerdo de los populares. A su manera llevan razón. Pero la cuestión es que la asamblea que propone Podemos no tiene ningún objetivo “práctico”. Su objetivo es político. Pero de la “pequeña política”, como escribiera Antonio Gramsci en sus “Notas breves sobre la política de Maquiavelo”.

Para el revolucionario italiano la “pequeña política” era la “política del día, política parlamentaria, de corredores, de intriga”, aquella que “comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase política”. En oposición, la “gran política” (o alta política), comprende “las cuestiones vinculadas con la fundación de nuevos Estados, con la lucha por la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales”.

La ofensiva represiva del Estado en Catalunya (y no sólo en Catalunya), ha abierto un amplio campo de defensa de las libertades democráticas. La masiva manifestación en Madrid el domingo pasado en defensa del derecho a decidir de Catalunya es una muestra cabal de ello. Y Pablo Iglesias quiere aprovecharlo. Pero no para la “reorganización radical del Estado” como diría Gramsci, sino para reformarlo bajo la dirección de una nueva “casta” de izquierdas. La “pequeña política” como estrategia.

Si un referéndum de la mano del PDeCat y la burguesía catalana se ha demostrado imposible, el referéndum pactado que promueve Unidos Podemos es poco menos que una utopía. ¿Acaso a alguien en su sano juicio se le ocurre que el Régimen blindado del ‘78 se avendría pacíficamente a negociar un referéndum democrático en el que las y los catalanes puedan decidir verdaderamente si quieren seguir siendo parte de España? Pues no. Ni siquiera a Pablo Iglesias.

Hasta ahora Unidos Podemos ha mantenido una calculada ambigüedad respecto de la cuestión catalana. Dice defender el derecho a decidir, pero siempre y cuando éste sea el resultado de una negociación en los marcos de la legalidad del ’78, es decir la misma que niega este derecho elemental. Una contradictio in adiecto que está en la base de esta nueva operación política.

La cuestión no es plantar cara a un supuesto “estado de excepción”, ni conquistar el derecho a decidir, ni mucho menos enfrentar al Régimen. La estrategia es preparar el terreno para un cambio de gobierno. En primer lugar, junto al PSOE, una alianza que ya están ensayando premaritalmente en Castilla-La Mancha. Iglesias pretende replicar el experimento a escala estatal sólo que en una mejor relación de fuerzas, ampliando su base de alianzas políticas.

Si esta perspectiva prospera, en el mejor de los casos, podría pactarse desde las entrañas del Régimen una reforma constitucional y un nuevo “encaje territorial” (eufemismo con el que se presenta un posible recosido del maltrecho Estado de las autonomías).

Por ello la “asamblea extraordinaria” que promueve Unidos Podemos tiene tanto de mediáticamente audaz como de políticamente conservadora, incluyendo en las conversaciones desde el PDeCAT y ERC, hasta el conservador PNV y el PSOE (aunque no participe). De este modo Pablo Iglesias se propone se propone ampliar el “bloque histórico” que teorizó en Vistalegre II. ¿Qué otra cosa podía esperarse de quienes han leído a Gramsci bajo el prisma de Togliatti, Berlingher, Carrillo… y Laclau?

Business as usual. Así como Podemos emergió en la misma medida que retrocedía la oleada abierta por el 15M, Unidos Podemos se dispone a utilizar el potencial retorno de la movilización social que puede preanunciar la cuestión catalana para desviarlo nuevamente al terreno de la “pequeña política” y la regeneración democrática del Régimen nacido de la Transición.

Frente a los intentos de remendar un Régimen corrupto y antipopular, la alternativa es superarlo. Si el Estado niega el derecho a decidir a Catalunya, la respuesta debe ser la defensa del derecho a decidir sobre absolutamente todo: en primer lugar, el derecho de autodeterminación, pero también la monarquía, el pago de la deuda, las reformas laborales del PSOE y el PP, las pensiones miserables, la falta de vivienda, la precariedad laboral, la violencia machista, la falta de futuro para la juventud.

Ni el Parlamento actual, ni los llamados “Ayuntamientos del cambio”, ni las “asambleas extraordinarias” como la que convoca Podemos pueden conquistar estas demandas. Lo que hace falta es convocar Asambleas Constituyentes verdaderamente libres y soberanas, en Catalunya y el conjunto del Estado. Asambleas que combinen los poderes legislativos y ejecutivo, cuyos miembros sean elegidos mediante sufragio universal cada, por ejemplo, diez mil electores, sin discriminaciones de sexo o de nacionalidad, que sean revocables y tengan el salario de un trabajador especializado o una maestra.

Esto no puede hacerse con los métodos parlamentarios de Unidos Podemos, sino con los métodos de la lucha de clases. Sólo así la mayoría obrera y popular puede aspirar a una democracia más generosa, una lucha que facilitaría el camino hacia la conquista del autogobierno de los trabajadores. Una “gran política”.








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