Cultura

FREAKS AND GEEKS

Una serie de culto, que nos robaron durante 17 años

Freaks and Geeks, una suerte de “Stranger Things” del género comedia-dramática, apareció en el catálogo de Netflix 17 años después de ser filmada, emitida y cancelada intempestivamente.

Domingo 19 de marzo | 11:03

[Foto: adelante: John Francis Daley como Sam Weir. Sentados, de izquierda a derecha: Busy Philipps como Kim Kelly, Seth Rogen como Ken Miller, Jason Segel como Nick Andopolis, Samm Levine como Neal Schweiber, Martin Starr como Bill Haverchuck, Linda Cardellini como Lindsay Weir, James Franco como Daniel Desario]

Freaks and Geeks fue filmada y emitida por la NBC en el año 1999 en EEUU. Narra los pormenores de dos grupos de jóvenes en un colegio secundario de los suburbios de Detroit, en el ciclo lectivo de 1980-1981. Fue creada por Paul Feig y producida por Judd Apatow, que sería el futuro renovador de la comedia estadounidense. La presentación, que arranca con la voz violenta de Joan Jett cantando Bad Reputation, promete y no desilusiona.

De su reparto, salieron estrellas hoy mundialmente conocidas como James Franco y Seth Rogen (los protagonistas de Pineapple Express) y Jason Segel (el memorable Marshall de How I met your mother), que son algunos de los que encarnan a los “Freaks”, los fumones, los que andan mal en el colegio y se armaron una banda. Por otra parte, están los Geeks, que serían los nerds, pibes de 14 años que -en un gesto autobiográfico de Paul Feig- flashean con Monthy Python, Steve Martin y el stand up estadounidense de fines de los 70, que cotidianamente tienen que enfrentarse a un grupo de bullys, a los atletas que los desprecian, a padres infieles y madres solteras, y, en medio de todo eso, lidiar con sus primeros enamoramientos. La historia de los Geeks es sin dudas la más entrañable de la serie, aunque, contradictoriamente, las mayores estrellas salieron del reparto de los “Freaks”, de la historia adolescente que -a pesar de meterse en temas tabú y tratarlos con sensibilidad- es donde más pesa un cierto puritanismo que sobrevuela la serie, quizá producto de las propias presiones del canal. Los Geeks también se ponen al hombro este talón de Aquiles de sus contrapartes, con personajes muy bien caracterizados y actuados.

Freaks and Geeks rompió por primera vez los estereotipos de protagonistas adolescentes exitosos, para poblar la escena con antihéroes inseguros, que se mueven de fracaso en fracaso. Quizá por eso, cuando se emitió en 1999, tuvo baja audiencia para los estándares del momento (7 millones) y fue cancelada por NBC luego de 18 episodios. Scott Sassa uno de los directivos de la NBC que apostó por la serie, explicó recientemente en una entrevista en Vanity Fair que en esos años los canales norteamericanos tenían la política de emitir “lo menos objetable posible”, es decir que se buscaban evitar los contenidos que polarizaran opiniones a favor o en contra, y Freaks and Geeks era justamente eso. Esta prematura cancelación, la convirtió en una serie de culto, pero a la vez implicó que no se emitiera nunca en el mundo de habla hispana.

La explosión del streaming online la trajo de vuelta: Netflix la agregó, aunque no la promocionó al nivel de lo que merece. Está escondida en el catálogo e incluso a veces no se la encuentra por el nombre original sino por la traducción inadecuada y zonza de “jóvenes y rebeldes”. Parece que todavía hay algo en Freaks and Geeks que molesta, que incomoda. Puede ser quizá la escena de un chico de 14 años que se viste de la mujer biónica para Halloween o la de un pibe de 16 que tiene bajo su cama dos revistas porno, una para heterosexuales y otra para gays. Puede ser la imagen de la chica sin futuro, la que no va a ir a la universidad, la que no va a salir de Detroit, la que no permite que nadie la basuree o la pase por encima.

El techo de la serie está en el hecho de que las mejores escenas, las mejores actuaciones, los planteos más radicales, no están puestos en los personajes principales: los hermanos Lindsay (una ex geek que se une a los freaks) y Sam Weir (un geek que no está orgullo de serlo). Los mejores diálogos siempre ocurren con los personajes secundarios, que forman parte del círculo de amigos de cada hermano Weir. Sin embargo, en los últimos capítulos este techo se va relativizando. Los personajes secundarios, y sus historias, van adquiriendo más relevancia. Por ejemplo, Seth Rogen hasta la mitad de la serie prácticamente no habla, pero cuando empieza a hacerlo lo hace memorablemente, en una historia compleja y sensible ¿Cómo hubiera sido una segunda temporada si no la cancelaban antes de tiempo? Solo lo podemos imaginar.






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