#8M

Un debate con Patria Grande: sobre aliados y estrategias en el movimiento de mujeres

Una respuesta a Noelia Figueroa, referente de Patria Grande, a propósito de su polémica contra la “izquierda tradicional”, nuestra práctica y estrategia en el movimiento de mujeres.

Irene Gamboa

Consejera Directiva de Humanidades y Artes UNR

Domingo 18 de marzo | 16:16

Los aliados y la estrategia

Pareciera que unos de los debates más acalorados y urgentes que plantean las compañeras fue la negativa de organizaciones de mujeres, como Pan y Rosas, a impugnar la participación de varones en las movilizaciones y en el paro. Como hemos reflejado en otras notas, ese debate que dividió a la organización del 8M, pronto quedó limitado a las agrupaciones militantes. Cada una de las mujeres que se movilizó, fue con quien tenía ganas, como corresponde. Los movimientos de masas no responden a mandatos de “arriba” y no pidieron permiso.

Un debate que se responde con la historia misma. ¿Qué lucha contra la opresión en cualquiera de sus formas apeló únicamente a la acción de sus propios afectados y rechazó extender lazos de solidaridad con el resto de los sectores? La comunidad LGTBI tendría entonces que haber rechazado el apoyo de mujeres y hombres heterosexuales en las movilizaciones cuando peleó por el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género. La comunidad afroamericana de Estados Unidos tendría que rechazar el apoyo de blancos y blancas en su lucha contra el racismo y la violencia institucional. #BlackLivesMatter debería haber expulsado a los blancos de sus movilizaciones.

Sostienen que las mujeres somos una clase particular y diferenciada. Nos dicen, “olvídense de la clase, esta es una lucha por el género”.

Les adelantamos nuestra postura, el género no constituye una nueva clase social. Siguiendo los fundamentos de las que sí lo opinan: si la materialidad se constituye por la vivencia de cada oprimido, toda lucha reivindicativa hace alusión a una nueva clase social. Si todo es una clase distinta, por ende, la clase no es nada: desaparece por arte de magia la contradicción estructurante de las relaciones sociales basada en la división entre explotadas-explotados y explotadores. Preferimos no abandonar las banderas del marxismo para agarrar las del oportunismo.

¿Son Clinton, Vidal o Cristina de Kirchner nuestras aliadas? ¿O son las mujeres trabajadoras junto a sus compañeros de clase y el resto de los sectores oprimidos los que tienen el poder para acabar con esta situación? Resulta llamativo a esta altura, tener que aclarar que Ángela Merkel es nuestra enemiga, tanto como la de nuestros hermanos de clase varones y de todos los oprimidos del mundo.

Todos los caminos conducen a Roma

Sin embargo, creemos que detrás de esta falsa dicotomía hombres si, hombres no, que levantan ciertas agrupaciones dentro del movimiento de mujeres, en este caso es utilizado para esconder otras prácticas por parte de estas organizaciones. Lo que resulta llamativo es su empecinamiento y prepotencia a la hora de discutir contra las organizaciones de la izquierda.

Es que en el movimiento de mujeres nos dicen: “hombres no”, pero en la política nacional, en lo que va del año, ya van varias fotos de sus dirigentes entrevistándose con hombres que no son precisamente conocidos por su trayectoria en la lucha contra el patriarcado. Pareciera que la corriente de mujeres de Patria Grande, hace “de repente” uso de una ideología separatista para atacar a la izquierda como forma de defensa de sus verdaderas alianzas. Quizás opinan que haciendo mucho ruido contra las mujeres y varones de la izquierda revolucionaria podemos olvidarnos los encuentros de Itaí Hagman con Bergoglio o personajes nefastos del PJ como Coki Capitanich. En principio les pedimos un poco más de honestidad.

Itaí Hagman, dirigente de Patria Grande, reunido con Capitanich en su despacho

¿Desde cuándo el Papa Francisco es nuestro aliado en la pelea por la conquista de nuestros derechos? ¿Cuándo fue el día que Capitanich, declarado antiabortista, se alistó a la lucha feminista y de las y los oprimidos? ¿Qué hizo Tomada, además de bancar y sostener a lo más rancio de la burocracia como Pedraza, como el conjunto del kirchnerismo, durante 12 años para que las mujeres pobres no sigan muriendo por abortos clandestinos? Rechazamos la unidad “antimacri” que encubre a los opresores de las mujeres de otro color.

Patria Grande le dice que si a Capitanich, a Tomada, y al conjunto del kirchnerismo que durante 12 años mantuvo la brecha salarial entre hombres y mujeres, el aborto ilegal y decenas de derechos rezagados, pero le dice que no a los compañeros jóvenes y trabajadores que se solidarizan con nuestra lucha. Sí a los hombres de la burocracia todos los días del año, no el 8M a los hombres que se organizan en sus fábricas contra la precarización y enfrentan a esos burócratas atornillados. Esos mismos compañeros, y compañeras, por supuesto, que en sus lugares de trabajo no pudieron convertir esa enorme energía por conquistar lo que nos pertenece, porque las burocracias sindicales no garantizaron la más mínima medida para que ello sucediera. En Rosario muchas de esas conducciones se aglutinan en el Movimiento Sindical Rosarino, que casualmente representa a corrientes políticas que insistentemente Patria Grande quiere presentarlas como aliadas. Ahora sí, ¿quién divide a quién?

Acusarnos de dividir el género y la clase, a esta altura de las circunstancias carece de todo fundamento más o menos serio. La práctica de nuestra agrupación, además de apoyarse en un compromiso militante en la lucha de las mujeres, retoma las tradiciones del feminismo socialista. Y no lo ocultamos al movimiento de mujeres: todas saben que por lo que peleamos, son nuestras banderas que luego defendemos en la calle. No ocultamos nuestro proyecto.

Nuestro programa para la liberación de las mujeres parte de una crítica despiadada contra las miserias que engendra el capitalismo, también en el terreno de la subjetividad y de las relaciones desiguales entre los géneros. La pertenencia de clase no elimina nuestras demandas desde el género en el cual nos reconocemos sino que delimita los contornos de la opresión. La demanda de aborto legal, libre, seguro y gratuito es un punto perfecto para esclarecer esto: toda mujer, de cualquiera clase social se los realiza o realizó, pero quienes sufren las consecuencias de la clandestinidad son aquellas pobres y trabajadoras que no tienen los medios materiales para poder costearlo.

Que todas griten bien fuerte por sus derechos

Las compañeras por último, con un dejo de enojo como dejan entrever, acusan, a quienes manteníamos esta posición, de infringir en numerosos problemas del orden de lo “metodológico”. Pero si vamos más a fondo con esta discusión sabemos que los problemas son otros.

Si realmente queremos desarrollar una fuerza social imparable, al menos eso es lo que nos proponemos desde el PTS y Pan y Rosas, debemos apostar a la más amplia autoorganización de las mujeres. Patria Grande se queja de los gritos de las mujeres de la izquierda nuevamente como forma de esconder que el método que imponen es silenciar a muchas. Nosotras, otra vez en las antípodas, queremos que hablen todas y no sólo unas pocas, porque nadie les confirió un mandato (¿divino?) para representar a todas las mujeres. No se entiende, en este caso, qué materialidad inventaron para hablar en nombre de todas

No compartimos las definiciones a dedo que impiden a muchas subirse al escenario, desechamos el método de no escuchar denuncias y exigencias a conveniencia, que decide postergar debates de urgencia para las masas por las contradicciones internas de las organizaciones, es decir, que vuelve a traer como práctica la rosca universitaria, métodos que hoy se dan algunas organizaciones del feminismo, están reducidos a una porción ínfima del movimiento. Nosotras queremos ir por más, por las millones que hay en el país.

Queremos la conquista de todos nuestros derechos, ni uno solo queda por fuera de esta pelea que es de largo aliento. Y para eso nos preparamos cada día, apostando al desarrollo democrático y lo más expansivo de este movimiento como una fuerza social potente, capaz de enfrentar al Estado y sus gobiernos. Transitamos juntas las calles, unidad en la acción, pero marchamos bajos nuestras banderas: la coordinación de las luchas en curso, la alianza a nuestras hermanas y hermanos de clase, la unidad de todas y todos los oprimidos de manera independiente de los gobiernos, la Iglesia y las burocracias sindicales es lo que promovemos. Nuestra lucha de mujeres es por una vida que valga la pena ser vivida, sin opresión ni explotación. Bienvenidas aquellas y aquellos que así lo deseen.







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