Cultura

DEBATES

Una intervención muy pensada, no casual, que rompe la ortodoxia

A propósito del nuevo libro de Juan Dal Maso "Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo".

Martes 25 de septiembre | 23:20

Massimo Modonesi es historiador y sociólogo, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es autor de múltiples artículos y libros como Subalternidad, antagonismo, autonomía, El principio antagonista y Revoluciones pasivas en América. Forma parte también de la Asociación Gramsci de México.

En esta oportunidad, nos comenta su opinión sobre el libro Hegemonía y lucha de clases, recientemente publicado por Ediciones IPS. Compartimos el audio de su intervención y una transcripción de sus principales definiciones.

  •  Voy a comenzar por el título. Creo que ilustra ya una intencionalidad clara, un posicionamiento en el debate, que por cierto comparto, porque es el intento de sacar el debate sobre hegemonía de un territorio por decirlo así posmoderno, donde no hay clases y no hay lucha de clases. Eventualmente hay lucha, pero es una sin clases, sin actores anclados en la materialidad de su existencia, sin una politicidad e incluso sin una historicidad. Porque de repente esa noción de hegemonía se desprende de la historia, de la política y se convierte más bien en un dispositivo relacional, en una política hecha muy a la medida de campaña electoral, de discurso de una puesta en escena de lo político. No de lo político que realmente remite a dimensiones de lucha profundas que atañen al modo de producción, al capitalismo, al modo en que las personas se relacionan concretamente, y cómo esas relaciones concretas son relaciones de dominación y explotación.
  •  El libro tiene la característica de querer ser muy preciso, profundo y erudito en torno a ciertos cruces entre algunos autores fundamentales que son Trotsky y Gramsci y un tercer autor que aparece después, que es Perry Anderson -que trata de interpretar a Gramsci- y Juan se mueve en ese triángulo.
  •  El primer capítulo está dedicado a la noción de hegemonía en Trotsky. Creo que lo que Juan quiso demostrar es que Trotsky piensa la hegemonía nombrándola y a veces no nombrándola y por lo tanto tiene un reflexión sobre lo hegemónico como situación, como problema. De una forma que no coincide estrictamente con la ampliación que luego va a hacer Gramsci del concepto. Pero de alguna manera asienta un terreno común, yo creo que ese es el propósito del primer capítulo, además de hacerle justicia a Trotsky en términos de algunas discusiones que a veces no son tan conocidas y sobre todo no están rotuladas bajo el rubro hegemonía. Ese es un tema interesante, que de alguna manera es una forma de habilitar el debate hegemónico en una corriente como la trotskista que no forzosamente lo había adoptado, por lo menos como un puente para dialogar con Gramsci.
  •  Ahí viene el tema del segundo capítulo, en el que Juan intentó -y creo que logró- mostrar que el Trotsky con el cual se pelea Gramsci en los Cuadernos de la cárcel, es un Trotsky que Gramsci no conoce muy bien, que no ha leído plenamente, no ha tenido acceso a todas las obras de Trotsky, por lo tanto es una lectura de Trotsky que no está apegada a lo que Trotsky realmente dijo, a lo que Trotsky realmente escribió. Ahí creo que está la operación más delicada que hace Juan, que por cierto no es el primer autor que trata de sostener, está el libro de Álvaro Bianchi O laboratório de Gramsci; en la cual se trata de demostrar que Gramsci, en el fondo, a pesar de que se pelea con Trotsky, se pelea con un Trotsky construido un poco a la medida de ciertas lecturas, se pelea contra una idea de la revolución permanente a la que contrapone una idea de guerra de posiciones y por lo tanto descalifica una hipótesis en la que -según Gramsci- Trotsky sería por un lado teoricista, intelectualista y por otro lado sostendría un acelere revolucionario, un radicalismo, una visión casi ultraizquierdista, que efectivamente haciendo una lectura de mediano alcance de la trayectoria de Trotsky, no se sostiene. Esta operación es muy compleja, pero lo que me interesa es que es una forma de desactivar prejuicios y lugares comunes que inhiben, obstruyen un diálogo entre una corriente marxista que se ha nutrido del pensamiento de Trotsky y corrientes marxistas que se han nutrido del pensamiento de Gramsci. El objetivo, no abordado plenamente en el libro, es señalar cuál sería el terreno de un diálogo en torno a la noción de hegemonía que permitiría recuperar y articular contribuciones de Trotsky y contribuciones de Gramsci. Esto está esbozado en las conclusiones y me parece que es sin duda un terreno muy fecundo.
  •  Yo creo que hay tener cierto eclecticismo hoy en día si queremos reconstruir el arsenal teórico y conceptual del marxismo, si queremos hacer análisis más finos de una realidad que es cambiante. No podemos siempre estar pensando que vamos a encontrar un solo pensador que nos resuelva todas las preguntas que nos brotan de la realidad social y de las necesidades políticas. Por eso yo creo en el marxismo como campo de distintas contribuciones, incluso a veces contradictorias, pero que nos abre un abanico, que necesariamente es una construcción colectiva, en la que contribuyen en particular autores diversos incluso con ciertas tensiones. De alguna manera me encuentro particularmente contento y le agradezco a Juan que abra estos debates heterodoxos, que rompen la ortodoxia de lugares de enunciación constituidos. Esto creo que es lo más importante.
  •  El tercer capítulo es un intento de ir ajustando cuentas o de sopesar un debate si se quiere interno a los estudios gramscianos en un sentido amplio, que gira en torno de una obra de Perry Anderson: Las antinomias de Antonio Gramsci. Lo que hace Juan es tratar de equilibrar un debate en el que hay dos posturas. Es una operación interestante, que trata de evitar los extremos, tanto el extremo propiamente andersoniano que efectivamente adolece de rigor en algún lado, incluso lleva demasiado lejos la crítica de esas “antinomias” de Gramsci y el de los defensores de Gramsci que se encierran en una lecutra, donde además lo que se juega es un terreno político; el terreno de si Gramsci puede ser llevado, nutre o retroalimenta una perspectiva más reformista o qué tanto hay que ir llevándolo y por lo tanto también habilitando desde una perspectiva más revolucionaria, que es un debate infinito. Como dice el título de uno de los mejores textos que hay en circulación sobre el debate en torno a Gramsci, que se llama Gramsci conteso [Gramsci disputado] que es un libro de Guido Liguori en el que se narra la historia del jaloneo en torno a Gramsci. En grandes líneas, hay una lectura en términos más político-estratégicos que tiende a jalarlo en una posición más reformista, más de una guerra de posición que implica inhibir grados de violencia de la lucha de clases y de radicalidad y una lectura que lo mantiene al interior de la corriente marxista y de ahí la idea de hegemonía y lucha de clases.
  •  Ya es el segundo libro que Juan Dal Maso nos ofrece. Creo que es una intervención muy pensada, no casual y recomiendo mucho su lectura.





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