Sociedad

A 43 AÑOS DEL GOLPE

Una historia entre treinta mil

Una noche de 1978 miembros del grupo de operación de la policía y el ejército irrumpieron en su vivienda del barrio de Lugano. A sus padres se los llevaron vivos, aún los buscamos, no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.

Nicolás Dimuro

Docente/ Miembro de la agrupación 9 de Abril / @DimuroNico

Sábado 23 de marzo | 14:35

Historia reciente. Una noche de 1978 miembros del grupo de operación de la policía y el ejército irrumpieron en su vivienda del barrio de lugano. A sus padres se los llevaron vivos, aún los buscamos, no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.

Micro relato basada en un hecho real:

El Negro.

23hs. El barrio de largas tiras de edificios está oscuro. El silencio se interrumpe de vez en cuando con algún grito, alguna radio alta, alguna discusión entre los que se animan a andar abajo, en la calle.

Cuatro Falcon recorren Larrazábal, giran en Martín Guerrico, se detienen en las puertas del edificio 128. Bajan varios hombres, se puede ver que son del ejército, algunos tienen uniforme, portan armas largas, preguntan por la familia del Negro. Los vecinos que los conocían bien, dicen no saber. A la fuerza los “hombres de botas” entran al edificio, algunos esperan afuera.

El Negro y sus hermanos están durmiendo. Sus padres no se encuentran en la casa, la puerta se abre violentamente, reina la confusión y el terror. En segundos las armas largas apuntan a las cabezas de sus hermanos. Él logra escapar, sube la escalera hacia los pisos de arriba, una familia ofrece ayudarlo abriendo la puerta de su casa. Accede, pero un par de minutos más tarde le cae la ficha, sí, con 13 años, le cae la ficha. Tenía que advertirles a sus padres que todavía no habían llegado a la casa.

Explica desesperadamente esto a esa familia que intentaba esconderlo. Vuelve a las escaleras, se dirige a la terraza.

Mientras tanto en la habitación de su casa, sus hermanos eran interrogados de la manera que interrogaban esas bestias. Tres horas de torturas, querían saber dónde estaban sus padres. La violencia crecía con el correr de los minutos.
Los padres del Negro estaban cerca, ya de regreso una sensación extraña los invadía.

En la terraza. Fabián solo pensaba en la manera de advertir a sus padres lo que estaba pasando. Sabía que eso era lo único que podía salvarlos. En una maniobra peligrosa cruza de terraza a terraza. Repite la maniobra, ya está a dos edificios. Baja las escaleras, sale por la puerta, corre en dirección a lo que hoy es la pista de aprendizaje de manejo, mas precisamente para el lado de la escuela granja.

Hoy, año 2019 un vecino recuerda: “desde mi ventana lo vi corriendo, cruzando el campito, no puedo olvidar a los milicos detrás disparándole una cantidad de tiros impresionantes. Después se detuvo, vi como lo agarraron”.

1978. Esa noche. Sus padres entraron al barrio. Venían por Soldado de la Frontera. Eran militantes de movimientos populares, el movimiento del barrio atípico ya les hizo saber lo que sucedía, lo que les esperaba. Los disparos que escucharon a pocos metros, disparando hacia el Negro, se lo confirmaron.

Los vio pasar a lo lejos, intentó gritar, silbarles, intentó que lo escuchen. Nunca sabremos si lo vieron y aunque es muy probable que sí, lo cierto es que no pudieron dejar solos a sus hijos. Se dejaron “sorprender” e intentaron salvar el sueño de cambiar esta sociedad de raíz, salvándolos a ellos.

El final de esta historia aún no está escrito.

Este es un relato que intenta recuperar una de las historias de los 30 mil desaparecidos, que en su mayoría eran trabajadores y estudiantes, que como generación se dieron cuenta de la fuerza que tenían, que comenzaban a organizarse en las fábricas y en los lugares de estudio y que ganaban y confluían en las calles, como en el Cordobazo, como con las coordinadoras interfabriles.

Las historias no mueren, los sueños tampoco. Sí, es cierto, algunas veces se deforman, se falsean, se niegan, pero ahí están los Negros intentando luchar como aquella noche contra el terrorismo de Estado, pero ahí estamos los militantes recogiendo ese hilo rojo que une la experiencia de nuestra clase en la historia. Que no niega, ni deforma al sujeto protagonista de esa época, que no fue un demonio, ni un icono re inventado, si no que fue la clase trabajadora queriendo dar vuelta todo.







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