Sociedad

DESDE EL AULA

Una experiencia de debate sobre el aborto en la escuela pública

Reproducimos el relato, que se viralizó en las redes, de Lucía Benjamín que cuenta como llevó el debate sobre la legalización del aborto a una secundaria pública de la Ciudad de Buenos Aires.

Jueves 12 de julio | Edición del día

“Ah, no, profe, si nos tenemos que ir, lo hacemos en la plaza.” gritó una alumna cuando la luz de la escuela comenzó a titilar y amenazar con un corte que podía dar fin a la jornada. Me sonreí y me regocijé en el entusiasmo que generaba el cierre de un proyecto que hace poco más de un mes atravesaba las clases de Formación Ética y Ciudadana.

Diez minutos antes, aprovechando el recreo, había subido al aula de segundo año para acomodar los bancos en forma de “U”, como imitando al Congreso. Esperaba hacerlo sola pero me encontré con varias estudiantes ansiosas que me hacían preguntas, me ayudaban a acomodar los bancos o repasaban sus discursos.

Siempre que doy clases camino por el aula o me siento arriba de la mesa. Hoy, en cambio, me senté detrás del escritorio y me convertí en la Presidenta de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Les recordé señalándome y haciéndome un poco la graciosa que, en caso de empate, la presidencia de la cámara emitiría su voto para definir. Algunos rieron exclamando que ya sabían cuál sería la decisión de la profe que todo el año desfiló un pañuelo verde por la escuela.

Ya sentada, los miré a todos, entrelacé los dedos de mis manos y, con expresión seria, abrí la sesión legislativa para tratar el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en una escuela pública que, curiosamente, lleva su nombre en homenaje a una figura católica.

“La diputada Serra, Julieta (el nombre es de fantasía, para preservar la identidad de les estudiantes) del bloque Unidos por los Derechos Humanos tiene la palabra.” dije. Para mis adentros pensé “Ojalá se escuchen”, mientras sonreía mirando a un grupo de chicos y chicas de 14 años a los que les cuesta el silencio y ordenarse para hablar.

La diputada Serra respiró profundo, hizo una muequita de terror y empezó a leer un discurso que le había ocupado 6 carillas de unas hojas de carpeta.

“El aborto no es un tema que se tendría que debatir, no hablamos aborto si, aborto no. Discutimos si vale la pena dejar morir a mujeres que, al no tener recursos económicos para pagar, a diferencia de las que si pueden pagarlo, mueren.

Las personas que están en contra de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo consideran que hay vida desde la concepción, lo cual no se puede comprobar ya que no hay un período exacto que pueda decirse comienza la vida. Lo que sí se puede decir es que hasta una semana determinada carece de corteza cerebral. En otras palabras, el feto no siente dolor. (...) Entonces, ¿qué estaríamos haciendo mal?

También dicen que al legalizarlo causarán más abortos, pero como dice la diputada Silvia Lospennato “No hay evidencia empírica en que apoyarse, ya que en los países que se ha legalizado la IVE, han reducido su tasa de aborto, básicamente por que el sistema de salud acompaña en todo el proceso.” (...) Algunas dicen asesinas, otras sin corazón, pero la verdad nadie se levanta de un día para el otro diciendo “Bueno, voy a abortar”, quien dice que es fácil tomar esa decisión, quién dice que aquellas mujeres salen con una sonrisa. Nos enseñaron que el aborto está mal, que las que interrumpen su embarazo son sin vergüenzas.

Yo hoy digo basta, basta de meternos en la cabeza lo que piensan que está bien o mal, que las mujeres no pueden decir groserías, que tiene que ser señoritas o por ejemplo esas típicas frases de calladita te vez más bonita (...) Vivimos en una sociedad machista, está sociedad nos está matando, queremos decidir por nosotras, ¡queremos vivir! (...)” Rematando su cierre, Serra citó a Miss Bolivia y enunció las tres ya famosas consignas de la campaña.

La habían escuchado atentamente. Cuando terminó recibió aplausos y yo comenzaba a presentir que la jornada iba a ser muy emocionante.

Le di la palabra a la diputada N. Se venía un contrapunto. Otra vez, seis carillas.
“Señores Diputados, Señor Presidente. Estoy aquí para decir que yo estoy en contra del aborto. En contra de la muerte de bebés inocentes, en contra de la manera de cómo tratan a esos bebés. Ellos no tienen la culpa de nada. La culpa es de aquellas mujeres y hombres que están matando a un ser vivo. Por más que no esté completamente formado, si hay un corazón latiendo y eso es lo que vale. Capaz que no tiene los sentidos, no tiene nervios, pero escuchen hay un corazón latiendo. (...) Ustedes, los que están a favor del aborto dicen que están a favor de la vida, entonces porque quieren el aborto legalizado, así van a seguir matando vidas, entiendan. Cuando un bebé viene al mundo sin que vos lo esperes o sin que lo quieras, no importa, ya vino. Es lo más hermoso de la vida, es una joya, un tesoro y te vas a ir dando cuenta cuando empiece a caminar, que su primera palabra sea mamá o papá (...) Las mujeres que quedan embarazadas se tienen que sentir orgullosas de ellas mismas. Les pongo un ejemplo: su mamá que embarazada de vos sin que lo buscara y sin que lo quisiera te aborta, vos ya no estarías hoy en vida, a vos te gustaría que te hubiesen abortado me supongo que no. (...)”

La diputada N. leía con convicción su discurso mientras algunas se retorcían con ganas de responder y yo les lanzaba esa mirada que los docentes ejercitamos con los años para poner límites sin hablar y recordarles, en esta ocasión, que no valía interrumpir. N. siguió leyendo, explicó los riesgos de un aborto y, mientras nos compartía una experiencia en su familia, rompió en llanto. Le dimos espacio para respirar y seguir y, desde una bancada verde que minutos antes se retorcía, le alcanzaron un pañuelito.

Cuando terminó la segunda diputada, me acerqué al pizarrón y anoté su voto negativo. Seguimos con el resto de los discursos, el respeto por la palabra se sostenía. Me maravillaba el clima que se había creado en el aula, digo la cámara. Cada tanto distendían el silencio con alguna risa compartida o una palabra de aliento a algún compañero que le costaba arrancar. Se referían entre ellos como diputado, diputada y también diputade, colaborando a ese clima lúdico que sostenía con fuerza la actividad. Escuchamos compañeros y compañeras que en el día a día nunca piden la palabra y hasta nos sorprendieron con la valentía de exponer sin leer. Nos encontramos con otros que siempre meten bocado y hoy los asaltaba la timidez.
La diputada M, luego de apoyarse en argumentos relacionados con la salud pública, se dedicó a refutar lo que llamó “unas frases muy comunes”.

“’Si sabían que podían embarazarse, ¿para qué lo hacen?’ No sé si sabían, pero no todos reciben la misma educación sexual. No todos tienen acceso a anticonceptivos. Los métodos anticonceptivos no son 100% seguros.

‘Si se legaliza el aborto todas van a dejar de cuidarse, porque van a abortar’. El aborto no es otro método anticonceptivo. Es para que dejen de morir personas gestantes que no pueden pagar un aborto en una clínica privada.

‘Yo estoy a favor, pero sólo si es por violación’. Estarías diciendo que una mujer tiene que ser humillada y ultrajada sexualmente para decidir sobre su propio cuerpo.”

Finalmente, concluyó: “La maternidad o paternidad tiene que ser deseada y no obligada. Para ser madre o padre hay que tener una buena entrada de dinero y estar preparada física y psicológicamente. El aborto siempre existió y siempre va a existir, pero si se hace legal, seguro y gratuito morirán menos cuerpos gestantes por abortos clandestinos mal practicados.”

La diputada F. sonrió cuando le llegó su turno y dijo “Estoy en contra de que una madre no quiera tener su hijo. El aborto es un atentado a la vida, “es una pena de muerte sobre alguien que es inocente y que no tuvo abogados ni posibilidad de defenderse” como señaló Alberto Bianchi, constitucionalista. Yo concuerdo con él porque la realidad es distinta y muestra que la víctima del aborto es un ser humano que merece protección. (...) En Argentina, mueren más mujeres por insuficiencia nutricional y nadie usa pañuelos por ellas, en 2017 murieron 525 mujeres a causa de eso. Así que no considero que el aborto sea una urgencia de salud pública. (...) Al final la vida nos va a pedir cuentas sobre nuestros actos, toda vida vale igual.”

Como en la realidad, la votación en nuestro Congreso marchaba peleada. Alternadamente, se emitían votos afirmativos y negativos. Mientras tanto, yo me regocijaba para mis adentros con lo bien que estaba saliendo todo y me preguntaba si se me veía la baba. Me pasaron muchas cosas. Me indigné con ciertos argumentos, pero no le permití a mi rostro expresarlo. Me emocioné con otros deseosa de festejarlos, pero tampoco me permití comunicarlo. “La profe también se debe estar aguantando de responder”, reflexionó en voz alta una diputada.

“Bueno, antes que nada, quiero decir que respeto la decisión de cada uno, pero hay cosas las cuales no podemos tomar la decisión de otro como en este tema del aborto.” dijo el diputado D. A continuación, se lució con una recolección de estadísticas que respaldó con diversas fuentes. Cuando leyó “Un análisis basado en los datos de 184 países y realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) (....). Cerca del 73% de todos los abortos fueron realizados en mujeres casadas.” un murmullo de sorpresa recorrió la cámara. Luego de leer como habían variado las tasas de aborto en diferentes regiones del mundo, el diputado D concluyó: “Esto quiere decir que en los países en los cuales se pudieron legalizar, los abortos han disminuido al menos un poco.”Aquí, se frenó, levantó la mirada de su hoja y con el dedo índice acompañando sus palabras se despegó de su discurso escrito y dijo: “Así que los que están en contra porque no quieren que haya abortos, deberían estar a favor de que sea legal, porque así habría menos abortos.”

Bajó la mirada y continuó la lectura. “Mucha gente dice que estamos matando vidas inocentes pero lo que yo veo es gente que no piensa en la madre. Para esto cito las palabras de la escritora Claudia Piñeiro “... En este debate estamos viendo que hay un punto de vista que quiere anular al otro. Los que están a favor de la ley no obligan al otro a interrumpir un embarazo, quieren tener ese derecho. Sin embargo, los que están en contra quieren imponer su punto de vista al otro.” (...) Yo creo, sinceramente, que la mujer debe decidir sobre si misma, nadie puede obligarle a hacer cosas que no quiera.”

Cuando el timbre nos impuso un cuarto intermedio, los votos afirmativos ya comenzaban a despegarse y superar a los negativos. Los y las estudiantes querían continuar y yo también, así que aproveché el receso para pedirle “prestada” la hora siguiente a la profe de otra materia. Al momento de reanudar la sesión, fue necesario recuperar el “orden” y alguien se percató de que, en realidad, ellos habían sido mucho más ordenados que “les diputades” de la realidad. “Si, posta, yo los vi, es un quilombo.” confirmó una estudiante.

“(...) Los que están en contra piensan que estamos matando un bebé, pero no. Como dijo Alberto Kornblihtt, un embrión no es lo mismo que un ser humano o sea un embrión o un feto no son seres humanos (...)” leyó la diputada C., haciendo uso de una de las estrategias argumentativas que en clase había propuesto: la cita de autoridad. Más adelante agregó “(...) si se va a hacer un aborto y le queda una conciencia se puede preguntar ¿por qué? ¿qué hice? Y se preguntará que iba a pasar si no se hacía el aborto, puede que ella se arrepienta o se sienta bien por abortar.”
La diputada R. tomó la palabra y dijo “Para empezar quiero decirles a todos ustedes que con el tema de que el aborto sea ley estoy indecisa. Por una parte, estoy a favor, porque hay muchas mujeres que mueren a causa del aborto. (…)
En los casos de violaciones cada joven tiene la decisión y el derecho a decidir (...) También por la igualdad entre una joven que tenga la plata suficiente para hacerse un aborto y se lo haga en un lugar seguro. En cambio una joven que apenas le alcance el dinero (...)”

Como contrapunto y dándole la voz a un argumento que escuché mucho estas semanas por parte de estudiantes convencidos y convencidas de que “sabés como cuidarte” y sino, “lo podés averiguar”, la diputada R. dijo: “En algunos casos estoy en contra porque habiendo anticonceptivos para cuidarse no la utilizan hasta que llegada la noticia de que esperan un bebé, sabemos que ya es tarde para que se arrepientan, ellos deciden abortarlo, ¿por qué? Si el bebé no tiene la culpa de nada.” Finalmente, luego de despacharse indignada contra la diputada Regidor Belledone que, según la diputada R, “hizo muy mal al comparar a las mujeres con perros”, emitió su voto a favor bajo el lema “Cada mujer tiene derecho a decidir”.

“Yo estoy en contra del aborto por una parte y por otra a favor. En casos de violaciones estoy a favor. Después, todo en contra porque las cosas son así, sino tenés pensado embarazarte, ¡cuidate!.” leyó la diputada V. que votó negativo el proyecto de Ley.

Los motivos que puedan llevar a las mujeres a decidir abortar fue un punto que pisó fuerte entre las preocupaciones de les estudiantes. La insistencia por parte de algunes en distinguir los casos de violación o riesgo de vida del “resto”, pone en evidencia una lógica punitiva de castigar el “descuido” que, en el fondo, leo yo, es un castigo al placer. Durante este mes no faltó el famoso “Si te gusto coger y no te cuidaste, jodete”, como si el sexo fuese pecado y, aún peor, naturalizando que las mujeres vivamos la sexualidad disociada del placer.

“Nosotros desde el lado de los hombres, estamos a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. Desde mi punto de vista creo que cada mujer tiene el derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo. No importa que una mujer sea religiosa y que la iglesia influya en su decisión o esta misma sentirse oprimida por decir. No, que digo, sentir que está matando a alguien. Al ser yo católico estoy a favor de que se apruebe para que dejen de morir mujeres que hasta 2016 eran alrededor de 9176 que murieron en condiciones clandestinas. (...)” escribió el diputado E. que, cuando le tocó su turno, prefirió defender el derecho a decidir de las mujeres con las palabras que le salieron, en lugar de leer.

La diputada A. entre las siete carillas que escribió para su discurso nos compartió un testimonió que encontró llamado “Ayer aborté” y del que concluyó: “Esto es un claro ejemplo de que por miedo a lo que les pasé, deciden no acudir a un buen hospital y ahorrarse tanto sufrimiento.”

Cuando llegó el turno de E., la diputada ya no daba más de ansiedad. Ocho carillas había escrito y llevaba mucho tiempo esperando compartirlas. La primera parte de su discurso la dedicó a refutar los argumentos de los opositores. Se apoyó en argumentos biológicos para rebatir la idea del asesinato, explicó uno a uno los riesgos que existen en cada método anticonceptivo, recordaron que la mayoría de las personas no accede a una “Educación Sexual para Decidir”, denunció como, a pesar de la legislación actual, no se garantiza el aborto en casos de violación y reflexionó sobre la hipocresía de la sociedad que “te manda a dar en adopción” pero luego abandona a su suerte a miles de niños en situación de pobreza. Compartió cifras, testimonios, criticó a la Vicepresidenta de la Nación y a la campaña de los “pro-vida”.

“Si no sentís que el aborto esté bien porque tenés ciertas ideologías contra ello, se cual sea, no hay ningún problema, que intentes imponer tus ideologías en un asunto puramente de salud pública no es lo correcto, nadie te obliga a abortar.

Un embarazo no es responsabilidad de una sola persona. Además, no somos seres que usen el sexo con fines sólo reproductivos. Un espermatozoide también podría llegar a ser una persona y no te veo muy en contra de la masturbación ni de los métodos anticonceptivos. (...)”

“Quiero darle la culpa al Artículo 2 de la Constitución Nacional que dice que el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano, sabiendo que en este país hay más religiones o no hay. La iglesia se opuso a muchos derechos a lo largo de la historia argentina (...)”

Para cerrar, la diputada E. hizo eco de una frase propia del movimiento de mujeres: “Ni puta por coger, ni madre por deber, ni presa por abortar, ni muerta por intentar. Educación Sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.”

La diputada B. ni miró su hoja, habló con soltura y convicción durante varios minutos. Se distinguió cuestionando por qué a las mujeres que tienen abortos espontáneos se las maltrata en los hospitales. Habló de las posibles situaciones que pueden llevar a las mujeres a realizarse un aborto e hizo mucho hincapié en las chicas que quieren seguir estudiando. Finalmente, nos recordó algo que sin duda no debemos olvidar: "el aborto tiene media sanción porque salimos a la calle a reclamar".

Por mayoría de votos, el aborto en segundo año ya tenía media sanción.
Ahora, vamos por el Senado #QueSeaLey. El 8A nos vemos en las calles.”







Temas relacionados

Campaña Nacional por el Derecho al Aborto   /    Educación pública   /    Aborto legal, seguro y gratuito   /    Docentes   /    Educación   /    Sociedad

Comentarios

DEJAR COMENTARIO