Política México

OPINIÓN

Una -ex primera- dama en apuros

En el contexto de una campaña electoral por la presidencia, donde el candidato puntero le lleva de ventaja más de 16.5 puntos en las preferencias al candidato panista, y 34.7 al candidato del PRI, la primera candidatura que renuncia a la contienda electoral es la de Margarita Zavala.

Viernes 18 de mayo | 14:17

La esposa del ex presidente panista Felipe Calderón, que iba en el quinto lugar con un porcentaje de 3.7 puntos en relación al puntero, anunció que renunciaba por “congruencia” y “honestidad”, y que no declinaba a favor de ningún candidato en específico.

Nada más falso en esta afirmación. Más allá de la justeza de la denuncia de la desigualdad que existe para las candidaturas independientes, su renuncia obedece al estrepitoso fracaso de la campaña que estaba realizando, donde la desmoralización que existía entre sus simpatizantes los llevó a empezar a preferir otras opciones.

Según los últimos datos de la encuesta Mitofsky, AMLO tiene el 44.5% de las preferencias electorales; le sigue Anaya con un 28%, y Meade con 9.8%. Mientras, los candidatos independientes Jaime Rodríguez y Margarita Zavala van en cuarto y quinto lugar con 4% y 3.7%, respectivamente.

No era que el barco se hundía, sino que la tablita que quedaba en el mar, también empezaba a hacer agua.

Margarita Zavala entró a la campaña electoral sabiendo desde un principio que, al renunciar al PAN -porque no la postuló como su candidata-, perdía el apoyo de la gran estructura electoral nacional del partido blanquiazul, así como las millonarias partidas que el INE designa a los partidos con registro.

Es decir que no tenía ninguna posibilidad de superar al candidato del partido en el que militó 30 años. Pero rompió con la dirección de Ricardo Anaya en defensa del proyecto político personal que representa su esposo Felipe Calderón, grupo del cual ella forma parte.

El plan era que Calderón se quedara en el PAN para combatir y menguar la candidatura de Ricardo Anaya y ganar adeptos para Margarita, que aparecería como la exponente del panismo ortodoxo y principista, alternativo al del “traidor “Anaya”.

Pero tanto “anayistas” como “calderonistas”, hace tiempo dejaron atrás los postulados de oposición al PRI levantados por los conservadores fundadores del PAN, Manuel Gómez Morín y Luis Calderón Vega (este último, padre de Felipe Calderón), para pactar acuerdos con los gobiernos del PRI a cambio de importantes concesiones políticas y materiales.

Calderón, anteriormente había pactado con el PRI el apoyo a su presidencia ilegítima, producto del fraude contra López Obrador en el 2006. Por su parte, Anaya fue firmante del Pacto por México que junto con el PRD, posibilitó las reaccionarias las reformas estructurales que impulsó Peña Nieto.

Es decir, no hubo en la ruptura de la Zavala, ninguna cuestión de principios.

Por lo que la ruptura de la Zavala fue más una decisión de cálculo político, decisión que tuvo mucho que ver con Calderón, cuyo grupo político fue perdiendo mucho peso dentro del Consejo Nacional del PAN. Al grado que Margarita –en su calidad de exprimera dama– ni siquiera pudo ser aceptada como candidata a una diputación federal para las elecciones del 2017.

Rápidamente, los analistas de derecha salieron a reconocer la “valentía” y la “honradez” de Margarita, tratando de ocultar las verdaderas causas de la debacle de la ex panista.

Incluso, algunos como Sergio Sarmiento (Reforma, 17-05-18) dan a entender que casi fue forzada a renunciar, dada la inequidad de la ley lectoral que afecta a los candidatos independientes, pues ahora serán “cuatro varones” los que contenderán por la presidencia

Entre el lastre de Felipe y la presión de los empresarios.

El solo hecho de haber sido “primera dama” en el gobierno de Felipe Calderón, era ya una pesada carga para la imagen de Margarita Zavala en su campaña. Su esposo inició la militarización del país bajo el pretexto de la “guerra contra el narco”, con la cauda de miles de asesinados y desaparecidos; además de abierta la corrupción y enriquecimiento de los panistas.

Pero como cuadro dirigente del panismo –fue diputada federal plurinominal y miembro del Consejo Político del PAN–, Zavala no fue ajena a las decisiones de su esposo, No es como afirma falsamente Sergio Sarmiento, que Margarita se dedicó a ser “ama de casa” y al cuidado de sus hijos (mientras al país lo inundaba la barbarie iniciada por su esposo, el presidente la República). Ella era parte de la dirección nacional de su partido y compartió mucha la visión política de su esposo.

Además, sumado al lastre que significaba el sexenio de su esposo, ya en campaña, no sólo no se deslindó de la estrategia de militarización de Calderón, sino que la avaló diciendo que ella garantizaría la seguridad a través del Ejército y más policía.

El que los empresarios empezaran a retirarle su apoyo al ver el desastre en que se convertía su campaña, le enfrentó con una realidad que no esperaba ver. Varios analistas afirman que los empresarios le pidieron que declinara a favor de Ricardo Anaya. Cosa inaceptable en la cabeza de Felipe Calderón y en los rencores que ella misma muestra contra su rival panista.

Orientar gran parte de su campaña a golpear la imagen de Anaya -mientras que Felipe Calderón fue impotente para debilitar desde adentro al candidato del PAN-, fue una estrategia que la aisló, y que tampoco sirvió de mucho al PRI, que también orientó su campaña a debilitar al queretano.
De esta manera, sin desearlo, contribuía a que subieran los bonos de López Obrador.

Esta renuncia, que en los hechos es una derrota para los planes de Felipe Calderón, obliga a Margarita Zavala a pensar en cómo combatir más adelante al hoy candidato del PAN, mismo que si pierde las elecciones, quedaría debilitado y entonces el calderonismo pasaría a la ofensiva, aprovechando el “capital moral” que significaría la renuncia “honrosa” de Margarita.

En este sentido, la renuncia puede convertirse en un repliegue táctico que busque posicionarse para agrupar a los sectores panistas que se sintieran afectados, tanto por la ambiciosa conducción política de Anaya como presidente del partido, como por no haberlos llevado a recuperar las mieles del poder presidencial.






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