Internacional

HUELGA MASIVA EN REFINERÍAS Y PUERTOS

Una dinámica huelguística a lo 1995, con los refineros en la avanzada

1995 fue la gran acción de la clase obrera francesa que hizo retroceder a un gobierno de derecha. El movimiento actual, el primero masivo contra un gobierno de “izquierda”, con la entrada de los refineros en huelga, comienza a parecerse.

Juan Chingo

Comité de redacción de Révolution Permanente

Jueves 26 de mayo | 09:33

En 1995 fueron los ferroviarios y el conjunto del transporte de pasajeros los que estuvieron a la avanzada de la huelga que también abarcó a La Poste, France Télécom, la empresa de electricidad EDF-GDF, los profesores, el sector de la salud, el ministerio de finanzas, etc. A diferencia de esos años, donde la clave estuvo en el sector público, ya sea de la administración como de las empresas, este año son los refineros que han logrado la paralización de las ocho centrales en Francia los que están a la punta y contagiando su determinación a otros sectores del privado, en especial los trabajadores portuarios y marítimos.

Por su parte, estas acciones se combinan con huelgas semanales de dos días de los ferroviarios y en algunas terminales de toda la semana y ya se anuncia que en junio entraran en la danza el transporte público y tres días de paro de la aviación civil.

También al igual que en 1995, donde la CGT -a pesar de que surgieron en algunas ciudades como Rouen o barrios de Paris tentativas más o menos importantes de coordinación- jugó un rol protagónico con Bernard Thibaut a la cabeza frente al fantasma de que se repitieran y generalizaran los ejemplos de la coordinación ferroviaria de 1986 o la coordinadora de las enfermeras de 1988, el endurecimiento de Philipe Martinez (su secretario general) pesa fuertemente para evitar que por ahora se desarrollen ese tipo de cuadros de autoorganización como habían sido el caso con las Interpro en la lucha de 2010, a pesar mismo en ese año de su carácter embrionario tomado de conjunto.

También al igual que aquellos años la CFDT rompió el frente único de las organizaciones sindicales y jugó su rol abierto en sabotear la huelga, como ahora es el caso de su secretario general, Laurent Berger. Los estudiantes, por su parte, también habían picado en punta para bajar su rol activo en el momento que se afirmaba el movimiento huelguístico. Una diferencia importante es que al abarcar a los sectores públicos las manifestaciones eran más masivas que hasta ahora con el movimiento actual, que tiene uno de sus límites en la falta de presencia masiva en las calles de estos sectores a los que Hollande les dió una concesión salarial con este propósito desmovilizador. Tampoco en relación a la masividad los estudiantes lograron previamente una dinámica como en el CPE de 2006, mismo si la determinación de la vanguardia que se movilizó con enorme coraje frente a la represión sistemática de los CRS y otros cuerpos policiales (no hubo una marcha donde no había gases, bales de goma, heridos, presos, etc.) fue un elemento clave en deslegitimar de forma creciente a los cuerpos represivos del Estado imperialista.

La otra diferencia es el surgimiento de Nuit Debout que expresa y a la vez ayuda al proceso de radicalización política (muy atrás aún con respecto al 68) abriendo una brecha en el muro ideológico (TINA) de la burguesía y sus acólitos; aunque como útil para la acción no logra ser un centro de gravedad por sus defectos de horizontalismo asambleario, como ahora de forma potente están poniendo por la positiva de manifiesto las huelgas y el peligro de falta de combustible de la acción de los refineros. Dicho sea de paso, estas acciones también son una desmentida a la estrategia de acciones minoritarias radicales contra la policía de los movimientos autónomos opuestos a toda organización, coordinación y decisión democrática de los que luchan.

Una vez más los refineros, como fue el caso en 2010 o antes con la huelga de Total de 2009, son claramente la vanguardia de la clase obrera francesa con El Havre, con su combinación de principal puerto de Francia y sede de muchas empresas petroleras y otras industrias importantes, como capital nacional de la huelga. No por casualidad, su CEO amenazó este martes con revisar sus planes de producción en Francia que, aunque es un chantaje a la huelga en curso podría ser un plan estratégico para la patronal francesa para destruir a este sector vital del proletariado francés. O, dicho de otra manera, si el thatcherismo francés se quiere afirmar deberá derrotar históricamente a los refineros como Thatcher lo hizo con los mineros. ¡Pero aún mucha agua (y posiblemente sangre) debe correr!

Sin embargo, la gran diferencia con 1995 es que, como consecuencia de la crisis mundial y europea, la determinación de la burguesía es otra: ya lo vimos con Sarkozy que en 2010 logró hacer pasar la reforma de las jubilaciones a pesar de los millones (varias veces 3 millones) en la calle y la dinámica a la generalización de la huelga con los refineros a la vanguardia, detenida por la política de las direcciones sindicales que dieron el plafón político para la requisición de las refinerías de Grandpuits (cerca de París) y Donges (en la cuenca de Nantes) y la subsecuente derrota del movimiento.

A diferencia del fin de quinquenato sarkozista, Hollande está mucho más desgastado que Sarkozy y la pérdida de autoridad del Ejecutivo es inédito en la V República, mismo con estado de emergencia lo que la hace más patética (y permite los ataques de la derecha y la extrema derecha por desgobierno). Pero contar más de la cuenta con éste elemento y la presión de los importantes y estratégicos sectores que están en huelga puede no alcanzar para doblegar al gobierno. Para ganar hay que generalizar la huelga al conjunto del movimiento obrero como las automotrices (el sector aun de mayor cantidad de obreros) y la central filial aeronáutica (el sector de producción más dinámico de la economía francesa), a la vez que socialmente a los sectores más explotados y con más reservas de odio de clase y energía de nuestra clase, como son las capas más precarizadas del proletariado así como a los sectores más pauperizados como los desocupados y los jóvenes de la banlieue.

La CGT, que se ha convertido de hecho en la oposición de izquierda al gobierno de Hollande, debería levantar un plan obrero a la crisis que partiendo del retiro total de la reforma laboral dé solución a la situación de los sectores más postergados de manera de saldar la unidad de las filas obreras y de ésta con los sectores populares (pequeño comercio, taxistas, campesinos arruinados, etc.).

Es fundamental que en las asambleas los sectores movilizados empiecen a exigir un programa de este tipo, a la vez de dotarse de comités de huelga amplios con sindicalizados y no, e intentando ganar para la huelga a la base de los sindicatos colaboracionistas, a la vez que dotarse de forma cada vez más fundamental con piquetes de autodefensa frente al salto en la represión que se va a acrecentar sobre los sectores huelguistas más determinados.




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