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Una convulsionada transición presidencial en Estados Unidos

En su discurso de despedida Barack Obama alertó sobre una mayor polarización si el futuro presidente no modera su política. Trump mantiene su discurso proteccionista y reafirma sus medidas racistas.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 12 de enero | Edición del día

Pocos días faltan para finalizar la transición presidencial en Estados Unidos y como hace tiempo no se veía, la misma se ha transformado en una muestra más de la incertidumbre y preocupación del establishment político estadounidense y mundial ante la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Luego del esperado discurso de despedida del presidente Barack Obama en la noche del pasado martes, el electo mandatario estadounidense, Donald Trump, brindó una conferencia de prensa sin grandes anuncios novedosos sobre el futuro de su gestión pero reafirmando su discurso, en especial, sobre el tema migratorio y el empleo.

En su último discurso como presidente, Barack Obama buscó más que revindicar la gestión de sus dos mandatos, alertar sobre el futuro de Estados Unidos. La alerta apunta a que si el triunfo de Trump es el comienzo de un cambio de rumbo de la política norteamericana, es también la expresión de una creciente contradicción entre los intereses de franjas hegemónicas del capital y su establishment político y distintos sectores sociales que han sido los perdedores después de décadas de globalización. Esta tendencia se expresó en el triunfo del Brexit en Inglaterra y en el ascenso de la extrema derecha europea. En EE.UU. la campaña y elección de Trump ha sido expresión de una salida por derecha a las demandas de estos sectores, con su discurso proteccionista y nacionalista. Pero también lo fue la campaña de Bernie Sanders que, con un discurso de izquierda, logró expresar una alternativa para estos sectores que terminó diluyéndose al haber entrado a la interna del Partido Demócrata y terminar apoyando a Hillary Clinton como candidata.

Consciente de que estas tendencias han llevado al inesperado triunfo de Trump y su discurso de mayor proteccionismo y nacionalismo de derecha, Obama se ha sumado al intento de la mayoría de la elite política de Washington por moderar y disciplinar al futuro presidente estadounidense. Pero Trump, por ahora, no ha dado muestras de un cambio en su discurso y propuestas, por el contrario ha mantenido una “guerra” de declaraciones centradas en el caso de los cyberataques de hacker rusos.

Senadores, espías y el intento por moderar al futuro presidente

En la conferencia de prensa brindada este miércoles el electo presidente, Donald Trump, volvió a referirse sobre el caso de los cyberataques por parte de hackers rusos, durante las elecciones estadounidenses, que lo habrían beneficiado. Y si en este caso Trump dijo que Rusia “podría haber” estado detrás de los ataques informáticos, no desaprovechó la oportunidad para volver a cargar contra quienes, según él, han montado una “casa de brujas” para debilitarlo.

El caso se ha transformado en uno de los temas centrales de la transición presidencial. Acusaciones cruzadas, informes y pedidos de sanciones contra Rusia por parte de congresistas y filtraciones de documentos de inteligencia. Lo que aparece como una trama de una novela de espías es el trasfondo de una disputa entre sectores del establishment político y el nuevo presidente por definir las líneas de la política del gobierno de Estados Unidos.

Claramente la preocupación de demócratas y republicanos no tiene que ver con una defensa de la "soberanía" en general, la que no tienen ningún problema en violar sistemáticamente cuando se trata de otros países. Tampoco les preocupa la acción de los hackers, en especial cuando Estados Unidos es el principal hacker a nivel mundial recopilando datos de millones de personas, organizaciones, empresas y gobiernos alrededor del mundo (y por supuesto de los propios ciudadanos estadounidenses).

Para lograr algún tipo de condicionamiento a la política de Trump han utilizado las investigaciones sobre hackeo ruso, llegando hasta el propio Putin, y exponiendo el accionar de los servicios de inteligencia estadounidenses. Al mismo tiempo han dejado expuesta la vulnerabilidad estadounidense, mostrando que la gran potencia imperial puede ser atacada llegando al punto de poner en peligro el resultado de una elección.

La expulsión de funcionarios rusos en Estados Unidos, las sanciones contra Rusia y otras medidas, han recalentando el clima político antes de la asunción de Trump, sin que el efecto buscado, intentar marcar los límites en los principales temas sensibles del gobierno, haya tenido efecto.

El muro, el proteccionismo y las principales potencias preparándose para cambios geopolíticos

Trump volvió a reafirmar, en la conferencia de prensa, buena parte de su discurso proteccionista y aseguró que el muro en la frontera con México se construirá y serán los mexicanos quienes lo financiarán. Pero si estas declaraciones confirman las amenazas expresadas por el futuro presidente durante la semana, en especial contra las principales empresas de la industria automotriz, una parte de sus respuestas pareció estar dirigida a confrontar el discurso realizado por Obama la noche anterior.

Barack Obama afirmó que EE.UU. se debe mantener "vigilante pero no asustado" en la esfera mundial. "Rivales como Rusia o China no pueden superar nuestra influencia en todo el mundo, a no ser que renunciemos a lo que defendemos, y nos convirtamos en otro país grande que abusa de sus vecinos más pequeños" agregó, en una clara referencia a los dichos sobre la política exterior que Trump pretende imprimir a su gestión.

Trump, casi como una respuesta directa al discurso de Obama, afirmó que “Rusia y China respetarán mucho más a este país conmigo de presidente” en una muestra de que busca mantener su discurso de que Estados Unidos necesita recuperar su fortaleza, perdida en los últimos años, lo que implicaría un cambio en la política exterior del país.

Pero si aún no está claro cuánto podrá aplicar y cuánto quedará en pura retórica, los indicios y movimientos de Trump han sido suficientes para provocar preocupación y cambios en zonas del planeta.

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Uno de los países más afectados ha sido México que ante cada declaración del futuro mandatario estadounidense ve cómo la base de su economía, asentada durante años en el TLC y la apertura al saqueo imperialista, se vuelve cada vez más débil. Pero el llamado “efecto Trump” no termina ahí. China ve con preocupación los gestos del futuro mandatario estadounidense hacia Taiwan y por esa vía hacia su zona de influencia en Asia. La simpatía de Trump con Putin le ha servido al mandatario ruso para adelantarse y afianzar su apoyo al gobierno sirio de Al Assad que, a fuerza de bombardeos y masacres, avanzó sobre Alepo buscando cambiar la relación de fuerzas en la guerra de esa región de Medio Oriente.

En conclusión, si la transición presidencial estadounidense no ha permitido aclarar el panorama de cuáles serán finalmente las líneas fundamentales del futuro gobierno de Trump, lo que ha dejado claro es que el próximo periodo traerá mayores polarizaciones y convulsiones, como ha comenzado a verse.
Es necesario, entonces, prepararse para las respuestas que puedan generar las políticas derechistas de Trump, para intervenir en los procesos progresivos que haya con una clara orientación de clase, anticapitalista y antiimperialista.






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