Economía

Un vaciamiento (anti)nacional

Si “Patria o Buitres” fuera el título de una obra teatral, sería un sainete.

Pablo Rieznik

Pablo Rieznik es docente de la UBA y dirigente del Partido Obrero

Jueves 25 de septiembre de 2014 | Edición del día

Entre el 2008 y el 2013 la fuga de capitales registrada sumó casi 80 mil millones de dólares. Es la suma del pago de intereses y remisión de lucros y dividendos, según registra el INDEC. Es un monto colosal (¡400 millones de jubilaciones mínimas!). El país ha sido vaciado así de divisas con “autorización oficial” y en una magnitud sin precedentes. Un vaciamiento, además, del cual participó generosamente la burguesía criolla. La que los Kirchner dijeron venir a reconstruir. Es lo que revela otra estadística del INDEC: la guita de los “residentes” en el exterior creció en el mismo período en 70.000 millones de dólares. Si esto es “reconstrucción” es la de una clase de parásitos.

El vaciamiento de divisas ha sido una suerte de causa (anti)nacional para este régimen por la sencilla razón de que en ningún otro período de la historia ingresaron tantos dólares al país. Desde principios de la década pasada, las exportaciones superaron a las importaciones por un total de más de 150.000 millones de dólares, una cantidad que multiplica por casi diez veces lo logrado en el mejor período de alguna década pasada. Es una “torta” fenomenal que dio por tierra con la tesis histórica de los economistas “heterodoxos”, a la Kicillof, de que el atraso nacional se recreaba una y otra vez por la carencia de divisas, la llamada “restricción externa”. Entre el pago de la deuda y la garantía a la exportación de ganancias del “capital concentrado”, el gobierno de los Kirchner logró la proeza de hacer desaparecer un tesoro mil millonario de dólares. En lugar de contribuir al despliegue de la fuerza productiva de la nación el “modelo nacional” ha contribuido más bien a su desintegración. “Honrar” los “compromisos” del endeudamiento usurario y la fuga de capitales es lo que el gobierno lo entiende como un ejercicio de “soberanía”. Es la “patria pagadora”.

La rapiña sin igual de dólares es por supuesto inseparable del panorama explosivo de la economía argentina, que se debate en la bancarrota. El precio del dólar tiene que subir del mismo modo que subiría el precio del tomate si se permite que el fruto desaparezca en masa de ferias y verdulerías. Si la oferta escasea el precio se dispara y si escasea mucho mucho, sube mucho mucho. El gobierno ha creado las condiciones de una mega-devaluación que es, además, lo que está en marcha con la disparada del dólar y lo que reclama el gran capital por la vía de sus representantes “opositores” (Unen, Pro, Masa).

Un dólar “caro” desvaloriza los salarios y el gasto público en pesos. Consecuencia de una fuga homérica de capital, la desvalorización del peso es, por supuesto, un regalo para los monopolios exportadores como para los “inversores” a la caza de activos argentinos baratos. Las importaciones “encarecidas” protegerían al empresario dedicado a abastecer al mercado interno. La cuenta la pagaría el pueblo trabajador. Algo que conocemos bien porque así se armó la “salida” al hundimiento terminal de la economía en el 2001. En el medio la crisis se llevó puesto a los gobiernos de Menem y De La Rúa. El gobierno no le teme tanto a la devaluación como al “estallido”, un temor que comparte con sus “opositores” del campo capitalista.
El famoso “cepo” para raspar el fondo del tacho en la procura los billetes verdes que se dejaron ir sanciona lo que el gobierno permitió hacer. Pero además no es un cepo sino un colador: a los grandes capitalistas el gobierno les permite seguir fugando dólares vendiéndole “bonos” que se pagarán en la moneda norteamericana y que esos capitalistas pueden vender a su vez a cambio de billetes yanquis. Buena parte de esos “bonos” salen del Anses que remata así sus propias reservas en beneficio de los “grupos concentrados”. Más fuga de capital, más presión para devaluar.

El gobierno como el capitalismo no puede procesar sus contradicciones sino por medio de crisis, anarquía y desorganización económica recurrente…y de ganancias extraordinarias. El gobierno le garantiza a los bancos intereses enormes para que no vuelquen fondos a la demanda “recaliente” del dólar. “Estamos haciendo un excelente negocio…pagando 12% o 18% por los pesos que el Central nos toma al 27%...Es una bicicleta fantástica”, acaba de declarar un banquero a la prensa el sábado 20 pasado. En la Bolsa los diarios de finanzas hablan de enormes beneficios con el “festival de bonos” dolarizados que coloca el Banco Nación para también bajar la presión sobre la moneda norteamericana. Mientras de palabra los Kicillof despotrican contra el neoliberalismo, la política económica práctica hace las delicias del capital…neolilberal.

Si “Patria o Buitres” fuera el título de una obra teatral, sería un sainete. En la escena ahora, al momento de cerrar esta nota, Cristina anda a los besos con un buitre mayor (George Soros) promoviendo una ley de entrega del petróleo y el gas nacional que sería aprobada en los próximos días. Habilita una explotación recontramillonaria de las grandes reservas de combustible a los grandes pulpos capitalistas, entre los que se encuentran otros buitres: los que litigan contra el gobierno en el juzgado de don Griesa pero también tienen acciones en...la YPF reprivatizada. En el sainete, dice el diccionario, se representa algo que es al mismo tiempo “popular, grotesco y ridículo”. Un gobierno “nacional” agónico se ha transformado en peón de las disputas y compromisos del capital financiero que opera en las grandes ligas del mercado especulativo mundial. Veremos cómo sigue.







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