Cultura

DIA DE LA BANDERA

Un ritual patriótico en la escuela: la jura a la bandera

Año tras año miles de estudiantes de la escuela primaria prometen a la bandera como símbolo de la patria. Una práctica que se mantiene desde 1909. El “Día de la Bandera” fue institucionalizado por la primera dictadura argentina.

Sábado 20 de junio | 00:00

Fotomontaje: Florencia Martínez

Este año, en tiempos de Covid 19, no habrá grandes despliegues como ocurre todos los años, cuando cada 20 de junio, más de 750 mil estudiantes de las escuelas primarias prometen a la bandera, en un ritual escolar, cuya expresión máxima se registra en el monumento a la bandera en la ciudad de Rosario. Un ritual en el que participan, además de las escuelas, sectores políticos, eclesiásticos y militares.

Hoy, a pesar de esto, miles estudiantes harán una “promesa virtual” como gesto de conmemoración a la patria en todo el país. En la provincia de La Rioja prometerán a la bandera 16 estudiantes a los que se les entregaran una medalla, un diploma y un barbijo con la imagen de la bandera. En la provincia de Buenos Aires, 135 estudiantes de cuarto grado, fueron elegidos por sorteo para representar a su distrito para un acto virtual coordinado por el gobernador.

¡Si prometo! La escuela y la patria

En 1903, el entonces llamado Consejo Nacional de Educación (CNE), inicia de manera oficial la rememoración de la figura de Manuel Belgrano, cuando el gobierno nacional inauguró en Buenos Aires su mausoleo. Así estableció, que las escuelas debían dedicar un día a la enseñanza de la vida de Belgrano. Los estudiantes de más edad debían concurrir al mausoleo a depositar flores (Blázquez, 2012). Un tiempo después, en 1909, el CNE estableció una nueva práctica: la “Jura a la Bandera”, que en ese momento se realizaba el día 9 de julio. La organizaba cada Consejo Escolar, cuyas autoridades eran las encargadas de reunir a los y las alumnas de tercer a sexto grado en un único espacio para “el juramento”. Actualmente este ritual escolar está destinado a estudiantes de cuarto grado y se lo llama “Promesa a la Bandera”.

A su vez, en las proximidades del centenario de la Revolución de Mayo, el CNE, instauró el saludo a la bandera, antes de comenzar cada jornada escolar en el patio o en las aulas, entonando alguna marcha patriótica, “Aurora” o el recitado de la “oración a la bandera”. Hoy en día, en las escuelas primarias y secundarias se continúa con este ritual, se forman filas y se iza la bandera ante la mirada de los estudiantes. Luego se la arría, aunque este hecho tiene menor importancia. Según Blázquez, en este tiempo también, se instauran “los abanderados” una práctica utilizada en las escuelas de los Estados Unidos.

Pero como toda efeméride escolar requiere de prácticas activas para mantenerse a lo largo del tiempo. Kriger y Carretero (2010), mencionan tres momentos de ellas: a) el ceremonial, dedicado al culto de los símbolos patrios; b) el discurso por medio del cual se narra un relato histórico con vigencia en el presente y c) el expresivo (puestas escénicas, decoraciones, el canto).

En el caso de la promesa a la bandera, se alude a un “juramento” de lealtad a la bandera como símbolo de la patria y la nación, retomado de las prácticas militares desde hace más de 200 años. La ceremonia consiste en que los y las estudiantes, parados frente a la bandera y ante las palabras de alguna autoridad, griten: ¡Si prometo! defender la bandera como símbolo de la patria y la nación. El discurso escolar apela a los sentimientos patrióticos, a las gestas históricas y al sacrificio de los próceres. En algunos casos, el “acto de lealtad” se complementa con puestas en escenas como el saludo levantando el brazo, con la mano en el corazón, portando banderas o escarapelas.

Durante el gobierno de Irigoyen (1916-1922), al celebrarse los 100 años del fallecimiento de Belgrano, el gobierno radical firmó un decreto referido a la conmemoración en las escuelas, que tuvo como objetivo “propagar e intensificar la educación cívica y patriótica”. El decreto propuso que se enseñe en las escuelas primarias y secundarias, los hechos y lugares por donde actuó Belgrano, y se concurra a sitios, museos o monumentos históricos que rememoren su vida.

En el año 2009, se promulga la Ley 26.481 que establece la “Promesa de lealtad a la bandera” para todas aquellas personas jóvenes y adultas que por distintas razones no pudieron hacerlo con anterioridad en la escuela primaria. Este acto se realizará luego de que lo hayan hecho los estudiantes y las fuerzas militares.

El “Día de la Bandera” como símbolo de la nacionalidad

Sin embargo, el feriado del 20 de junio, fue instituido por la Ley nacional 12.361, votada por el Congreso nacional el 8 de junio de 1938 que lo establece como “Día de la Bandera” en conmemoración al fallecimiento de Belgrano. Desde ese día, el juramento se realizaría en esa fecha.

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Según el Instituto Nacional Belgraniano, la instauración del “Día de la Bandera”, simboliza una gesta patriótica de un grupo de ciudadanos porteños que en 1936 impulsaron el proyecto. Así lo relatan: “estos patriotas, angustiados y asombrados ante los desmanes protagonizados aquél 1° de mayo de 1936, resolvieron, después de un fructífero cambio de opiniones, desagraviar a nuestros símbolos patrios, convocando a la juventud argentina que respondió con entusiasmo al llamado, resolviéndose entregar en nombre de ellos una Bandera Argentina a la Municipalidad porteña para ser izada en las fechas magnas. Con gran entusiasmo patriótico y popular, un luminoso 20 de junio de 1936, se llevó a cabo la tocante ceremonia de la entrega de nuestro augusto pabellón ante la presencia del Presidente de la Nación, ministros, gobernadores de provincias y territorios nacionales, autoridades militares, civiles y eclesiásticas, enarbolándose en el mismo sitio donde lucieran por primera vez nuestros colores patrios en 1812, en la ex Iglesia de San Nicolás de Bari, donde hoy se levanta el Obelisco.”

Había razones. Peña (2014) describe como la combatividad de la clase obrera irradió hacia otras clases explotadas, se produjeron huelgas agrarias, se agitaba el movimiento estudiantil, declarándose abiertamente antiimperialistas denunciando el predominio ingles sobre la economía argentina. El 1º de mayo de 1936 fue una convocatoria histórica. Miles de obreros y estudiantes se enfrentaron a la dictadura, en enero la clase obrera venía de protagonizar una huelga general.

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Esto es muy importante porque fue en ese momento de ascenso de las luchas obreras (donde miles de obreros se enfrentaban a los empresarios y el gobierno) cuando la simbología nacionalista adquirió preponderancia como política oficial. Esta ideología da lugar a la conformación de grupos nacionalistas de derecha como la Legión Cívica Argentina, una organización paraestatal, militar y profundamente antiobrera.

Así durante la década de 1930, el Estado argentino desplegó importantes dispositivos para reforzar la educación patriótica y nacional. Creó museos, monumentos, bustos, publicaciones de manuales escolares, impulsados por la Junta de Historia y Numismática Americana, que luego se transformará en la Academia Nacional de la Historia (1938).

Se impuso así un discurso y una práctica vinculada la visión autoritaria sobre la interpretación del pasado, donde los valores patrióticos estaban depositados en el Ejército al servicio de los principios católicos (de Amézola, 2008). Sin embrago, lejos de defender los intereses nacionales, los gobiernos dictatoriales de Uriburu (1930/32), Justo (1932/38), Ortíz (1938/41) y Castillo (1941/43) representaron a la oligarquía terrateniente y subordinaron a la Argentina como semicolonia del imperialismo británico, cuya expresión de la época fue el pacto “Roca-Runciman” de 1933.

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A fines de la década de 1930, las cuatro fechas más importantes del ritual patriótico ya estaban establecidas en el calendario nacional y en las escuelas: 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio y 17 de agosto. De esta manera, en el contexto de la llamada “década infame”, se fortalecieron los sucesos protagonizados por los próceres “fundadores de la patria”, entre ellos Belgrano.

Estos procesos, contribuyeron a difundir sentimientos de pertenencia a la sociedad nacional por medio de los relatos históricos y la celebración de las efemérides (Ruiz Silva y Carretero, 2010). Estos rituales apelan a instaurar una identidad compartida expresada en el sentimiento de pertenencia a una nación, buscando superar los límites que históricamente diferencian a las clases sociales. De esta manera, se buscó el fortalecimiento de sentimientos nacionales, más allá de la diversidad social y cultural de las escuelas argentinas.

Bibliografía

Blázquez, G. (2012). Los actos escolares. El discurso nacionalizante en la vida escolar. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Carretero, M y M. Kriger. (2010). "Enseñanza de la historia e identidad nacional a través de las efemérides escolares." En Carretero, M. La construcción del conocimiento histórico: enseñanza, narración e identidades. Buenos Aires: Paidós.

De Amezola, G. (2008). Esquizohistoria, La Historia que se enseña en la escuela, la que preocupa a los historiadores y una renovación posible de la historia escolar. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

Peña, M. (2014). Historia del pueblo argentino. Buenos Aires: Emecé.

Ruiz Silva, A. y M. Carretero. (2010). "Ética, narración y aprendizaje de la historia nacional." En Carretero, M. La construcción del conocimiento histórico: enseñanza, narración e identidades. Buenos Aires: Paidós.







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