Política

OPINION

Un relato para la crisis: el discurso de Alberto frente a la pobreza y la pandemia

El presidente construye un discurso frente a la grave crisis social. La situación está en momentos decisivos frente al pico de contagios y el crecimiento de despidos, suspensiones y recortes. Signos de resistencia y de algo nuevo que empieza a surgir.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 28 de mayo | 16:53

“Cada vez que nos hablan del daño de la cuarentena, la cuarentena no es la que hizo el daño, el daño lo hizo la pandemia, que ha paralizado la economía del mundo”.

La frase pertenece a Alberto Fernández, y fue pronunciada este miércoles durante un acto en la planta de la multinacional Toyota, en Zárate.

Jugando a dos bandas, el presidente respondió de esa manera tanto a los empresarios que a pesar de recibir subsidios millonarios presionan por una rápida normalización de la actividad económica, como a los millones que están sufriendo los despidos, las suspensiones y los recortes de salarios.

Hace no tanto tiempo, otro presidente argentino decía que “veníamos bien, pero pasaron cosas”. Salvando las diferencias entre las circunstancias, ambos se excusan de su responsabilidad ante un desastre.

Porque las crisis no tienen un final predeterminado de antemano, al cual haya que resignarse, sino que el mismo depende de la lucha entre clases sociales con intereses contrapuestos.

No está en duda la dificultad de la coyuntura mundial, pero ante ella hay distintas formas de encararla. El daño no lo hace solo la pandemia.

En el caso de Alberto Fernández, tan temprano como en el mes de abril había avisado que su opción era evitar una catástrofe sanitaria por el coronavirus, pero al costo de disparar la curva de pobreza. Concretamente, le había dicho a Jorge Fontevecchia, en una entrevista, que prefería “tener 10 % más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina”. En su momento lo definimos en esta columna como un chantaje.

Respecto de la gestión de la crisis sanitaria, su objetivo se pondrá a prueba en las próximas semanas. No porque vaya a haber 100.000 muertos, cifra que solo se alcanzó en Estados Unidos, con Donald Trump y una población mucho más numerosa. Lo que está frente a nosotros es el tan anunciado pico de contagios que está llegando. Se verá la capacidad de un sistema de salud pública largamente desfinanciado.

Pero no solo en los hospitales: el crecimiento de casos de coronavirus en las villas de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano demuestra que en eso no hay grieta: macrismo y peronismo siguen condenando a una pobreza estructural y a la falta de las más elementales condiciones de vida a millones de personas.

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Las imágenes terribles de las crisis en la Villa 31 o la Villa Azul muestran el desprecio de las clases dominantes por la vida de los sectores populares, y a la militarización como respuesta de Estado. En provincia, el “progresista” Kicillof puso al frente al ex carapintada Sergio Berni. No más preguntas, señor juez.

Foto Sebastián Linero - Enfoque Rojo

En cambio la “preferencia” presidencial respecto del aumento de la pobreza avanza sin pausas. De acuerdo a un informe de la Universidad Católica Argentina publicado esta semana, durante la cuarentena medio millón de personas perdieron su empleo, solamente en el conurbano bonaerense. Una cifra escalofriante, que golpea más duro aún sobre los hogares que ya en 2019 estaban en situación de pobreza. En ellos, el 15,4 % se quedó ya sin trabajo.

Estas cifras demuestran que el relato oficial, que habla de la importancia de proteger el empleo, es pura ficción. Durante ya más de dos meses de cuarentena, el oficialismo ha preferido dejar que esa situación avance antes que buscar otra salida por medio de afectar los intereses de los grandes grupos económicos como los bancos, los terratenientes o las privatizadas, como propuso el Frente de Izquierda en el Congreso Nacional pero fue rechazado por el macrismo y el Frente de Todos. Más aún: durante este tiempo los grandes empresarios siguen recibiendo subsidios millonarios y el Gobierno también pagó 570 millones de dólares de deuda externa en plena emergencia.

Al lado de eso, las ayudas sociales como el Ingreso Familiar de Emergencia son solo migajas para un relato del "estado presente" y, sobre todo un mínimo mecanismo de contención ante el temor de un estallido social.

También son víctimas de esta política los jubilados, que en junio otra vez volverán a cobrar sus haberes con ajustes, recibiendo menos de lo que les correspondería.

No. La crisis no tiene un final predeterminado. El Gobierno tiene su plan y lo lleva adelante.

Su próximo capítulo es terminar de cerrar un acuerdo con los buitres para pagar la deuda pública ilegal, para que continúe el saqueo nacional en lugar de destinar esos recursos a sacar al país del atraso. Después vendrá la hora de renegociar con el FMI y enfrentar sus exigencias de siempre.

El daño no lo hizo solamente la pandemia.

Como dijo el amigo de “Marxismo cultural y choris”, “en realidad este es un gobierno nacional y popular, solo que asintomático”.

Gente que resiste, gente que no

Frente a esta grave situación, la conducción de la CGT tomó una medida contundente: hacer una reunión por Zoom con el FMI este jueves. Parece chiste, pero es verdad.

Sin embargo, hay quienes no esperaron resultados muy promisorios de esa reunión y salieron antes a las calles.

La novedad esta semana vino desde Córdoba y Rosario, ambas provincias gobernadas por importantes referentes del peronismo como Juan Schiaretti y Omar Perotti.

Este miércoles los municipales cordobeses, junto a otras organizaciones, protagonizaron una masiva movilización contra la rebaja de sus salarios y la reforma previsional en la provincia. En la previa de un nuevo aniversario del Cordobazo, se calientan los motores para salir a enfrentar el ajuste.

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El jueves fue el turno de los choferes de colectivos de Rosario. Miles de trabajadores coparon las calles para reclamar el pago total de los salarios, en el marco de un paro muy importante que ya lleva 17 días consecutivos.

Por otro lado, este viernes saldrán nuevamente a las calles los jóvenes trabajadores precarizados, los primeros en ser tratados como material de descarte por parte de los empresarios, pero que han decidido organizarse y ponerse de pie para poner a un freno a esta situación de flexibilización, una herencia menemista y neoliberal que todos los gobiernos mantienen intacta.

A la nueva acción de este viernes se llega con una novedad auspiciosa: Fausto Bonansea, parte de la Red de Precarizadzxs e informales en Rosario, recibió una fallo favorable para ser reincorporado, luego de haber sido despedido de forma ilegal del call center en el que trabajaba.

Por su parte, el movimiento de mujeres, a pesar de las dificultades de la cuarentena, hizo sentir sus reclamos este 28 de mayo, Día Internacional de acción por la salud de las mujeres. Entre ellos, la demanda por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, que a pesar de sus promesas el oficialismo sigue sin tratar en el Congreso Nacional.

La Izquierda Diario Multimedia, un proyecto ante la crisis

La crisis será larga y profunda. Los empresarios ya avisaron que seguirán despidiendo a medida que siga la recesión. El “dólar atrasado” que discuten los economistas del establishment anuncia además una nueva devaluación, que será otro ataque al salario. Después de la negociación con los bonistas, será el turno de renegociar la deuda con el FMI, que pedirá más ajustes y reformas estructurales.

Ante esa situación, las luchas que han comenzado son los primeros signos de resistencia. Pero el camino será largo y habrá que coordinar las peleas y además exigir a los sindicatos y centrales sindicales que se pongan al frente.

Pero además, hace falta un programa alternativo de salida a la crisis. La Izquierda Diario Multimedia, que salió al ruedo oficialmente esta semana, busca redoblar esa pelea. Ser una herramienta de lucha y organización de los explotados y los oprimidos, pero también difundir hasta el último rincón un programa anticapitalista, el del PTS y el Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad.

Son ellos o nosotros. No hay tiempo que perder.







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