Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Un poco de hilo para bordar la confianza

Reproducimos el siguiente testimonio y opinión de una maestra, sobre la atención, cobertura y la ayuda para los damnificados del sismo del 19-S.

Jueves 5 de octubre | 23:42

El pasado 7 de septiembre tembló en las costas istmeñas de Oaxaca, del sismo de esa noche se han registrado más de 5 mil réplicas. Las comunidades como Santa Rosa de Lima, cuna de mujeres bordadoras, que dependen del centro económico de Juchitán, se ha paralizado al desplomarse el centro, el turismo y el acercamiento a los recursos básicos para las personas en la zona de Tehuantepec.

Paralelamente, en la Ciudad de México no pasaron más de 8 horas cuando por medio de redes sociales y mensajes por whatshapp llegó la imagen del perro con bolillo entre las patas. Hicimos mofa del susto de la media noche. El día posterior al sismo donde hubo suspensión de actividades sirvió para saber de nuestros familiares.

12 días después la misma comunidad en cualquier red social, pedía que no hiciéramos de la tragedia una comedia. El 19 de septiembre no vi ningún meme que banalizara el sismo en la ciudad, la preocupación era real ante la situación de emergencia que dejó el reciente movimiento telúrico.

La colonia Roma, Narvarte, la Condesa, del Valle entre otras colonias más antiguas de la ciudad, fueron las que vivieron los estragos del 7.1 que desplomó edificios.

La mirada del desastre del temblor en la zona sur del país en los estados de Oaxaca y Chiapas, que estadísticamente son los más pobres, no despertaron tal preocupación mediática ni por los medios grandes, ni por los medios digitales ni por las autoridades como pasaría en el sismo de la ciudad.

De hecho la importancia de los medios locales de cada estado afectado han sido los encargados de hacer notoria las condiciones en que viven; tan solo Oaxaca lleva más de 5,000 réplicas del sismo y en Puebla han sido enterradas localidades completas que no tienen ni siquiera los accesos mínimos para conocerse como los caminos para su llegada o la energía eléctrica.

Incluso las comunidades cercanas al epicentro del segundo sismo que golpeaba al país, entre Morelos y Puebla, fueron zonas casi olvidadas por preocuparnos por el centro capitalino. Pero incluso en la propia capital se ha podido observar la centralización de la información, lo mismo que los recursos destinados para la recuperación de los espacios dañados. A diferencia de las colonias de la delegación Miguel Hidalgo, Benito Juárez o Xochimilco que representa también la parte rural que poco se conoce de la gran ciudad, no fue la misma cobertura en medios. En la madrugada del día 20 se hizo viral la petición de ayuda a los pueblos de San Gregorio, Tlahuac o Iztapalapa para obtener también ayuda y difusión de lo que ocurría.

Un ejemplo que debemos señalar, es el colegio donde la tragedia tocaba la sensibilidad de los mexicanos por ser niños atrapados entre los escombros, con una cobertura de más de 12 horas por parte de Televisa, sin embargo fue poca o nula la visibilidad del epicentro real en San Juan Pilcaya, en Puebla donde el 85% de las personas duerme entre ruinas.

La mirada centralista es evidente sobre todo cuando la misma desgracia se vive de diferente manera en el país.

La cobertura en los estados de Oaxaca y Chiapas fue disminuyendo por parte de los medios y los destellos reaparecían por los escándalos en redes sociales. La esposa del “Güero, Velasco” aparecía despeinada, pero con ganas de apoyar a la gente. Esa era su información periodística ante la pérdida del único patrimonio que tenían los lugareños de estas zonas.

La diferencia en atención a las comunidades dañadas tiene una explicación por parte de los técnocratas, guardianes de la macroeconomía. Sin contemplar las causas de que estados como Chiapas o Oaxaca sean las entidades con mayores problemas de desigualdad económica; grande es la brecha cuando los comparamos con la Ciudad de México, que para el 2016 fue el principal motor económico del país, pues por sí misma la ciudad aportó una tercera parte del crecimiento nacional, de acuerdo a las estadísticas del INEGI, es decir, aún juntos los estados producen menos que la propia capital.

El epicento del sismo del pasado 19 de septiembre se localizó al sureste de Axociapan, Morelos, que colinda con el estado de Puebla.

Mientras en las noticias locales del estado poblano se reportaban las afectaciones a la capilla de Cholula (reconocido como Pueblo Mágico), de Lomas de Angelópolis y aledaños (zona residencial y comercial), Puebla representa junto con la Ciudad de México y el Estado de México el 25% del PIB en el país. Por su parte Morelos aporta el 1.1 del PIB nacional.

Tal escenario es cuestionable. ¿La preocupación nacional se mide por las capacidades económicas de las zonas, pues entre más afecte a la economía del país, mayor será la preocupación de salvar vidas, de apoyar en la reconstrucción de los lugares y de recuperar su único patrimonio de las personas que fueron afectadas por el sismo?

Las delegaciones, dentro de la misma ciudad, también están limitadas a las aportaciones económicas, por ejemplo la delegación Miguel Hidalgo tuvo 14 derrumbes parciales, tiene una producción per cápita 208 veces mayor que Milpa Alta, delegación aledaña tanto de Xochimilco como de Tlahuac, que tuvieron afectaciones.

En un estudio también las delegaciones Cuahutémoc, Cuajimalpa de Morelos, Benito Juárez, Álvaro Obregón y Coyoacán son las que dejan mayor ingreso al país, que están dentro de las más afectadas por el sismo. Incluso en materia de construcción en el 2016, se considera que los sectores de construcción y comercio eran las más altas en la década. Estas mismas delegaciones en conjunto registraron 25 edificios colapsados por el sismo y 74 registraron derrumbes parciales, es casi paradójico que ese mismo crecimiento en el 2016, represente también una inversión por desastre en el mismo rubro: las construcciones.

En Oaxaca 358 municipios de la región del Istmo se han declarado en zonas de desastre; Puebla reportó 33 municipios que se encuentran alejados de la capital, con daños severos; 33 más en el estado de Morelos.

Todas estas zonas tiene pérdidas financieras con relación a su actividad económica, pero tan graves son los daños para las bordadoras de la zona istmeña o el impacto negativo a la atracción turística en los canales de Xochimilco, como para las plazas comerciales de grandes empresas en las capitales de las entidades afectadas.

Ninguna tragedia es más o menos trágica. Los recursos para la atención de emergencias deben llegar sin restricción y dimensionando las consecuencias de la tragedia, así como la urgencia en el apoyo y reconstrucción de las zonas afectadas.

Los estados pierden sus fuentes de desarrollo; desde las universidades –que en crisis como éstas– despuntan grandes problemas políticos, sociales, culturales y económicos.

La Ciudad de México necesita reactivar su economía, pero los pobladores de comunidades en los estados señalados también necesitan recuperar su único patrimonio: una pequeña casa y su trabajo jornalero en las lejanas tierras de la capital, o conseguir un poco de hilo para bordar la confianza de no perder el apoyo al paso de los días, desvaneciéndose lentamente en el imaginario de que alguna vez se registraron sus nombres en la lista de quien sigue esperando ayuda, porque el desastre no ocurre en una ciudad sino en los miles de damnificados humanos que lo padecen.






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