Géneros y Sexualidades

Un hombre gay en la OTAN no es un avance para las personas LGBTI

La imagen del esposo del primer ministro de Luxemburgo en la Conferencia de la OTAN en Bruselas ha dado la vuelta al mundo calificada de “avance” para el colectivo LGBTI.

Lunes 29 de mayo | 21:03

La fotografía de la noticia es la de Gauthier Destenay, esposo del primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, entre las esposas de los mandatarios invitados a la cumbre de la OTAN que se iniciaba el pasado jueves en Bruselas para tratar los temas de las fricciones de EE.UU. con Rusia, Irán, Corea del Norte, la cuestión del Estado Islámico, la crisis de refugiados y la decisión de desplegar tropas en Polonia y los países bálticos.

La instantánea se viralizaba en las redes definida como “un salto” o “algo histórico” a través en numerosas ocasiones de medios autoidentificados como progresistas y a favor de la diversidad sexual, como Playground o Cromosoma X, que omitían referencia alguna a los derechos de las personas LGBT de los países sometidos por la Alianza o la simple mención de la labor de gendarme imperialista de la OTAN en esa conferencia y desde su creación.

Al mismo tiempo, el comunicado oficial de la Casa Blanca “olvidaba” nombrar a Gauthier Destenay al enumerar a quienes aparecían en la foto, hecho que fue corregido tras recibir críticas en las redes. Sin embargo la noticia no puede limitarse a esta crónica superficial a modo de pinkwashing que ignora las grandes cuestiones de las que la imagen supone una foto fija.

Por una parte, en la imagen de las primeras damas como símbolo de la “mujer florero” en las altas esferas aparecen mujeres que, junto con Hillary Clinton o Ivanka Trump, se consideran iconos de distintos sectores del feminismo liberal, centrado en eliminar los obstáculos que impiden a mujeres de clases privilegiadas subir en los escalafones de gobiernos y empresas, cuya posibilidad de ascender depende en buena medida del enorme grupo que se encarga del servicio doméstico y el cuidado familiar, también muy feminizado, además de muy mal pagado, muy precario y racializado.

Además, el marco en el que se realiza la instantánea es una conferencia en la que la OTAN elogió a Estados Unidos por elevar el presupuesto de la defensa, definiéndola como un ejemplo del “apoyo de Estados Unidos a la defensa colectiva, es no sólo en las palabras sino en los hechos”, en la que además Trump demandó que la OTAN incluya la limitación de la inmigración entre sus tareas, al igual que la lucha contra el terrorismo y la disuasión ante Rusia.

Que la imagen incluya a un hombre gay entre las primeras damas tampoco aporta nada a los derechos el colectivo LGBTI, pese a que sea una consecuencia de los avances logrados a base de lucha, sino un ejercicio de pinkwashing, o utilización de discursos a favor de los derechos LGBTI o bajo el nombre de la defensa de los derechos de a mujer (purplewashing) para justificar políticas reaccionarias que no revierten en ninguna mejora para estos sectores oprimidos.

Esta instrumentalización se utiliza en ocasiones por gobiernos occidentales para tratar de recabar apoyo a sus políticas imperialistas entre la población LGBT, dando lugar a la estrategia racista del homonacionalismo, tal y como sucede en el caso de su utilización por los gobiernos racistas europeos para criminalizar a la población musulmana —y a otras minorías étnicas— mientras mantienen violencias hacia todos estos sectores.

Lo que muestra la imagen es también en parte consecuencia de la deriva de resistencia y conservadurismo en el movimiento LGBTI de las últimas décadas, pasando de predominar una línea de pelea por la transformación de toda la sociedad a la pelea por la creación de espacios reales e institucionales contra la discriminación, cambiando las calles por las oficinas gubernamentales y la crítica a la sociedad patriarcal por las “agendas inclusivas”.

Esta tendencia, profundizada desde los 80 y 90, se conoce bajo el nombre de “capitalismo rosa”, siendo una combinación entre la integración en el estado capitalista de los sectores más conservadores del movimiento LGBTI y la mercantilización de la construcción de identidades LGBTI como una oportunidad de venta, especialmente dirigida hacia hombres, occidentales, blancos, cisgénero y de clase media-alta.

La OTAN y los gobiernos capitalistas no tienen nada que ofrecer a las mujeres y las personas LGBTI salvo desigualdad, imperialismo y masacre, por mucho que digan que quien no se mueva puede salir en la foto. Los derechos para los sectores oprimidos y la clase trabajadora se han conseguido históricamente combatiendo en las calles a la doble cadena del capital y el cisheteropatriarcado, en alianza con el movimiento obrero y con los movimientos antirracistas, antiimperialistas y de emancipación de la mujer, señalando a la sociedad capitalista como culpable de esas diversas opresiones.






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