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Un hipócrita mensaje de Bergoglio a las Madres de Plaza de Mayo

A 41 años de la fundación del organismo de derechos humanos el Papa envió un mensaje de saludo. Pero, cínicamente, no hace otra cosa que reafirmar su complicidad con la dictadura cívico-militar.

Miércoles 2 de mayo | 20:33

En una emisión especial del programa radial “Ahora y Siempre” (Radio Caput, Jorge Bergoglio envió un mensaje a Ana María Careaga, conductora del programa e hija de Esther Ballestrino de Careaga, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo de quien Bergoglio dice haber sido amigo.

El exsuperior de la congregación de los Jesuitas en Argentina durante la dictadura dice recordar cómo en abril de 1977 surgieron las Madres. “Me acuerdo tanto de tu mamá, que trabajó tanto, que fue una luchadora y con ella tantas mujeres que lucharon por la justicia o porque habían perdido a sus hijos o simplemente mujeres madres que viendo el drama de tantos hijos desaparecidos, se juntaron también para luchar por esto”, sostiene el actual Papa.

Esos recuerdos de Bergoglio se contradicen en parte con lo que declaró en 2010 como testigo en la megacausa ESMA, cuando fue consultado por las querellas sobre cuándo había sabido por primera vez de los secuestros de bebés. “Hace poco, hará diez años…”, respondió ante la abogada Myriam Bregman y el abogado Luis Zamora.

En su libro El Jesuita, publicado en 2010, Bergoglio también se encargó de encubrir la colaboración de la Iglesia con el genocidio. “Al principio se sabía poco y nada”, escribió. Ahora, en su mensaje de saludo a las Madres de Plaza de Mayo, Bergoglio deja expuestas las mentiras con las que intenta seguir encubriendo el rol nefasto de la Iglesia como pilar de la dictadura cívico-militar.

Pero Bergoglio no sólo sabía, como el resto de los habitantes de Argentina, de la tenaz búsqueda de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo desde fines de los 70 y principios de los 80. También sabía que familias enteras reclamaban por sus nietas y nietos, sobrinos y sobrinas, hermanas y hermanos durante los mismos años de la dictadura.

Francisco ahora dice recordar de cuando se formaron las Madres de Plaza de Mayo, pero “olvida” que en ese mismo año recibió llamados y pedidos de intervención para recuperar a bebés desaparecidos y, en lugar de comprometerse con la búsqueda, condujo los reclamos desesperados de familiares a la vía muerta de la burocracia eclesiástica-militar. Como con Yorio y Jalics, los curas jesuitas prácticamente entregados por él a los represores, tampoco hizo mucho.

El testimonio de Estela De La Cuadra, entrevistada por este diario, es fundamental para entender el modus operandi de la jerarquía católica (de la que Borgoglio ya era parte en los 70) y sus funcionarios dentro del entramado represivo de la dictadura. Primero, tomar la denuncia de familiares que buscaban a sus seres queridos. Después, ponerse en contacto con militares, policías, penitenciarios y servicios de inteligencia para consultar qué decirle a esas familias. Por último, informar que no tenía sentido seguir buscando a determinada persona desaparecida, o que había que esperar con fe cristiana, o que tal o cual niño o niña ya estaba en manos, “gracias a Dios”, de una buena familia.

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De la Cuadra cuenta que en 1977 ya habían desaparecido a su hermano Roberto José, obrero de YPF, a su hermana Elena, embarazada de cinco meses, y a su marido Héctor, obrero metalúrgico. En ese momento, desde la máxima autoridad de los jesuitas a nivel mundial envían a su familia a hablar con el Provincial de los jesuitas en Argentina, que no era otro que Bergoglio, para que se ocupe del tema.

En una entrevista posterior Bergoglio le dio una carta al padre de Estela, derivándolo a Mario Picchi, el obispo auxiliar de La Plata. Este, a su vez habló con Tabernero, subjefe de la Policía Bonaerense y le transmitió a la familia que el hijo de Elena fue entregado a una “buena familia” y que de la situación de mis hermanos “ni hablar”.

De esa manera, queda en evidencia el rol que jugó el mismo Bergoglio en el engranaje eclesiástico que se encargó de encubrir los secuestros y robo de bebes.

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El actual Papa tuvo una relación estrecha con los genocidas. Una relación que va desde avalar el secuestro de curas de su misma congregación hasta decir “no sé nada” cuando declaró como testigo en causas de lesa humanidad. Pasando por su negativa sistemática a abrir durante años los archivos eclesiásticos cuando fue el máximo jerarca de la Iglesia Católica Argentina.

Pese a la buena voluntad y las consideraciones de quienes hoy ven en Francisco a alguien comprometido con la verdad y la justicia, la memoria dice que aunque pasen los años Bergoglio seguirá siendo un hipócrita.







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