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Un fantasma recorre los teatros montevideanos

“que las cárceles están llenas, y que están llenas de pobres es un hecho, hay cosas que están muy al día, lamentablemente.” Cesar Troncoso

Leonardo Flamia

Periodista Cultural

Viernes 7 de agosto de 2015 | Edición del día

Howard Zinn, escribió Marx en el Soho en 1998, cuando se pretendía haber sepultado definitivamente a Marx. En Montevideo nada menos que Cesar Troncoso es quien encarna al pensador y político alemán, a quien se le ha permitido, luego de una asamblea en el cielo, volver a la tierra por una hora. Marx quería volver al Soho de Londres, nos cuenta, pero un error administrativo lo llevó al Soho de Nueva York, mientras las convenciones teatrales lo han paseado en nuestra ciudad por la sala Verdi, las salas Cero y Atahualpa de El Galpón o La Gringa Teatro. Troncoso le pone el cuerpo a un Marx verborrágico, consciente de su brillantez intelectual, quien dice al comienzo de la obra: “¡Ellos proclaman que mis ideas han muerto! No es nuevo. Esos payasos llevan diciéndolo por más de cien años. ¿No se preguntan por qué es necesario declararme muerto una y otra vez?”. Pero más allá de los aspectos teóricos que plantea la obra, en Marx en el Soho también se rescata la dimensión humana del autor de El Kapital, sobre eso nos contaba Troncoso: “vos escuchás las teorías y te parecen maravillosas, alucinantes, y lo que Zinn dejó en la obra está muy vigente, el recorte que hizo tiene mucha vigencia, tiene sentido planteártelo hoy. Y cuando vos incluís la dimensión humana te das cuenta en qué lugar esta gente pensaba el mundo, en que condiciones de vida lo pensaba, en que condiciones adversas se generó su obra. Y entendés contextos, circunstancias. Cuando estábamos hablando de cómo hacer a Marx, mi pretensión, y en eso coincidía el director, era hacerlo como un tipo calentón, puteador, no lo quería hacer como un tipo iluminado, un tipo que está teorizando y muy mesuradamente se sienta a escribir, porque las discusiones con los adversarios eran con un palo en la mano.”

Es notable como Zinn contextualiza la aparición de ideas clave en el marco del relato que Marx hace de su vida. Tampoco faltan las críticas del autor al “socialismo real”, su Marx hablando con su esposa afirma que tiene miedo de que la revolución obrera la hagan cierto tipo de hombres: “Dogmáticos. Ellos hablarán por el proletariado e interpretarán mis ideas para el mundo. Organizarán un nuevo clero, una nueva jerarquía, con excomuniones y listas, inquisiciones y pelotones de ejecución”.
En un paralelismo entre las calles de Londres del siglo XIX y las de Nueva York del siglo XX nuestro personaje afirma: “Viniendo para acá hoy, caminé por las calles de su ciudad llena de basura, respirando aire fétido, pasando por los cuerpos de hombres y mujeres que duermen en la calle, acurrucados por el frío (...) ¿Llaman a eso progreso porque tienen coches y teléfonos y máquinas voladoras? (...) la semana pasada estaba leyendo los informes del Departamento del Trabajo de Estados Unidos. Los trabajadores están produciendo más y más bienes y percibiendo menos y menos salario. ¿Cuál es el resultado? Justo lo que predije. Ahora el uno por ciento más rico de la población estadounidense posee el 40 % de la riqueza de la nación”
Sobre lo que afirma el personaje nos dice el actor: “Los contenidos de esa obra no son coyunturales. La obra tira algunos números y algunas cifras que nosotros no cambiamos para no hacer lío, como que el cuarenta por ciento de los niños en los EE.UU viven en la pobreza, y más allá de que el porcentaje haya variado algo, sigue siendo mucho, porque son niños. Capaz que hay un número que se mueve de lugar, alguna cosa que puntualmente no es tan así como en el 98, pero que las cárceles están llenas, y que están llenas de pobres es un hecho, hay cosas que están muy al día, lamentablemente.”

Ya cerca del final nuestro personaje vuelve sobre el hecho de que el capitalismo crea su sepulturero: “Si, el capitalismo ha creado maravillas sin igual en la Historia, los milagros de la tecnología y la ciencia. Pero está preparando su propia muerte. Su voraz apetito por el beneficio -¡más, más, más!- crea un mundo de caos. Todo lo convierte en mercancías para ser compradas y vendidas: arte, literatura, música, belleza incluso. Transforma al ser humano en mercancía. No sólo al trabajador de la fábrica, sino al médico, al científico, al abogado, al poeta, al artista: todos deben venderse para sobrevivir. ¿Y que pasará cuando toda esa gente se dé cuenta de que son todos trabajadores, que tienen un enemigo común?”
Las ideas de Marx y de Zinn se entremezclan y aparecen naturalmente en una obra de difusión pero que también es muy divertida. Tocci y Troncoso logran que el espectáculo viva, que ese Marx jamás aparezca como un dogmático sino como una persona dedicada a estudiar su realidad, y a intentar transformarla.

Marx in Soho. Autor: Howard Zinn. Dirección: Juan Tocci. Actúa: César Troncoso.




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