Mundo Obrero

MUNDO OBRERO

“Un día de estos, nos verán sonriendo”

Crónica de una de las más emblemáticas luchas de los trabajadores de la alimentación, desde la mañana donde el Gobierno reprimió salvajemente desalojando a quienes defendieron sus puestos de trabajo.

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Martes 28 de noviembre | 23:07

La fotografía muestra el techo húmedo, las nubes reflejadas en la membrana, ellos de espalda, de pie, con sus mamelucos de laburo, el uniforme que los distingue en todas partes. Se los ve abrigados. Hacía mucho frío.

Abajo estaba sucediendo la represión más violenta vivida en los últimos tiempos por el movimiento obrero. Hombres y mujeres contra los escudos de los milicos. Habíamos visto por la madrugada, a través de imágenes filmadas, cómo se aprestaban en las inmediaciones las camionetas de la Gendarmería. Muchas. Estábamos expectantes.

Puede que la memoria falle y que olvides algunas escenas, o caras, incluso acciones. Pero la memoria de la piel no falla. Hay algo que aún se te eriza cuando recordás la frase: “Ya vienen, están cerca”.

Ellos arriba de la terraza, sus contradicciones, sus miedos, su extraña alegría por estar en el lugar en el que había que estar, sabiéndose acompañados, apoyados. Todos, con sus nervios, sus razones, su voluntad. Eso quedó en la foto, tomada por una de ellas, de las leonas que enfrentó la represión, que marchó después con las banderas, que prestó su voz para denunciar, para gritar que ella y sus compañeros querían sus puestos de trabajo.

Pasaron muchos meses desde aquella mañana, muchos de los trabajadores despedidos continuaron luchando. Es muy difícil nadar contra la corriente, con un gobierno tanto nacional como provincial, cada vez más antiobrero y popular. Su lugar de organización lo establecieron, tras discutirlo en asambleas, en la Plaza de los dos Congresos, frente al lugar desde donde tenía que haber salido una ley que los amparara, que obligara a los patrones a reabrir la planta o que les dejara poner la fábrica a producir bajo control obrero. Pero la ley no salió, la Justicia se les puso primero a favor y después les pateó en contra. Pero ahí estaba la carpa de Pepsico, para quienes quisieran pasar a conversar con los obreros.

Comenzaron a recibir a trabajadores en conflicto, políticos, músicos, artistas, estudiantes, docentes, gente de distintas disciplinas dispuestos a colaborar con la causa, a apoyar el fondo de lucha.

El movimiento de mujeres tuvo su espacio en la carpa para una reunión donde las trabajadoras tuvimos la palabra para expresarnos, contra la violencia machista, en el plano personal y en el laboral.

La carpa se llenó de fotografías, banderas, ollas, colchones, mates, paquetes de yerba, de fideos, de arroz. Fue la casa de los trabajadores, de todos los trabajadores que necesitaran ese lugar para organizarse.

Fue escenario de festivales, para rodear de solidaridad el conflicto. Los trabajadores de PepsiCo no estaban solos.

A la firme convicción y el objetivo de seguir peleando por sus puestos de trabajo, se sumó el triste caso del asesinato de Santiago Maldonado. Un motivo más para salir a las calles. Y así se hizo, así el mundo vio entre las banderas de la Plaza de Mayo, la bandera de los trabajadores de PepsiCo con la cara de Santiago. Eso vio también su hermano Sergio, que en los últimos días, se acercó a la carpa a charlar con ellos, a abrazarse, porque la lucha los hermana, porque tu lucha es nuestra lucha, se dijeron en el abrazo. Los obreros de Pepsico se solidarizaron con muchos conflictos, en la carpa se gestó la semilla de un movimiento del sindicalismo combativo que actualmente da pelea contra la reforma laboral que intenta imponer el Gobierno.

Con ese motivo fue organizado el último festival en la carpa, el viernes pasado.

Entre las bandas que se presentaron, estuvieron Karamelo Santo y la banda de los trabajadores de PepsiCo: Proletarios. Rock combativo, cumbia, alegría. Bailamos, cuando las primeras estrellas comenzaban a asomar. Nos abrazamos con los compañeros, saltamos, entre lágrimas y risas. “Nunca, que no digan nunca…” decía la canción de Karamelo.

El domingo, la carpa se desarmó, en su lugar, en la vereda, quedó pintada la imagen de la foto, de la memoria en la piel, la membrana húmeda del techo, los mamelucos.

Lo único distinto a la foto original es la leyenda que tiene escrita: “Si no hay pan para nuestros hijos, que no haya paz para los empresarios” y la cara de Santiago a la que los obreros parece que se dirigen. Firma: Trabajadores de PepsiCo en lucha.

Dos emblemas, una frase que nos identifica como movimiento obrero combativo y Santiago, su lucha por un mundo mejor donde los dueños de las tierras no sean los ricos sino los dueños originarios, los más pobres. La foto de los obreros despedidos mirando la mañana que nace ante ellos. Porque la carpa no se fue, Pepsico no se fue. Ellos serán los obreros intinerantes, presentes en cada lugar donde los necesiten, donde haga falta su solidaridad, como bien lo dijo la Chechu, una de las compañeras de Pepsico en el micrófono del festival.

Los leones y las leonas de PepsiCo, sólo cambiaron de escenario, mientras la memoria de la piel no falle, ocupan un lugar en el corazón de cada obrero que lucha.

“…Que no digan nunca, porque un día de estos, nos verán sonriendo…” seguía la canción de Karamelo.

Claro que vamos a sonreír.








Temas relacionados

Santiago Maldonado   /    PepsiCo   /    Trabajadores de alimentación   /    Mundo Obrero

Comentarios

DEJAR COMENTARIO