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Un centenar de generales retirados rechaza el presupuesto de Trump

Mediante una carta firmada, 120 altos generales retirados rechazaron el aumento del presupuesto militar anunciado por Trump que recorta fondos a otros gastos de seguridad y diplomacia.

Martes 28 de febrero | 12:00

Donald Trump anunció el lunes que incrementaría en 54.000 millones de dólares el gasto militar de Estados Unidos, recortando partidas de otras áreas como la de "cooperación internacional" y desfinanciando los fondos destinados a la diplomacia.

Si bien Trump incluyó dentro de su gabinete a varias figuras provenientes del ámbito militar para aumentar la sintonía con ese sector, no pudo evitar que se manifiesten las fracturas que se vienen expresando hace tiempo sobre como llevar adelante la política exterior y la intervención militar de Estados Unidos, en su rol de potencia hegemónica declinante.

Es así que 120 importantes generales y almirantes retirados, salieron a contestarle a Trump por medio de una carta en la que rechazan que el aumento en gasto militar impulsado por el presidente suponga reducir el presupuesto del Departamento de Estado, la diplomacia y los supuestos planes de "ayuda" exterior.

Entre los firmantes se encuentran figuras destacadas como exdirector de la CIA David Petraeus, o el exjefe las fuerzas armadas George Casey. La carta fue enviada a los principales miembros del Congreso y a los secretarios gubernamentales, con el fin de presionar contra la votación a favor de este presupuesto, que tiene que pasar por el capitolio para ser refrendado.

El aumento del presupuesto y sus detractores

El aumento del presupuesto militar anunciado por Trump, que sería del orden del 10%, llevaría el total del gasto a 603.000 millones de dólares, el más alto de todo el mundo. Se trata del aumento porcentual más elevado desde 2007/2008 cuando Estados Unidos mantenía y aumentaba las tropas en las invasiones de Irak y Afganistán.

El anuncio, que Trump justificó en nombre de volver a rearmar a Estados Unidos como potencia militar, se ganó el rechazo de la prensa liberal, de los demócratas que denunciaron recortes en el gasto social, pero sobre todo de sectores del propio partido republicano y de parte del aparato militar que firmó la carta en su contra.

Esto último es lo más espinoso para el presidente de Estados Unidos que intentó, sin éxito, suplantar con un aumento presupuestario y una retórica militarista, su carencia absoluta para definir una política exterior coherente, cuando ya pasó un mes de su presidencia.

La carta de los generales retirados dice “sabemos por nuestro servicio de armas que muchas de las crisis que nuestra nación enfrenta no tienen solo una solución militar. Y esto incluye desde hacer frente a la violencia extremista de grupos como ISIS en el norte de África u Oriente Próximo hasta prevenir pandemias como el Ébola o estabilizar Estados débiles y frágiles que pueden detonar la inestabilidad”.
Desde ya que la defensa de la "diplomacia" y de programas como "Usaid" de parte de estos generales no significan una opción progresista frente a el aumento del gasto militar de Trump. Es conocido como la diplomacia de EEUU y planes como Usaid son utilizados permanentemente por Estados Unidos para desestabilizar gobiernos, apoyar a sectores golpistas (como lo hicieron abiertamente en Honduras), incrementar el espionaje, o alentar a gobiernos que les sean favorables.

Sin embargo estos roces expresan los diferentes intereses y la divergencia entre el alto mando del ejercito, el departamento de estado y las agencias de seguridad, que ya se habían expresado durante el último período del gobierno de Obama, ante la acelerada declinación hegemónica de EEUU, y que no solo no se resolvió con la llegada de Trump a la Casa Blanca, sino que parece estar profundizándose.

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Más crisis

Estas fracturas en torno a la política exterior norteamericana ya se habían puesto de manifiesto en forma abierta con la salida forzada de Michael Flynn como asesor de seguridad por sus relaciones con Rusia. Pero continuaron mediante una suerte de guerra de baja intensidad entre el gobierno y el FBI que ha venido filtrando información a la prensa sobre los contactos de la campaña de Trump con la diplomacia rusa y sobre el intento del jefe de gabinete de presionar a la agencia de inteligencia para que negara esos rumores.

A este escándalo se acaba de sumar el pedido de investigación sobre la primera operación militar llevada adelante en Yemen que incluyó la muerte de 16 civiles y del primer soldado estadounidense en combate bajo el gobierno de Trump. El operativo que había sido reivindicado en un primer momento como una gran acción militar, fue en realidad un desastre absoluto que obligó al gobierno a bajar el tono triunfalista hasta hacerlo desaparecer de las noticias.
El hecho volvió a aparecer en primera plana por la crítica del padre del soldado muerto en Yemen que se negó a recibir el saludo de Trump y declaro a los medios “¿Por qué tuvieron que poner en marcha esta estúpida misión, cuando no llevaban ni una semana de gobierno? ¿Por qué? Durante dos años no pisaron el suelo en Yemen porque no había ningún objetivo más valioso que una vida de un estadounidense. Y ahora, de repente, teníamos que hacer esta exhibición”.

La carta de los militares retirados y el anuncio de la apertura de investigación sobre el ataque en Yemen, vuelven a traer a Trump al mundo real tras el microclima de la cumbre de activistas conservadores de fines de la semana pasada. En esa reunión tanto el presidente, como su supremacista estratega en jefe, Bannon e incluso el miembro de la extrema derecha británica Nigel Farage fueron ovacionados por el público. Pero ese microclima está muy lejos de representar el que se vive en el país. Terminada la cumbre conservadora, Trump vuelve a sentir el golpe de la realidad política estadounidense.






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