Política

OPINIÓN

Un ataque a la vida

A propósito de la mal llamada reforma previsional.

Virginia Gómez

@mavirginiagomez

Jueves 30 de noviembre | Edición del día

Delibera sobre la vida de millones una cámara reaccionaria y antidemocrática, compuesta por los legisladores que cobran dietas y jubilaciones de privilegio. Aunque sus mandatos son por períodos de seis años pueden ser reelegidos indefinidamente y hasta Carlos Menem iza la bandera el día de la jura de los nuevos acompañantes.

Legislan, en nombre de las provincias y sus gobernadores, mientras inician sus “labores”, posando la mano sobre la Biblia, jurando por “la Patria, Dios y los Santos Evangelios”.

Gozan con la impunidad de quienes no pueden ser revocados. Son tres por cada provincia, sin importar la cantidad y necesidades de sus habitantes. Salvo, cuando cada dos años, llega el día en que las hormigas productoras de riqueza, se transforman en ciudadanos con voto obligatorio y secreto, como el silencio.

Por las noches, cuando quienes trabajan duermen y descansan al menos unas horas, hablan de los jubilados como “cargas”, como “gastos”, como “costos” del Estado. Ellos, que nunca trabajaron o que representan a quienes viven del trabajo ajeno, deliberan sobre cuánto van a cobrar o hasta cuándo van a laburar quienes sólo tienen su cuerpo y su fuerza para vender, a cambio de un salario que les permita sobrevivir el largo mes.

Desconocen las historias de las puertas de las fábricas, empresas y escuelas, donde quedan las vidas de millones de trabajadores, que sólo sus compañeros y familiares recuerdan.

Las historias de aquellos que ni siquiera llegan a jubilarse, porque antes de poder pensarlo, están dejando su vida y sus anhelos en las puertas de los trabajos que le quitaron -en nombre de las ganancias de algún patrón, grande o pequeño, nativo o extranjero- lo único que tenían.

Mientras la ciencia genera las condiciones para que extendamos la vida, son tratados con desprecio por improductivos, por no generar el valor que llena los bolsillos de los expropiadores de sueños y deseos. Un desprecio que se siente en las largas colas de un sistema de salud expulsivo, y en las cajas de las farmacias donde los laboratorios reúnen de forma extorsiva plata a cambio de algún remedio.

Los mandan a competir con los jóvenes precarizados, en el cruel mercado de trabajo. Para que los pobres presionen a la baja del salario, mientras con látigos exigen, sedientos de fortuna, subir la productividad para llenar la copa que nunca se derrama para quienes esperan, mirándola brillar, desde el subsuelo.

Esto es el capitalismo, ellos sus representantes. Ambos atacan la vida. Que la bronca de esta madrugada se transforme en mayor fuerza y organización para liberarla.








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