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Un "Feliz Año Nuevo" de parte de Rubem Fonseca

El 2018 que se termina nos deja un poco mareados y efervescentes. Acá un cuento de Rubem Fonseca que hará todo lo posible para que el arranque del 2019 no nos baje las revoluciones (en toda la ambigüedad del significante). Este 1 de enero, hablamos de “Feliz Año Nuevo”.

Lunes 31 de diciembre de 2018 | 17:18

“Feliz Año Nuevo” es un cuento del escritor brasileño Rubem Fonseca, publicado originalmente en 1975 y dando a su vez nombre al libro de relatos que lo contenía junto a ocho cuentos más.

En principio el argumento es sencillo: dos hombres llamados Pereba y Zequinha, junto con el narrador en primera persona, deciden salir a robar a los barrios altos en la noche de los festejos por año nuevo. La primera escena comienza cuando el narrador y Pereba conversan sobre las fiestas y toda su preparación comercial, hasta que la figura de Zequinha hace su aparición y el plan toma forma concreta. Como en una larga montaña rusa, es preciso detenerse en esta tranquilidad primera porque a partir de acá el relato toma una velocidad vertiginosa que no se detiene hasta el final.

Fonseca suele posar su lupa en la marginalidad. Sus personajes son, en general, gente fuera del sistema que se mueve y vive en barrios aledaños y bajo la mirada condescendiente o inquisidora de las clases medias y altas. Es realmente un escritor del pueblo. Se dice que su pasado como policía lo formó y fue determinante para la construcción de su obra, sin embargo creo que la riqueza de su producción está no tanto en lo que cuenta, sino en la forma en que lo hace. Podríamos situar al escritor brasileño como parte de lo que suele llamarse “Realismo Sucio” –corriente que sostiene a Charles Bukowski como uno de sus principales exponentes- ya que mantiene las características propias del estilo, a saber, prosa minimalista, personajes que dan cuenta de su psicología en el acto y no tanto en el pensamiento, escenarios que dan cuerpo a la trama, etc.

Volviendo al cuento que nos ocupa, no podemos dejar de decir que la frialdad con la que está narrado es el mayor acierto. El grado de violencia del relato tiene una literalidad que por momentos incomoda y a su vez propone un juego psicológico al lector que no sabe si sentir empatía, lástima o bronca por los personajes. Es un cuento para leer con cuidado ya que tal vez se termine descubriendo sentimientos que desconocía.

Cualquier otra cosa que se diga sobre el argumento está de más. Leer a Rubem Fonseca es una experiencia de tensión. Sugiero tomar el cuento, dejarse atrapar por su escritura rápida y accesible, y viajar cuesta abajo por la pluma del escritor que, como la vida misma, no nos dará ningún respiro hasta el punto final.







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