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Último debate: Trump amenaza con desconocer el resultado de las elecciones

Con pocas definiciones, se realizó el último debate presidencial. Los candidatos confirmaron sus perfiles sin apostar demasiado. Trump amenazó con no reconocer el resultado si es derrotado.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Jueves 20 de octubre de 2016 | 10:10

El último debate presidencial, realizado el miércoles 19 en la ciudad de las Vegas (Nevada, Estados Unidos), no dejó nuevas definiciones acerca de los candidatos. Encerrados en sus porcentajes, alimentados menos por su popularidad que por el rechazo a su contrincante, Clinton y Trump no apostaron a ampliar su electorado sino a consolidarlo.

Trump reafirmó su perfil antiestablishment en cada una de sus intervenciones, especialmente en sus críticas a Clinton, a quien responsabilizó por los fracasos en economía y política exterior de Estados Unidos, dando voz a la frustración que siente gran parte de su base electoral. Clinton, por su lado, solo apostó a mantener la alianza que la apoya, con dudas pero con la certeza de oponerse al magnate.

La encuesta posdebate de CNN ubicó a Clinton como ganadora con el 52 %, aunque muchos rescataron la actuación de Trump durante la primera mitad del encuentro. En las primeras preguntas, alentado por el presentador de Fox News Chris Wallace, Trump presentó algunos puntos de su programa.

El candidato republicano utilizó sus primeras intervenciones para confirmar aspectos clave de su programa sobre portación de armas, inmigración y el derecho al aborto. Aprovechó el tema de portación armas para pegarle a Clinton y el programa demócrata de control y regulación y saludó a sus “amigos de la NRA” (Asociación Nacional del Rifle, una de las organizaciones más reaccionarias que aboga por la libre portación). Reflotó el programa de la construcción de un muro en la frontera de Estados Unidos con México para “defender al país”.

Uno de los puntos sobre los que más insistió fue en su compromiso de nombrar jueces que se opongan al derecho al aborto y reiteró su oposición personal, incluso se animó a decir que impulsaría una anulación del histórico fallo Roe Vs. Wade que garantiza el derecho al aborto en todo el país. Esta intervención de Trump encendió las redes sociales y como sus declaraciones machistas hicieron crecer el repudio entre las mujeres. Vale recordar que Trump llegó a este último debate golpeado por múltiples denuncias de acoso y abuso.

Los cruces más duros sin embargo se dieron alrededor de la política exterior, la relación con Rusia y los tratados de comercio exterior. En medio de interrupciones y epítetos, Trump abandonó la pose moderada en la que se había esforzado durante la primera parte para dar rienda suelta al Trump que despotrica contra los medios, contra su contrincante e incluso contra el sistema electoral. Ante la pregunta de Wallace de si reconocería los resultados si era derrotado el 8 de noviembre, Trump no quiso comprometerse y lanzó una respuesta inédita: “Cuando llegue el momento lo veré. Por ahora lo mantendré en suspenso”.

El tercer debate fue uno de los más “guionados” de Hillary Clinton, que intentó responder sin entrar en la discusión con Trump, que subía la temperatura a medida que avanzaban los minutos. Clinton apostó al mismo juego que mantiene desde que fue nominada, dejar que Trump haga el trabajo sucio, incluso en la propia base demócrata, y la presente por oposición como el “mal menor”. Porque a pesar del rechazo que despierta Trump, la demócrata no ha logrado fortalecerse.

Clinton llegó mejor ubicada en las encuestas al tercer debate, pero esquivando todavía las filtraciones de correos electrónicos que alimentan la desconfianza y el descontento. Aunque Clinton evitó una condena por la utilización de un servidor privado mientras era secretaria de Estado, no pudo evitar los cuestionamientos sobre la fundación Clinton, su relación con Wall Street y la relación de su campaña con la dirección del partido demócrata.

Recta final

La recta final de la campaña ha consolidado los perfiles de Clinton y Trump. La elección será entre dos candidatos impopulares, que cosechan más rechazo que apoyos, confirmando una vez más el protagonismo de la crisis del bipartidismo estadounidense. En forma de implosión como sucedió en el partido republicano o de poco entusiasmo como sucede con la candidata demócrata, el descontento con la elite política promete seguir en el centro hasta el 8 de noviembre.







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