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UBA: el Ciclo Básico Común desbordado por la marea verde

Una nueva generación entra a la Universidad de Buenos Aires con la fuerza y el cuestionamiento de la marea verde. Crónica de una semana en la sede Puan del CBC.

Guadalupe Oliverio

Juventud PTS

Lunes 20 de agosto | Edición del día

Ocho y veinte ya estaba parando el 26. “10 pesos, por favor” dije mientras sacaba la SUBE. El chofer me mira de reojo y el aparato marca $11.50. ¡Había subido el colectivo! Estaba tan dormida que no me acordaba.

Le di unos sorbos al café y entré a Puan. Busqué el aula que me habían asignado por Internet. “Buen día” dice mientras entra al aula una mujer que tenía el pelo por la cintura. “Les propongo que vayamos al piso de arriba. Queremos armar una asamblea entre distintas cátedras de la facultad para contarles un poco que nos viene pasando” dijo la que para ese momento ya era mi docente de Semiología. Agarramos las mochilas en silencio y subimos en fila la escalera.

Las y los docentes se presentaron. Nos dijeron sus nombres, contaron que materias daban y de que cátedras eran, hace cuanto trabajaban en la facultad. Digo “trabajaban” pero no se imaginen que todos lo hacen de la misma manera. Nos dijeron que muchos estaban “Ad Honorem”, a lo que un compañero preguntó que significaba. “Y… aunque no lo crean, es que a muchos no nos pagan, aunque venimos todas las mañanas y nos ponemos al hombro las cursadas” respondió. Es que, a nosotros, los pibes de mi generación, no nos entra en la cabeza que a alguien pueda parecerle coherente no pagarle a un docente y lo vamos a cuestionar.

Nos contaban con odio en los ojos y un poco de tristeza, que sus sueldos varían en un promedio de 7 mil y pico de pesos y que el gobierno no quiere aumentarles más que el 10%, lo que serían 700 pesos. ¡Y en cuotas! Hice la cuenta rápida, ahora si porque ya estaba más despierta: son 60 viajes en bondi.

Nos dijeron que nunca habían tomado una decisión así, pero que se veían obligados por la miseria que les ofrecían. La Facultad quedaba desde ese momento bajo paro indefinido de nuestros docentes. Por primera vez desde que curso en la facultad, veía cómo se abría debate entre los estudiantes, respondiéndoles a los docentes de igual a igual con sus posiciones, charlando entre todos. “Tengo un amigo que cursa en provincia y dicen que no saben si van a poder seguir haciéndolo. No les alcanza el presupuesto con el ajuste y los tarifazos” contaba uno de mis compañeros, y mientras decía eso, se me vino a la cabeza el conflicto del 2016.

Me acordé inmediatamente. Fue el primer año de mandato de Mauricio Macri y por primera vez desde que tenía conciencia política, los estudiantes universitarios salían a la calle. Esa vez también había estado motorizado por el salario de los docentes y luego se había mezclado con la defensa de la educación pública en su conjunto. El gobierno había subido el precio del colectivo y salimos todos al unísono a gritar que necesitábamos boleto educativo, (nos lo vienen negando hace muchísimos años).

Además en nuestra facultad, Filosofía y Letras, se había corrido la bola de que la decana Graciela Morgade (que se decía opositora siendo parte del kirchnerismo) se abstuvo a votar el presupuesto del 0% a la UBA ese mismo año. Lo dejó pasar, así sin más. Una cómplice más del ajuste macrista en nuestra facultad. No sabíamos si las universidades con ese presupuesto iban a poder funcionar mientras todo aumentaba y mientras veíamos como las condiciones edilicias se caían a pedazos.

Sentí que estábamos en la misma película. ¿La historia se repite? De lo que estoy segura, es de que nos da la posibilidad de revancha. Desde esa vez, la bronca con el gobierno y sus políticos no paró de subir. El FMI hoy ya está con los dos pies en nuestra tierra. Quiere arrasar, como un huracán, con un país entero: con trabajadoras y trabajadores, familias enteras. También escuelas, universidades y hospitales públicos. El imperialismo de la mano de Macri quiere derribar todo a su paso.

Del otro lado, hay otra fuerza que arrasa. Una gran ola, que se transformó en marea. Es verde y naranja. Y por momentos, se tiñe de todos los colores del arcoíris, que se levantan con mucho orgullo.

Yo vi esa marea. Esta desde hace mucho en la calle. Cada vez se hace más y más grande. No logran absorberla. Esa mañana la encontré también en la facultad, enredada en mochilas, cuellos y muñecas. Se hacía visible a todos. (A los que quieran verla).

Mientras hablaban las docentes en la asamblea cuestionando al gobierno de Cambiemos, a los gobernadores de las provincias como Vidal (que hambrean a los maestros y se cobran la vida de ellos en la precariedad de las escuelas), veía que nuestra marea tiene los mismos enemigos. ¡Que poco práctico seria pelear solas, si juntas podemos golpearlos más fuerte!

La cantidad de pañuelos naranjas que había en ese piso era impresionante. Nunca había visto a la iglesia cuestionada de esa manera, miles exigiendo su separación del estado. Eso era lo que estaban diciendo con sus retazos de telas. Un obispo cobra 46.800 pesos en Argentina y tienen la puerta abierta a meterse en las decisiones de nuestra educación. Ni Educación Sexual nos dejan tener. ¿Cómo nos van a decir entonces que no hay plata? ¿Cómo no se les cae la cara si están fugando millones de pesos al exterior todos los meses? ¿Si pagan otros tantos millones de deuda y al FMI?

¿No hay plata para que las universidades no se queden sin gas? Nos morimos de frío en invierno y en Facultades como Exactas no pueden usar los mecheros para hacer investigación. En el CBC de Puan se cayeron los techos y ventanas. Solo el azar fue responsable de que no tengamos un muerto en la facultad. ¿En serio piensan que vamos a creerles que no hay plata para salario docente? ¿No la hay para terminar con los cientos de trabajadores que están sin cobrar?

Éramos más de 200 pibes y pibas en esa asamblea que surgió de manera espontánea a la mañana. Quedamos en encontrarnos el próximo martes a la misma hora y en el mismo lugar para seguir trazando planes de lucha en conjunto. En el turno siguiente, pasó lo mismo con otros docentes y otros pibes. Y hubo la misma cantidad o más.

Pasaron dos días y estábamos junto con el Centro de Estudiantes, el CEFyL, peleando nuevamente en la puerta del Congreso. Había estudiantes de otras facultades, becarios del Conicet y estudiantes pre-universitarios que exigíamos que no ajusten en Ciencia y Tecnología. Fuimos 2000 aunque era un mal horario para los que trabajamos. Los carteles, las carpas, los megáfonos hacían que todos los que pasaban por ahí se queden charlando y se lleven folletos para repartir.

A la noche llegaron mensajes al WhatsApp de mi cursada, mandaban decenas de notas donde contaban que en Córdoba tomaron una universidad, en La Plata, Neuquén, Salta y PBA estaba habiendo en simultaneo asambleas masivas de cientos y cientas de estudiantes. Los de Jujuy se movilizaron siendo 600 personas. Sentimos que no estábamos solos y empezábamos a tomar dimensión de que estábamos metiéndonos en un conflicto a nivel nacional.

Mientras escribo estas líneas y lo pongo sobre papel, se me pone la piel de gallina. Porque me da la sensación (y espero no equivocarme) de que se está cocinando a fuego lento un proceso que no sabemos dónde va a terminar, pero que podemos apostar para que tome el camino que nos lleva a vencer.

Somos millones de jóvenes que nos hartamos, que ya no nos confiamos ni les creemos. Entendimos que la organización y las calles son nuestro lugar. “EL” lugar. Donde nos corresponde estar si es que queremos cambiar las cosas. Si no emergemos, nos quedó claro que van a avanzar sobre nuestra educación. Y tenemos en nuestras manos el poder de defenderla.

En unas semanas nomás, los mismos tipos y tipas que nos negaron el derecho al aborto van a votarle a Cambiemos el presupuesto nacional que proponen para 2019, del cual una parte se baja a educación. Ya hicimos una experiencia con ellos y sus partidos, con los gobernadores peronistas y kirchneristas que están negociando todo el tiempo con nuestras vidas. No podemos dejar nuestro destino en sus manos.

El impulso de nuestra marea es innegable y viene a cuestionar todo de raíz. No nos parece normal que haya docentes que no cobren en la Universidad o que cobren una miseria. Tampoco nos cierra semejante sueldo para obispos y curas, ni que metan sus narices en nuestra educación.

No nos queremos acostumbrar a que cuando protestamos y hacemos clases publicas venga la policía, como pasó el viernes en la puerta de la facultad donde a una de nuestras docentes, Mónica Cragnolini, le terminaron haciendo un acta contravencional. No nos vamos a quedar callados si nos persiguen por luchar.

Tampoco cuando nos criminalizan por trabajar en la calle como hacen con los laburantes de nuestra facultad. La yuta ¡esta misma semana! patoteó al “Chino de Puan” que nos vende todos los mediodías sanguches en la puerta de la facu y nos ayuda cuando no llegamos con las monedas para comer. Salimos decenas de pibes del CBC a la calle para defenderlo. Nos pusimos entre él y la policía, porque le estaban tirando sus productos. No nos importó nada, ni siquiera que vengan de manera prepotente los patovicas de la gestión de Graciela Morgade, que dan vueltas todo el tiempo por nuestra sede. A ellos tampoco los dejamos de ver, ni los adaptamos al “paisaje” de la facultad. No los necesitamos en la Universidad.

Esta marea nació cuestionándolo todo y con esa fuerza entra esta nueva generación a la universidad. No solo el gobierno, los gobernadores oficialistas y opositores y los senadores sienten que los rebalsamos en las calles y los salpicamos en el Congreso.

Los propios dinosaurios que tenemos en la UBA se van a empezar a sentir incómodos. Por ejemplo, el rector de la UBA, Alberto Barbieri, estuvo tocado de cerca porque eligió como vice a Darío Richarte, un tipo que había sido servicio de inteligencia y segundo de la ex SIDE. También el hecho de que la UBA se maneja con un puñado de dinosaurios que eligen de manera antidemocrática por sobre miles de estudiantes.

La fuerza de la marea nos tiene que servir para el triunfo de la pelea de los docentes y por la educación pública. Somos un millón de estudiantes universitarios en todo el país. Somos millones las que venimos tomando las calles por asalto por nuestros derechos, para no morir más. Somos miles las y los que estamos participando de asambleas en todo el país. Es el momento de darnos cuenta de la potencialidad de nuestra fuerza como movimiento estudiantil si nos unimos.

Si salimos juntos a golpear, ¿hasta dónde podemos llegar? Me imagino que podemos poner en pie interfacultades para coordinar entre todos los estudiantes de distintas sedes. Tenemos que retomar las comisiones de base de estudiantes y ponerlas a funcionar cotidianamente. Las conducciones de centros de estudiantes que se dicen “opositoras” tienen el compromiso de mostrar a los ojos de todos los estudiantes que están a la altura, poniéndose a la cabeza de potenciar la organización. Estas son nuestras herramientas de lucha, no se las pueden apropiar. Si no las pusieran al servicio de esta batalla, también iremos por ellos.

Nuestra revancha es ahora. Ahora que si nos ven. Ahora que si nos temen. Ahora que nos dimos cuenta de que tenemos una responsabilidad con el futuro de los que vendrán. Es ahora. Hay que actuar ya, para que no arrasen con nuestra educación.







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