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Tucumán: Alberto Fernández festejó el aniversario de una cámara empresarial que financió la dictadura

En la noche de este miércoles el candidato del Frente de Todos brindó en el 50 Aniversario de la Unión Industrial de Tucumán. Fue junto a Manzur y dirigentes de la CGT, para la primera foto del “pacto social”.

Jueves 12 de septiembre | 01:29

Foto: LV2 Tucumán

En la noche de este miércoles, el Hotel Sheraton se vistió de gala. Es que allí estuvieron los dueños de la provincia. De los ingenios azucareros, las citrícolas exportadoras, las textiles y empresas emblemáticas como Alpargatas y el Banco Tucumán.

El menú era de lujo, como habían anticipado sus organizadores. Pero lo más importante fue el brindis. Junto a “los dueños” estuvieron el gobernador Manzur, la cúpula de la CGT y el hombre que todos quieren saludar: Alberto Fernández. Algunos le dijeron “presidente” con sonrisa cómplice, otros se limitaron a extenderle el brazo. Pero cuando levantaron las copas sabían que estaban posando para la primera serie de fotos del “pacto social”: el acuerdo entre las grandes empresas y la CGT que empezó a preparar el candidato del Frente de Todos.

Lo que no figurará en ningún epígrafe es la historia que hay detrás del empresariado tucumano representado hoy en muchas de esas copas.

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Golpeando las puertas de los cuarteles

Durante los años 60, los ingenios tucumanos habían sido el epicentro de masivas luchas contra la política del gobierno militar. El año que asumía Onganía era justamente el momento de la fundación de la Unión Industrial.

La clase trabajadora tucumana se convertiría en una de las más combativas de toda esa etapa. Por eso serán, a pesar de la dirección peronista de la FOTIA, los protagonistas de la última gran huelga en 1974, desafiando al Pacto Social impuesto por el mismo Perón.

Los empresarios tucumanos serán entonces unos verdaderos “adelantados” para empezar a auspiciar el golpe de Estado. Ante la conflictividad en los ingenios – y con la excusa del accionar de un grupo guerrillero del ERP – consiguieron que Isabel Perón y López Rega acuerden con el Ejército el lanzamiento del “Operativo Independencia”. Fue un ensayo para lo que vendría después.

Durante meses persiguieron activistas obreros, estudiantiles y de la izquierda, torturaron y asesinaron. “La escuelita” de Famaillá se convirtió en el primer centro clandestino de detención en el país. Por allí pasaron entre 2.500 y 3.000 personas. Pero los grandes empresarios hicieron un primer aporte. Ofrecieron los ingenios y sus antiguas instalaciones, como centro de detención. Los dueños del Ingenio Concepción (hoy en poder de Emilio Luque) entregaron camionetas de la empresa para realizar operativos y brindaron información de los zafreros organizados. Muchos serían secuestrados y detenidos por grupos comandos adentro del establecimiento. La Fronterita además hospedaba a oficiales importantes y el ex Ingenio Santa Lucía sería la base operacional más grande con tres mil soldados.

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Tal era la decisión del empresariado tucumano que fue uno de los primeros en romper con los sectores patronales que todavía apoyaban a Perón. La seccional tucumana de la CGE (Confederación General Económica liderada por José Gelbard, creador del Pacto Social), rompió con la organización nacional para agruparse con la APEGE y otros sectores que ya estaban discutiendo el golpe.

El “fondo patriótico”

Cuando el golpe se puso en marcha, las patronales decidieron jugar fuerte. Apoyaron a Bussi no solo con declaraciones políticas y listas de “agitadores”, sino con plata. “El 11 de Junio de 1976, la Federación de Empresarios de Tucumán (FET) y la Unión Industrial Tucumana le ofrecieron una contribución patriótica al margen de sus obligaciones tributarias. El 26 de agosto de 1976 fue creado el "Fondo patriótico azucarero" por decreto ley 4.536. Entre la fecha de su creación hasta el final de la gobernación de Bussi bajo la dictadura (diciembre de 1977), los ingenios azucareros aportaron, a valores actuales, 3 millones seiscientos mil dólares. Otras empresas no azucareras también contribuyeron con sumas de dinero. Alpargatas, Grafanor S.A, entre otras”. La cita pertenece al libro de Hernán López Echagüe (El enigma del general) y el artículo de Emilio Crenzel “Memorias enfrentadas”, pero además figura en distintas investigaciones periodísticas y denuncias ante la justicia federal de Tucumán.

Pero el “fondo” tuvo su “vuelto”. En los años siguientes los ingenios lograron aumentar su producción y sus ganancias con menos personal. Bussi se había encargado de “limpiar” de delegados y activistas las plantas y los campos azucareros.

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En realidad no se había tratado de una idea solo de los empresarios azucareros tucumanos. El Centro Azucarero Argentino - fundado en 1894 por los Blaquier y las grandes familias salteñas y tucumanas – siempre auspició los golpes de Estado. Como parte de la COPAL (Coordinadora de Productos Alimenticios) fue uno de los impulsores del lock-out patronal de febrero de 1976, para rechazar “la entrega del país al sindicalismo continuando su camino hacia el marxismo” (solicitada).

Como no podía ser de otra manera, la principal figura de la UIT estuvo en la cena del 50 aniversario, para levantar la copa por todas esas tradiciones. Jorge Rocchia Ferro es uno de los mayores terratenientes de Tucumán: poseen una universidad privada, 18 estaciones de servicio y cuatro hoteles. Tiene causas por contaminación, evasión fiscal y hace honor a la estirpe antiobrera de sus antecesores. Hace algunas semanas, fue el encargado de criticar a los sindicatos azucareros que reclamaban salarios: “Que dejen de pelotudear con las paritarias y se preocupe por la situación que atraviesan los ingenios”.

Esos hombres chocaron la copa con Alberto Fernández, Héctor Daer y Juan Manzur para la foto del "pacto social". Chin-chin.







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