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Trump echó al director del FBI en medio de investigaciones por la conexión rusa

El director del FBI James Comey fue despedido el martes por Trump con el argumento del mal manejo de la investigación de los correos electrónicos de Clinton. Comparaciones con Nixon y crisis política.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 10 de mayo de 2017 | 10:34

Trump causó un terremoto político este martes al despedir por sorpresa al director del FBI, James Comey. Si bien el argumento oficial fue el manejo incorrecto por parte de Comey de la investigación de los correos electrónicos de Hillary Clinton el año pasado, su despido causó un revuelo en Estados Unidos al considerar que Trump podría estar queriendo entorpecer las investigaciones sobre los posibles lazos de la campaña del magnate con Rusia antes y después de las elecciones de 2016.

"El FBI es una de nuestras instituciones más estimadas y respetadas de nuestra nación y hoy marca un nuevo comienzo para nuestra joya de la corona de las fuerzas del orden", afirmó Trump en una nota oficial emitida por su portavoz, Sean Spicer.

Spicer indicó que Trump "actuó basándose en las recomendaciones claras del vicefiscal general, Rod Rosenstein, y el fiscal general, Jeff Sessions", y señaló que "la búsqueda de un nuevo director del FBI empezará inmediatamente".

Trump envió una carta oficial a Comey, quien se encontraba de viaje en Los Ángeles cuando estalló la noticia, en la que le informó de su destitución "con efecto inmediato".

"Aunque aprecio enormemente que usted me informara, en tres ocasiones distintas, de que no estoy bajo investigación, aún así estoy de acuerdo con la conclusión del Departamento de Justicia de que usted no es capaz de liderar eficazmente el Buró", dice Trump. Esa mención en la carta oficial del presidente hace alusión directa a las investigaciones del FBI sobre los nexos entre Rusia y la campaña electoral de Trump. Sin embargo el argumento central esgrimido por el entorno presidencial fue el de el manejo inadecuado de parte de Comey de la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton durante el año pasado.

El Fiscal General adjunto, Rosenstein, aclaró que Comey fue despedido por violar los principios del Departamento de Justicia al hablar públicamente sobre la investigación del manejo del correo electrónico por parte de Hillary Clinton cuando ejercía como secretaria de Estado (2009-2013).

Rosenstein se refirió a la rueda de prensa que Comey dio en julio del año pasado para anunciar que Clinton no sería imputada por usar servidores de correo electrónico privados para asuntos oficiales en su mandato como jefa de la diplomacia estadounidense, lo que despejó su camino como candidata demócrata a la Casa Blanca. La decisión de Comey de cerrar la investigación contra Clinton había sido cuestionada por Trump el año pasado.
El escándalo, sin embargo, volvió a explotar a tan solo 10 días de las elecciones presidenciales, en octubre de 2016, cuando Comey anunció que reabriría la investigación contra Clinton al haber encontrado nuevos datos que la podrían comprometer. Lo que todos en Washington consideraron un "carpetazo" de último momento solo duró 72 horas. Comey finalmente anunció que cerraba el caso contra la candidata demócrata, que a esa altura ya había generado un daño importante a su campaña.

El director del FBI compareció ante el Congreso de EE.UU. el miércoles pasado y confirmó que había datos erróneos en la investigación de los correos de Clinton que reabrió en octubre pasado. También dijo que le daba nauseas pensar que su actuación pueda haber ayudado a definir las elecciones (a favor de Trump).

Las declaraciones de Comey ante el Congreso sobre los errores en la investigación de los correos de Clinton fueron el argumento central de la administración Trump para avanzar en su destitución afirmando que había roto la confianza el pueblo estadounidense con el FBI. "Es esencial que encontremos un nuevo líder para el FBI que restaure la confianza del público en su vital misión de aplicación de la ley", señala la carta divulgada por la Casa Blanca.

"La reputación y credibilidad del FBI han sufrido un daño sustancial y ha afectado a todo el Departamento de Justicia", escribió Rosenstein en un memorando.

Nixon, el Watergate y los rusos

El despido de Comey generó una ola de rechazo entre los demócratas que, si bien no eran devotos del director del FBI por su actuación en el caso de los correos de Clinton, hicieron ayer una defensa cerrada de su figura y alertaron sobre el posible entorpecimiento de las investigaciones en torno a la relación de la campaña de Trump con Rusia tanto antes como después de las elecciones.

Varios de los principales diarios tomaron esta denuncia e incluso hicieron comparaciones con el caso Watergate cuando el presidente Richard Nixon ordenó en octubre de 1973 el despido del fiscal especial Archibald Cox, encargado del caso "Watergate", que en 1974 lo convirtió en el único presidente de EE.UU. en dimitir.
Aunque la comparación no es exacta ya que Nixon despidió al fiscal especial que investigaba el caso y no al director del FBI, la comparación es suficiente para agitar el fantasma de un juicio político contra Trump por entorpecimiento de la investigación en curso sobre la "conexión rusa".

Un grupo importante de representantes demócratas encabezados por el líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, reclamó que la investigación sea llevada adelante a partir de ahora por un Fiscal especial en el caso, de "manera independiente" para dirigir la investigación de los vínculos de la campaña de Trump y el Kremlin.

También llegaron quejas desde algunos republicanos, como el senador John McCain, que se declaró "decepcionado" por la destitución de Comey, a quien definió como "un hombre de honor e integridad".

Si bien no es la primera vez que un presidente despide a un director del FBI, ya lo había hecho Bill Clinton en 1993 por una investigación sobre malversación de fondos públicos, en este caso la investigación que el FBI llevaba adelante sobre la supuesta intromisión Rusa en las elecciones estadounidenses y su relación con la campaña de Trump deja muchos interrogantes. Las suspicacias crecieron aún más al conocerse que este miércoles el Secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson se reuniría con el canciller Ruso Sergei Lavrov en Washington, y que posiblemente también lo hiciera el presidente Donald Trump.

Más allá de las interpretaciones inmediatas, detrás de la decisión de Trump están los intentos (desesperados) por "corregir" la debilidad de origen de su gobierno desde que asumió. Lo hace de forma pragmática como la mayoría de sus actos, y trata de cerrar la brecha por las internas dentro del propio Estado que le han venido generando más de un dolor de cabeza. La permanente filtración a la prensa de parte de las agencias de inteligencia sobre las relaciones de sus funcionarios con el Kremlin, que le costó el cargo al asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, es una de las muestras de las rivalidades dentro del “estado profundo”, exacervadas por un gobierno que superó los 100 días con más crisis que aciertos. Esta misma debilidad es la que deja dudas sobre la eficacia de la movida de Trump despidiendo a Comey, y nadie descarta que haya abierto un nuevo frente de batalla interno que le pueda costar muy caro.







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