Economía

TLCAN 2.0

Trudeau: “hay un buen acuerdo”, pero no lo han firmado y se venció el plazo

Este jueves fue el último día para anunciar la firma del nuevo TLCAN, de acuerdo con los tiempos políticos de Mr. Trump. El tratado sigue atorado por las condiciones intransigentes interpuestas por la parte estadounidense.

Raúl Dosta

@raul_dosta

Jueves 17 de mayo | 23:28

Mientras el primer ministro canadiense declara su optimismo debido a que las actuales propuestas sobre contenidos de autos son "en general aceptables para las industrias de las tres naciones", los negociadores siguen sin ponerse de acuerdo para cerrar la renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN). Y es que el gran perdedor del TLCAN 2.0 puede ser el pueblo mexicano, debido al enorme diferencial entre el desarrollo económico de estos países.

Por la parte estadounidense, cayó un cubetazo de agua fría: "Los países del TLCAN no están siquiera cerca de alcanzar un acuerdo. Como dije la semana pasada, existen grandes diferencias en materia de propiedad intelectual, acceso al mercado agrícola, asuntos menores, energía, trabajo, reglas de origen, indicaciones geográficas y mucho más", señaló Lighthizer en un comunicado.

El jefe de la parte negociadora mexicana, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, señaló el magro avance de las conversaciones “ya están prácticamente completos un tercio de los capítulos del acuerdo comercial” y espera que, si los devaneos de Trump no interfieren más, éste se podría cerrar antes de que termine mayo. Desde ya que esta situación le agregaría una fuerte carga política al tema comercial debido a que el plazo límite del 17 de mayo quedo rebasado.

¿Qué significa este inconveniente? Que hoy es la fecha límite para que el Congreso estadounidense dé entrada al TLCAN 2.0 en su agenda de debates. De no hacerlo le correspondería sancionarlo a un nuevo Congreso que surgiría de las próximas elecciones intermedias en noviembre, lo que retrasaría su aprobación hasta los primeros meses del año entrante.

Pero lo que más quería evitar Mr. Trump no era tanto el retraso de la promulgación del nuevo Acuerdo, sino que su aprobación quedaría en manos de la nueva mayoría congresal que, según prevén los analistas, quedaría en manos de los demócratas.

No es que los demócratas sean unas blancas palomas y vayan a querer reajustar los términos negociados en condiciones menos abusivas para los mexicanos, sino que Mr. Trump ya no podría presumir ante el electorado gringo al TLCAN 2.0 como una creación suya, un argumento menos para competir por la reelección presidencial.

En cuanto al gobierno mexicano, la “aguerrida” resistencia de Guajardo ante las exigencias de los capitalistas del norte, que en todo momento ha reafirmado su disposición a negociar y va cediendo poco a poco en las pretensiones de los negociantes estadounidenses, ha perdido el interés político que tenía hace unos meses.

Si se lograba un “buen acuerdo” antes de julio, habría sido utilizado como un argumento intensivo en la propaganda de José Antonio Meade, haciéndolo empalmar con su trayectoria dentro de la élite de funcionarios amigos de Peña Nieto, pues ha estado al frente de las secretarías de Economía y Relaciones Exteriores bajo el mando de Calderón y de Peña Nieto.

Independientemente de si es el PRI o el PAN quien esté en el poder, él ha sido parte de las aplicaciones de los planes de superexplotación y entrega de los recursos naturales del país a los capitalistas extranjeros. Hubiera sido el candidato del TLCAN 2.0 y los “logros” de un Guajardo “combatiente” contra los abusos de los gringos los hubiera publicitado como propios. Pero la campaña nunca levantó vuelo y de poco serviría usar el atado comercial en su favor.

Un poco más sereno, luego de no poder llegar a la meta de mayo 17 el secretario Guajardo, piensa en su futuro y aclara que los grandes temas por resolver requieren de un mandato político, ¿una decisión presidencial para no terminar siendo señalado él como culpable de lo que se vaya a firmar?. Así parece.

¿Cuáles son esos temas escabrosos? Primero, la cuestión de la temporalidad. Esta cláusula funesta implicaría que Estados Unidos se da un plazo de cinco años para decir si se retira o no (Canadá y México no se plantean una mínima posibilidad de renunciar al TLCAN), esto significa un apercibimiento implícito de que en ese lapso los gringos exigirían más ventajas con la amenaza de la cancelación del Tratado.

También podría significar el comienzo de un quinquenio de transición rumbo a una política de socavamiento despiadado de la economía nacional, cada vez más en manos estadounidenses.

Aquí entra la otra cuestión clave: Estadios Unidos exige eliminar los mecanismos para la resolución de controversias comerciales que es la razón de ser de cualquier tratado comercial. Así, se apuntaría a un régimen arancelario como antes de 1994, enfocado a socavar los sectores manufactureros y agrícolas que pudieran competirles en el plano comercial (unos cuántos) y adueñarse completamente del trabajo barato mexicano y sus recursos naturales.

Aún no se ve la luz al final del túnel y la incertidumbre de Guajardo aumenta cada día más, como bien dice. “Si por cualquier razón no se logra (la firma del Tratado) antes del 1 de julio tenemos la responsabilidad de integrar el equipo de transición para que el pase de estafeta sea lo más estable posible”, lo cual se puede complicar si esa plantilla de negociadores tuviera que ser propuesta por Andrés Manuel López Obrador y sus funcionarios, pues éste no goza aún de la plena confianza de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros.

Con tratado o sin él, al final, los ritmos de expoliación a través de las fronteras los imponen ellos y su necesidad imperiosa de relanzar su estancada economía a costa del resto de los pueblos del orbe.






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