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Trotsky y su lucha contra el fascismo en la guerra civil española

Camilo Jofré

Trotsky y su lucha contra el fascismo en la guerra civil española

Camilo Jofré

El 17 y 18 de julio de 1936 se desencadena el levantamiento de una parte del ejército Español al mando de Francisco Franco, contra el Gobierno de la Segunda República, lo que daría comienzo a la Guerra Civil Española. Esta concluiría el 1ro de abril de 1939 con el triunfo del franquismo. El último parte de guerra fue, “cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares“. Para León Trotsky, la experiencia y la lucha de las obreras y obreros españoles es una escuela superior de estrategia para los revolucionarios. Pero, ¿Qué rol jugó Trotsky en la guerra civil española?

“En el momento en que escribimos, la guerra civil española no ha terminado aún. Los obreros del mundo entero esperan ansiosos la noticia de la victoria del proletariado español. Si, como esperamos, esta victoria llega a producirse, será preciso decir que esta vez los obreros, han vencido a pesar de que su dirección hiciese todo lo posible para preparar su derrota. Por eso mismo, ¡mayor gloria para los obreros españoles!”
 
(León Trotsky, Primeras lecciones de España)
 
“La victoria no es el fruto maduro de la "madurez" del proletariado. La victoria es una tarea estratégica.”
 
(León Trotsky, Clase Partido y Dirección)

La guerra civil española comienza con el levantamiento fascista, dirigido por el General Francisco Franco contra la República de España. El 17 de julio se subleva la guarnición de Melilla, en el Marruecos español. Los coroneles y oficiales golpistas trazan el plan para ocupar los edificios públicos, todo esto en coordinación con los dirigentes de la falange, partido fascista fundado por Miguel Primo de Rivera. Era un golpe preparado con mucha anterioridad por militares de alto rango y las familias más poderosas de España, quienes se inspiraban en los acontecimientos protagonizados en la Alemania de Hitler y la Italia fascista de Musollini. Los burgueses republicanos temían un proceso revolucionario y lo intentaron extinguir buscando hacerse del poder, pero el golpe fascista terminó desencadenando la resistencia revolucionaria de los obreros y la improvisación del armamento militar, haciendo fracasar la acción militar después de duros enfrentamientos en donde tuvo importante victorias en La Flota, Barcelona, Madrid, Málaga, el país Vasco y Valencia, pero también derrotas en Navarra, Sevilla, Zaragoza, Oviedo y Andalucía. Estas se debieron principalmente a que las autoridades del “Frente Popular” se negaron hasta el último momento a armar a los obreros cuando estos las exigían para defenderse de la ofensiva fascista.

La política de los frentes populares fue votada en el VII Congreso de la Internacional Comunista en 1935, dirigida por la burocracia estalinista, y planteaba la “unidad”, es decir, la conciliación y subordinación a partidos “progresistas” y “democráticos” de la pequeño burguesía, para luchar contra el fascismo. En España el frente popular logró ganar las elecciones parlamentarias el 16 de febrero de 1936. Estuvo compuesto por grandes partidos de masas como los socialistas, el Partido Comunista Español (PCE), los republicanos y la socialdemocracia. Algunos años más tarde se uniría el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), y las organizaciones anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo- Federación Anarquista Ibérica (CNT-FAI) quienes tendrían sus propios ministros en el gobierno Catalán de la Generalitat, renegando de todas las tradiciones anarquistas y la visión particular sobre la toma del poder. El frente popular no solo se encargó de postergar la reforma agraria para los campesinos en España, sino que su protección de la propiedad privada entraba en conflicto directo con la toma de fábricas y los servicios de trasporte, los cuales se encontraban bajo control obrero

La resistencia al fascismo creó de forma inmediata diversas organizaciones de combate como las milicias obreras, las patrullas de control, los diversos comités que buscaban unificar las filas del proletariado español. Se comienza a crear una situación de dualidad de poderes de distintas magnitudes según las regiones.

En los lugares de trabajo, los obreros establecen el principio, “¡A igual trabajo, igual salario!”. Pese a su poca experiencia los comités de fábrica y los sindicatos hacen andar una nueva economía. Ante la grave crisis económica, los obreros demostraron que existía una salida a sus problemas cotidianos como el hambre y el desempleo.

“Las masas, en el mismo movimiento que les lleva al combate, liquidan los problemas de la sociedad española, aportando sus soluciones, acabando con las fuerzas de represión, cuerpo de policía, ejército, autoridades tradicionales – la iglesia en primer lugar – se apoderan de las fábricas y de las tierras y comienzan a ejercer directamente el poder a través de sus comités”. [1]

Si bien los trabajadores no pudieron anticipar el golpe que se orquestaba, esto se debió en parte al rol que jugaron ambas fracciones que dirigían el movimiento obrero: la socialista y la anarco sindicalista. Tanto su subordinación al frente popular como su concepción del Estado, volvía sus acciones impotentes para que el poder pasara definitivamente a manos de los trabajadores.

Trotsky y la guerra civil española

En los acontecimientos de 1936, el revolucionario ruso León Trotsky se encontraba preso en Noruega, luego de años de exilio y persecución por la camarilla burocrática de Stalin y su policía secreta (GPU). El mismo año se desarrollan los “Juicios de Moscú”, abriendo paso a uno de los peores episodios de la URRS, en donde los viejos militantes bolcheviques, compañeros de Lenin en la revolución de 1917, fueron empujados a confesiones terribles, en medio de torturas, masacrados y finalmente asesinados.

Para Trotsky, el golpe fascista en España solo confirmaba su pronóstico y el del naciente movimiento por la IV internacional.

“La burguesía quiere su revancha. Los estados mayores del gran capital están preparando deliberadamente un nuevo conflicto social que sin duda, desde el principio, asumirá la forma de una provocación o una serie de provocación en gran escala contra los obreros Al mismo tiempo, las “disueltas” organizaciones fascistas hacen sus preparativos febriles. El choque de los dos bandos, en Francia, Bélgica y España es absolutamente inevitable. Cuanto más intentos hagan los dirigentes del Frente Popular por “conciliar” los antagonismos de clase y frenar la lucha revolucionaria, más explosivo y convulsivo será su carácter en el futuro inmediato, más sacrificios exigirá y el proletariado se encontrará más indefenso ante el fascismo.” [2]

El Frente Popular se negó a preparar la lucha contra el complot y el levantamiento que desencadenarían el inicio de la guerra civil, confiando precisamente en el ejército que luego se sumaría a la contrarrevolución. Para Stalin, la política del socialismo en un solo país significa la revolución socialista en ningún país. Toda revolución que fuese victoriosa ponía en peligro la tranquilidad de la burocracia soviética.

A comienzos de agosto se da la posibilidad de que Trotsky pueda ser refugiado en Cataluña, pero las presiones sobre el gobierno noruego por parte de Stalin, las amenazas del nazismo, y el comienzo de los procesos de Moscú, cierran la posibilidad del viaje. Por esta razón, el 26 de agosto Trotsky debe cesar su correspondencia con los combatientes en España.

Para Trotsky la respuesta del proletariado español demostraba que era posible conquistar una salida revolucionaria a la crisis capitalista mundial y dar una respuesta a los grandes problemas históricos que se presentan ante el proletariado español, resolviendo las demandas democráticas y avanzando a la transformación socialista de la sociedad. Para eso debía estar trazada la perspectiva de ponerle fin al orden capitalista en Europa, venciendo al fascismo en Italia, y al nazismo en Alemania. Era posible frenar la marcha a la segunda guerra mundial y sus atrocidades, pero para esto se hacía urgente la necesidad de construir partidos revolucionarios.

El POUM, ¿pudo llegar a ser ese partido revolucionario?

El POUM era un partido centrista (oscilaba entre la reforma y la revolución), nace de la fusión entre el Bloque Obrero y Campesino (BOC) y la Izquierda Comunista Española (ICE) en 1935. Entre sus principales dirigentes se encontraban Andrés Nin y Joaquín Maurin.

Trotsky tiene diferencias con el POUM desde un comienzo en las posiciones adoptadas en su congreso fundacional. La ICE, que tuvo vínculos con la Oposición de Izquierda Internacional, se negaba a la oportunidad de ganar sectores del Partido Socialista Obrero Español que se radicalizaban cada vez más, haciendo una rápida experiencia al calor de los procesos revolucionarios, y por el contrario, se disponía a establecer un partido en común, a través de un acuerdo formal con el BOC, que en 1934 hizo un llamado de confianza a los trabajadores a plegarse al gobierno de la Generalitat. “Y es que el POUM no sólo es centrista por su historia, las posiciones adoptadas por su congreso de unificación, su heterogeneidad, el carácter a menudo contradictorio de sus posturas de una semana a otra, las dudas y las divisiones de sus dirigentes y sus consejeros, lo es también por las oposiciones y los contrastes que nacen entre sus diferentes federaciones: de hecho, hay varios POUM”, escribe el historiador Pierre Broué. De hecho, el local del POUM en Madrid estaba decorado con un gran retrato de Trotsky y afiches que rememoraban las hazañas de octubre.

Esto se da precisamente por la composición y la tradición que tenían las filas del POUM en las distintas regiones donde se dio la fusión con antiguos integrantes de la ICE. El rol que jugaron los militantes del POUM en Madrid en el asalto al cuartel de Montaña, fue al grito de “¡Viva Trotsky!”. Su pasión y dinamismo se ganaron la confianza de jóvenes trabajadores españoles. Rechazan los crímenes cometidos en los procesos de Moscú, reproduian artículos de Trotsky, denuncian el carácter burgués del gobierno de Giral y Largo Caballero, y el papel contrarrevolucionario del estalinismo. En septiembre de 1936, el “Batallón Lenin” conformado por el POUM en Madrid, contará con más de 500 milicianos, doblando sus números las semanas próximas. Ante esto, rápidamente la Juventud Socialista Unificada (JSU) acusa al “grupúsculo” de trotskistas de Madrid, de intentar dividir a la juventud. El 21 de octubre hay incidentes contra los locales de Madrid acusándolos de ser agentes del fascismo.

Esta ala del POUM se diferencia a la federación de Levante, en donde Luis Portela afirmó que “En nuestro partido hay una corriente que lleva una política que realmente no es la nuestra. Esta corriente, que actúa fundamentalmente como fracción, está representada sobre todo por la sección de Madrid.” El periódico levantino del POUM escribe, “El gobierno de la República es la expresión de la voluntad de las masas populares, encarnada por sus partidos y organizaciones”. Tildan al grupo de Madrid como, “enemigos dentro de sus propias filas”. Estas discrepancias internas frente a los problemas de la revolución, dan cuenta que la posición de Trotsky sobre la fusión que dio origen al POUM, era la correcta.

Esta debilidad con el curso de los meses terminará mostrando la capitulación del POUM a los gobiernos contrarrevolucionarios en Cataluña, quienes renuncian conscientemente a ser parte de la dirección revolucionaria en España.

En un artículo titulado “Clase, Partido y Dirección”, Trotsky pone al centro del pensamiento estratégico, la necesidad de un partido revolucionario de la clase obrera:

“Es cierto que en el curso de una revolución, es decir, cuando los acontecimientos se suceden a un ritmo acelerado, un partido débil puede convertirse en un partido poderoso, con la única condición de que comprenda con lucidez el curso de la revolución y de que posea cuadros probados que no se dejen exaltar por las palabras o aterrorizar por la represión. Pero es necesario que un partido de estas condiciones exista desde mucho antes de la revolución en la medida en que el proceso de formación de cuadros exige plazos considerables y que la revolución no deja tiempo para ello.” [3]

El rol que juega una dirección de un partido revolucionario en una situación revolucionaria es crucial para el triunfo de la revolución. Esta es una lección clave para enfrentar los desafíos actuales, y es que un partido revolucionario no se construye de la noche a la mañana, sus cuadros políticos, la confianza que va conquistando a través de cada lucha en el movimiento de masas, en la vanguardia obrera y juvenil, permiten que la organización y sus integrantes se puedan ir probando ante los grandes desafíos que pone por delante la lucha por la revolución social.

El fin de la guerra civil en España

LA CNT-FAI y el POUM, ya venían siendo parte de la colaboración gubernamental el 26 de septiembre de 1936. En noviembre 4 ministros anarquistas entraron al Gobierno central.

Andrés Nin, antes de ser expulsado de la Generalitat, disolvió el Comité Local y los Tribunales populares de Lleida, reinstaurando el viejo ayuntamiento.

Pese a la subordinación al Frente Popular por parte del POUM y la CNT anarquista, los obreros españoles continuaron protagonizando resistencias heroicas como la ocurrida en Barcelona en mayo de 1937, en donde los obreros armados en sus trincheras, defendían las conquistas que amenazaba con arrebatárselas el fascismo y la burguesía republicana de la mano del estalinismo. A esta resistencia la CNT-FAI se mostró contraria, llamando a deponer la lucha, la cual tuvo su final después de 6 días de combate, destruyendo la posibilidad de vencer al fascismo en la guerra civil y perdiendo toda perspectiva revolucionaria en el horizonte.

Lecciones para las luchas actuales

El ataque franquista que daba inicio a la guerra civil española, buscaba echar abajo el Gobierno de la Segunda República, pero también acabar con la fuerte organización de los obreros españoles. El golpe fue truncado por la organización revolucionaria de los obreros y pudo transformarse en una respuesta para frenar la segunda guerra mundial.

El rol desempeñado por León Trotsky fue fundamental para los obreros, viejos y jóvenes, que se negaron a callar ante la burocracia estalinista. Las luchas políticas con las organizaciones de la época y sus dirigentes, constituyen una fuente de lecciones estratégicas que podemos rescatar para nuestros combates actuales.

La entrega de muchos obreros e intelectuales a la lucha revolucionaria en España, sembraron el camino lleno de enseñanzas cruciales para pensar los grandes desafíos que nos proponemos los revolucionarios. La necesidad de poner en pie una organización, con un programa y una estrategia revolucionaria, se vuelve una tarea urgente para quienes se propongan pelear por una verdadera salida a la crisis capitalista, y la construcción de una sociedad socialista.

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NOTAS AL PIE

[1Pierre Broué, Trotsky y la guerra civil en España.

[2Parte de las tesis adoptadas en la Conferencia Internacional de Ginebra del movimiento por la IV internacional, en julio de 1936.

[3Trotsky, L. Clase, Partido y Dirección.
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