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Tres palitos que pisó Dujovne en su defensa del acuerdo con el FMI

Si bien la lista podría ser interminable, sólo tres frases bastan para que queden al descubierto las inconsistencias del relato económico oficial y el total desprecio del ministro de Hacienda y Finanzas por los trabajadores y "los más vulnerables".

Lucía Ruiz

@LucuRuiz

Miércoles 4 de julio | Edición del día

El ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, se presentó ayer ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa del Congreso Nacional, para "dar explicaciones" sobre el acuerdo firmado por el gobierno nacional con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que condiciona a la economía a un severo plan de ajuste.

Sin embargo, las explicaciones "te las debo". En su lugar, abundaron libretos ya escuchados y repeticiones de datos que poco respondieron a las preguntas más comprometedoras de la tarde.

El ministro intentó construir un mundo de fantasía en el que los funcionarios piensan en "la gente" y traen soluciones ante las dificultades de un mundo cambiante en el que "pasan cosas". Algunas de las frases más destacadas de este relato fueron:

1) #Extorsión: Si no hubiésemos ido al FMI el ajuste "hubiera sido salvaje"

Dujovne sostiene que el endeudamiento público, y en este caso con el FMI, permite continuar un cierto "gradualismo" en el ajuste y que, de no haberlo tomado, las medidas de ajuste fiscal y recorte del gasto público deberían haber sido mucho más drásticas.

Así, señaló que "pensamos que estamos evitando una recesión, no provocando, sabiendo que vamos a crecer menos de lo que íbamos a crecer pero no producto del acuerdo sino del cambio en las condiciones".

"La Argentina recibe apoyo financiero para mantener su programa económico. No venimos a destapar una olla como ha pasado en el pasado o en otros países. Y estamos convencidos que era la mejor alternativa para evitar una crisis", remarcó.

Y frente a otra pregunta agregó: "Costo social hubiera sido tener que converger en un superávit fiscal porque el ajuste que tendríamos que haber hecho hubiera sido dramático".

Pero como puede sospecharse, se trata de una verdadera extorsión al pueblo trabajador. Las dos alternativas que tiene para ofrecer esta lógica es: ajuste, o más ajuste. El primero, inscripto en el programa económico del gobierno (en el cual el FMI no habría impuesto ninguna condicionalidad, sólo un "apoyo"), es decir, un programa de supuesto "ajuste gradual", que se garantizaría con el préstamo del organismo.

Este "gradualismo" consiste en un ataque brutal al salario real mediante la devaluación de más de 50 % y la inflación de más del 30 %, reducción del salario, tarifazos, despidos en el sector público (como ahora en Télam y vialidad nacional, política de "ingreso cero", despidos de 10.000 asistentes técnicos a fin de año) recorte del gasto en aproximadamente $ 200.000 millones anuales, freno a la economía, caída del consumo, pérdida de empleos.

A decir verdad, más bien de aquello a lo que llamaron "gradualismo", no queda nada.

El otro ajuste, aquel fantasma del miedo que quiere traer el ministro Dujovne, el supuesto "ajuste salvaje" que debería hacerse si no se hubiese acudido a la deuda y al FMI, es sencillamente una extorsión y una mentira. Lo opuesto a tomar deuda es no tomarla, y no tomar deuda debe acompañarse necesariamente de medidas de "ajuste salvaje" pero no a los trabajadores, sino a quienes ocasionaron esta crisis: a los especuladores financieros, a los grupos económicos, al capital concentrado, la banca, las empresas privatizadas de servicios públicos que lucraron con los subsidios y las tarifas, los agroexportadores, entre los más importantes.

Esta opción es claramente el verdadero fantasma al que le teme el gobierno y sus empresarios representados.

2) #Inconsistencia: El acuerdo con el FMI "no aumenta la deuda" porque era deuda que se iba a tomar de todos modos con privados

Hasta para el escolar de primaria todo nuevo emprestito aumenta la deuda, y más si se trata nada más y nada menos que de U$S 50.000 millones.

"Salvo", señala Dujovne, que ya se de por descontado que se iba a tomar un volumen determinado de deuda y entonces no se trataría de un aumento, sino un cambio de acreedores. Incluso, el discurso oficial es que habríamos salido "favorecidos" porque el endeudamiento con el FMI es más barato que el privado.

Muy bien, hasta aquí la respuesta del gobierno tiene lógica formal. Pero no por ello tiene un lógica social ni política. El propio ex ministro Caputo, hoy presidente del Banco Central, había afirmado antes de la corrida cambiaria que ya estaban cubiertas las necesidades de financiamiento para todo el año, es decir, que no hacía falta nueva deuda (siempre en su lógica de para qué se usa la deuda).

Entonces, o bien la deuda no se iba a tomar de todos modos, o bien alguno de los dos ministros no dijo la verdad.

Frente a esta inconsistencia, Dujovne señala que en este período "cambiaron las condiciones" por "la volatilidad de los mercados" internacionales", lo que desembocó en la decisión de hacerse de nuevos fondos "a tasas muy bajas" de manos del FMI, como condición para "mantener el programa económico".

La acusación a los mercados internacionales no termina de explicar por qué Argentina es el único país que sufrió una espectacular corrida cambiaria que dura más de 2 meses y aún no está controlada, resultando en una devaluación profunda de la moneda y de los salarios. Más bien, como es de público conocimiento, la recurrencia al FMI no fue una elección racional entre tasas de interés "más baratas", sino un manotazo de ahogado frente al fracaso de la política económica que hipoteca el futuro de las generaciones venideras.

Vale aclarar que "lo barato sale caro". Porque lo que es "barato" para los especuladores financieros a los que se les garantizan las ganancias de las Lebac y la bicicleta financiera, es caro para el pueblo trabajador que deberá cargar con el peso de la deuda. Y porque el destino de la deuda no será otro que seguir pagando intereses de deuda a los acreedores y proveer los dólares para la fuga de capitales.

En ambos casos, sea deuda pública o sea con el FMI, ningún trabajador votó llegar a fin de 2018 con una deuda pública acumulada de U$S 380.000 millones. No por nada en las cuatro horas de exposición el ministro se cuidó bien de contestar cuál es el ratio entre Deuda y PBI.

Como "perla" de este cinismo, el ministro contestó a la pregunta de Nicolás Del Caño (FIT) sobre quienes son los tenedores de Lebac que hicieron millonarias ganancias con el esquema económico de altas tasas de interés, afirmando que "no conozco los nombres de los tenedores, es información que está en CNV (Comisión Nacional de Valores) pero no es pública". Pues bien, entonces lo saben, porque la CNV está bajo la órbita del Poder Ejecutivo.

Y no sólo lo saben, sino que ellos mismos, como el propio Caputo, contaron con información privilegiada para retirarse del negocio antes de que estalle.

3) #Mentira: "el salario real agregado (promedio) no perdió"

Este aspecto sólo necesita remitirse a los datos y es fácilmente desmentido. El propio organismo oficial al que refiere Dujovne, el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) publicó esta semana el resultado de los indicadores en los que se demuestra un deterioro del salario real, de 3 puntos sólo en 2018, incluso en valores "promedio" o agregados, como señala Dujovne.

Asimismo, de acuerdo a las estimaciones de la junta interna de trabajadores de ATE en el Indec, el salario promedio de los trabajadores registrados está aún más de 4 % por debajo del poder adquisitivo que tenían en noviembre de 2015.

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El ministro aclara que "puede haber situaciones" pero en el agregado los salarios no perdieron. No sólo lo primero es desmentido en los datos de los párrafos precedentes, sino que esas "situaciones" son precisamente las que refieren a su propio personal, el de la Administración Pública Nacional. Los estatales, como señaló el diputado Del Caño, son los que más están perdiendo frente a la inflación, con una paritaria de 15 % en cuotas firmada por el propio gobierno nacional que permite este deterioro ante un 30 % de inflación.

En este contexto, el ministro Dujovne agregó otra afirmación sin desperdicio: "la indexación por UVA es claramente protectivo de las familias argentinas". Según sus cálculos, las familias trabajadoras que pudieron acceder a un crédito UVA no fueron perjudicadas por la escalada del dólar, ya que si vendieran actualmente la vivienda que adquirieron con el préstamo antes de la devaluación podrían pagar el total del crédito.

Brillante razonamiento, "sólo" que en este contexto económico en el que el crédito está parado es imposible vender la vivienda, y eso no garantiza, como afirma Dujovne, poder pagar el capital y los intereses. Y otro pequeño detalle, que si el objetivo de la familia es tener una vivienda, este "negocio", pensado con la lógica de un empresario y no de un trabajador, la dejaría en la calle. Para quienes no tienen otra que seguir pagando el crédito, los salarios están creciendo muy por detrás del valor de las cuotas. No hay ganancia, salvo para los bancos.

A falta de balances reales sobre la situación actual y sobre el fracaso evidente de las políticas económicas aplicadas que sólo favorecieron a un puñado de especuladores, el ministro continuó brindando una serie de promesas a futuro, reivindicando incluso un nuevo "lo peor ya pasó", varias veces escuchado en los dos años de gobierno macrista y jamás alcanzado. Una mancha no le hace nada al tigre, habrá pensado.

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