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Tres claves para entender los resultados de las elecciones en Chile

El domingo 19 se realizaron las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile. Los resultados fueron un verdadero sacudón y rompieron en tan solo unas horas el clima frio que había marcada la campaña.

Fabián Puelma

Egresado de Derecho U de Chile, Partido de Trabajadores Revolucionarios

Jueves 23 de noviembre | Edición del día

Foto: Radio UChile

Hubo dos sorpresas fundamentales. En primer lugar, el Frente Amplio, la coalición de izquierda referenciada en los nuevos fenómenos reformistas a nivel mundial como Podemos, logró una histórica votación. Su candidata presidencial, Beatriz Sánchez, llegó al 20% de los votos y la coalición obtuvo 20 diputados y un senador.

En segundo lugar, la derecha recibió un balde de agua fría. Aunque logró aumentar levemente su representación parlamentaria, Sebastián Piñera obtuvo menos de lo esperado. La segunda vuelta será con Alejandro Guillier, candidato que se autodefinió como el continuador de Michelle Bachelet, y el resultado del ballotage se encuentra completamente abierto.

Aunque resulta fundamental saber quién será el próximo presidente de Chile para hacer un análisis más acabado del panorama político chileno, lo cierto es que los resultados de este domingo ya marcan un punto de inflexión. El sistema de partidos que dominó desde el fin de la dictadura sufrió un cambio profundo. El bipartidismo se hundió y el parlamento estará compuesto por tres fuerzas: la derecha, la socialdemocracia y el neo reformismo.

Estas son algunas de las claves para entender los resultados del domingo pasado y las perspectivas que abren.

Un tapabocas al triunfalismo y la ofensiva ideológica de la derecha

La votación de Sebastián Piñera fue bastante menor de la esperada. Muchos incluso pensaban que éste podía ganar en primera vuelta. Pero lo cierto es que la votación del candidato de Chile Vamos, sumada a la del pinochetista José Antonio Kast (que sorprendió al ubicarse en cuarto lugar con un 8%), no supera la votación histórica de la derecha. Por otro lado, aunque la derecha logró aumentar un par de escaños parlamentarios, no conquistó la mayoría en ninguna de las dos cámaras.

La derecha y los grandes empresarios, tanto a nivel nacional como internacional, habían desplegado una campaña ideológica rabiosa y triunfalista. La popularidad de Piñera en las encuestas demostraba, según ellos, que en Chile se vivía un viraje tranquilo hacia la derecha (como celebraba El País), que la mayoría rechazaba las reformas, que la “modernización capitalista” había triunfado, etc.

Pero lo que quedó claro es que la derecha es solo la primera minoría. Y más importante aún, la emergencia y consolidación del Frente Amplio demuestra inequívocamente que la reconfiguración del mapa político no tiene un signo unidireccional, sino polar. Y que muchos votantes decepcionados con la Nueva Mayoría no la abandonaron por derecha o pidiendo moderación, sino que se volcaron hacia el Frente Amplio respaldando reclamos como el fin al sistema privado de pensiones y la educación gratuita.

De esta forma, aunque se mantiene totalmente abierta la posibilidad de que Piñera vuelva al gobierno, la derecha no será hegemónica y por izquierda se intensificarán los fenómenos políticos y sociales.

El Frente Amplio: un neo reformismo que se consolida en Latinoamérica

El debilitamiento de los partidos del “extremo centro” y la emergencia de nuevos fenómenos políticos por izquierda y por derecha es una tendencia que se ha dado en diversos países del mundo. En Latinoamérica, sin embargo, lo que ha primado es el fortalecimiento de las derechas regionales, producto de la crisis de los proyectos post neoliberales que tuvieron su auge a principios de este siglo. De todas formas, en un contexto de incertidumbre económica y política a nivel internacional, esos gobiernos de derecha son inestables.

En Chile esa inestabilidad se vio en los límites a la derechización que describimos y la emergencia del Frente Amplio como nuevo fenómeno reformista. La coalición de izquierda es una de las expresiones políticas -sobre todo de las capas medias- que arrojó el Chile del 2011, es decir, un país con fuerte protagonismo de la calle, que ha cuestionado los aspectos más irritantes de la herencia de la dictadura y ha abierto una crisis en el régimen político.

Con una bancada de 20 diputados (que representa un 13% del parlamento), un senador y una candidata presidencial que sacó solo dos puntos menos que Alejandro Guillier, el Frente Amplio se consolida como tercera fuerza nacional. La coalición dirigida por Giorgio Jackson, ex dirigente estudiantil, reúne a organizaciones de izquierda, humanistas, progresistas, liberales, entre otros.

Hoy enfrenta una prueba de fuego: ¿apoyará al candidato de la Nueva Mayoría en segunda vuelta? Por ahora, todo indica que realizarán un llamado explícito o implícito a favor de Guillier, pero aún prima la postura de no participar de su eventual gobierno. El Frente Amplio desplegó una campaña que, aunque de izquierda, fue bastante moderada, centrada en la necesidad de una renovación política. A su vez, los grandes ganadores de la jornada fueron los sectores moderados del Frente Amplio con Revolución Democrática a la cabeza y sus sectores de izquierda salieron golpeados al no ganar ningún puesto.

Por lo mismo, si bien el Frente Amplio emerge como el principal referente de izquierda, hay muchos de sus votantes que no se sienten identificados con la política de Giorgio Jackson. Aunque en otra escala, la importante votación del Partido de Trabajadores Revolucionarios (parte de la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional), que desplegó candidaturas anticapitalistas en Santiago y Antofagasta, constituye una base importante para impulsar un proyecto obrero y socialista en miras de construir un partido revolucionario de la clase trabajadora en Chile.

Las candidaturas anticapitalistas, además de presentar un programa transicional, desarrollaron un discurso político claro respecto al Frente Amplio, en el sentido de dar cuenta que la apuesta estratégica de esta coalición se centra en realizar un pacto entre la izquierda y el progresismo patronal para empujar reformas parciales, camino que históricamente ha caracterizado al Partido Comunista y que durante años ha llevado a fracasos y frustraciones.

En su primera experiencia electoral, el PTR obtuvo 13 mil votos a nivel nacional, con Dauno Totoro llegando al 1,7% del principal distrito del país, y con una lista parlamentaria en Antofagasta que obtuvo casi el 3% de la región.

Fin del bipartidismo, el hundimiento del centro y las tendencias a la polarización política

Otro de los datos claves de las elecciones fue el hundimiento del centro político. La Democracia Cristiana, que decidió presentar por primera vez a una candidata propia por fuera de un acuerdo con el Partido Socialista, quedó especialmente golpeada. Su presidenciable Carolina Goic salió quinta y la DC retrocedió en su representación parlamentaria. Los grupos de centro que surgieron fruto de quiebres con la derecha tuvieron peores resultados aún. A su vez, figuras históricas de la vieja Concertación perdieron la reelección y Ricardo Lagos quedó sepultado como líder de una eventual reconfiguración de la centro-izquierda basada en el eje PS-DC.

El parlamento quedó dividido en tres grandes bloques: la derecha con Chile Vamos, la socialdemocracia patronal representada por el PS y el PP, y el neo reformismo del Frente Amplio. El hundimiento del centro, la inesperada votación de José Antonio Kast (ex dirigente de la UDI, pinochetista declarado y quien lanzó su candidatura con apoyo de la “familia militar”) y la consolidación del Frente Amplio, delinean un mapa político polarizado en donde el clásico bipartidismo noventista se terminó.

Los resultados de la segunda vuelta terminarán de completar el escenario. Pero lo que es seguro es que se abre una nueva etapa en la historia política de Chile, que en lo inmediato estará marcada por la inestabilidad política, la falta de una hegemonía política clara y un nuevo impulso del debate al interior de la izquierda. Estas brechas pueden ser un caldo de cultivo para la re emergencia de los fenómenos de lucha de clases y movilización, con un movimiento estudiantil que si bien viene en retroceso, no ha sido derrotado, y un movimiento obrero marcado por el debilitamiento de sus direcciones históricas.








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