Internacional

Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión, la “OTAN del comercio”

Los presidentes de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Estado español y el presidente de la Comisión Europea reafirmaron en la reunión del G-20 su “compromiso” para avanzar en el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés). En varios países de Europa se han realizado movilizaciones contrarias a este acuerdo.

Carlos Muro

@muro_87

Viernes 28 de noviembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Reuters]]

Durante 2014 EEUU y la UE trataron de llegar a un acuerdo en negociaciones secretas, pero aún sin éxito. En abril de este año Barack Obama decía “hoy lanzamos las negociaciones para lograr un amplio acuerdo transatlántico con la Unión Europea, que creará millones de empleos”. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea decía “Daremos forma a la mayor zona de libre comercio del mundo”.

El TTIP es lo que analistas y académicos llaman “la OTAN del comercio” o “el Leviatán atlántico”. Un acuerdo entre dos bloques que representan un tercio de los intercambios comerciales del mundo a pesar del estancamiento de la última década, como señaló el informe de impacto económico de la Comisión europea.

El anuncio “con bombos y platillos” realizado por Obama estimaba que se crearían unos 400.00 nuevos puestos de trabajo y en particular en el Estado español unos 140.000.
Pero, como alertó el mayor sindicato de EEUU (AFL-CIO) si se sigue el ejemplo del NAFTA (el acuerdo de libre comercio entre EEUU, Canadá y México) las perspectivas no son nada halagüeñas. “NAFTA fue un fracaso en términos de creación de empleo. Dio mucho poder a las superestructuras globales y muy poco a la población. Su resultado ha sido más negativo que positivo” comentaba Celeste Drake, especialista en Políticas de Comercio de AFL-CIO.

El TTIP es un tratado entre los dos principales bloques económicos del mundo, que pretende garantizar mayores beneficios a las empresas a costa de los trabajadores.

Dando una mayor libertad en materia laboral, aumentando el grado de explotación y precarización del trabajo, implementando más medidas neoliberales, y la libertad de gestión de servicios públicos (incluida la gestión de hospitales públicos).

La idea de un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE no es nueva. Como señala un artículo del Diario.es, el intento de establecer un acuerdo transatlántico entre ambos bloques se remonta a 1990 entre el presidente norteamericano George Bush, Giulio Andreotti, primer ministro italiano, y Jacques Delors presidente de la Comisión Europea. En 1998 se volvió a intentar, pero no fue hasta 2007 que se creó el Consejo Económico Transatlántico. En febrero de 2013 Obama, Rompuy y Barroso inician las negociaciones para un posible acuerdo.

Ninguno de los encuentros establecidos llegaron a un resultado, y éste no parece que de momento vaya a ser distinto.

Los declaraciones y fotografías públicas en Brisbane durante el G-20 fueron más bien una cortina de humo de cara a la opinión pública para tratar de mostrar que los principales líderes del mundo pueden llegar a acuerdos pacíficos, como si no tuvieran choques comerciales de ningún tipo.

La realidad es bien distinta. El intento de desarrollar mayores bloques o áreas de libre comercio tiene una gran dificultad ya que chocan los intereses de los diferentes lobbys empresariales de cada lado del atlántico.

En este sentido, uno de los principales desacuerdos entre Obama y Merkel son las llamadas Investor-State Dispute Settlement (ISDS) que tratan de cláusulas en los acuerdos de libre comercio que permiten a los inversores privados denunciar a un gobierno por presunto perjuicio y llevarlo a cortes de arbitraje internacional en vez de acudir a los sistema de justicia de cada país.

En Europa varios estudios señalan http://www.google.com/url?q=http%3A... que la aplicación del TTIP traería como consecuencia la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo, reducciones salariales, daños irreversibles sobre el medio ambiente, imposición de alimentos transgénicos y privatización de servicios públicos.







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