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Tras la destitución de Rajoy, ¿qué se puede esperar de un Gobierno del PSOE?

Con el voto del PNV a favor de la moción de censura, se define la suerte de Rajoy. El PSOE busca una restauración en clave "progre", con el aval también de Podemos e IU como salida a la crisis.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Jueves 31 de mayo | 14:32

Finalmente la incógnita sobre la posición de voto del PNV (Partido Nacionalista Vasco) ha sido aclarada por su portavoz, Aitor Esteban, en su intervención en el debate de este jueves sobre la moción de censura contra el gobierno del PP: votaran “Sí”. Los cinco diputados vascos estaban aún en duda y resultaban imprescindibles para superar la barrera de los 175 “síes” mañana viernes, y lograr así que Pedro Sánchez sustituya a Mariano Rajoy en la Moncloa.

Durante toda la mañana las intervenciones del portavoz del PSOE (Partido Socialista), José Luis Ábalos, y el mismo candidato Sánchez, han buscado en todo momento “seducir” a la derecha vasca y catalana, y aparentemente lo ha conseguido.

A los del PNV les ha bastado con el compromiso de mantener los presupuestos aprobados con sus votos, los de la derecha canaria, Cs y el PP. Unas cuentas de ajuste, en la línea de las políticas de Zapatero y Rajoy desde el inicio de la crisis, que ha sido el único punto concreto del programa de gobierno que se ha desvelado: continuidad en las políticas antiobreras y antipopulares que demandan la Troika y la patronal.

Al PDeCAT (Partido Demócrata Europeo Catalán) y a ERC (Izquierda Republicana de Cataluña, según su sigla en catalán), que han sido y son la dirección del llamado “procés”, les ha bastado con que el posible próximo presidente del gobierno haya prometido restablecer el diálogo con la Generalitat y se haya mostrado más duro de lo habitual contra el PP (Partido Popular) y su política hacia Cataluña desde el recurso al Estatut.

Sánchez no ha dicho ni una palabra sobre si mantendrá o no el pre155 que supone el control financiero de las cuentas catalanas –y que hace solo unos días acordó con el PP y Cs mantener- o qué piensa hacer respecto a los presos políticos y exiliados. Aunque los justificó defendiendo a la Justicia y sentenciando que "no hay presos políticos", respondiendo a Joan Tardá de ERC.

El PP y Cs (Ciudadanos), como era de esperar, han puesto el grito en el cielo y han acusado al PSOE de pactar con quienes quieren “romper España”. Una discusión acalorada en los términos que, esta vez sí, podría estar sacando a la luz una posible fisura en el, desde el 1-O, firme bloque monárquico.

Sin embargo, ¿podemos decir que se mueve el PSOE hacia una aceptación de la plurinacionalidad y el respeto al derecho de autodeterminación? Así podrían soñarlo algunas mentes febriles del procesismo catalán. Pero, nada más lejos de la realidad. Su apoyo leal al gobierno del PP ante el 1-O y la aplicación del 155 ha sido y sigue siendo reivindicada por Sánchez, así como su compromiso con la unidad territorial y la legalidad constitucional que la blinda.

Aun así, no se puede descartar que lo que hoy ha anunciado Sánchez en el atril de las Cortes sea algo más que un “quítate tú para ponerme yo”, que también lo es, y represente un proyecto de restauración del Régimen del 78 en una clave y con unos agentes diferentes a la que viene representando el PP, Cs y la Corona, y de la que ellos han sido parte.

Que sea otro proyecto, que contará además con el entusiasta apoyo de Podemos, IU y hasta EH-Bildu (Reunir Euskal Herria en euskera), no quiere decir que sea una alternativa para la clase trabajadora, los sectores populares y los derechos democráticos de las naciones que integran el Estado español.

Las políticas económicas y sociales seguirán encorsetadas por el artículo 135, las directrices de la Troika y la defensa de las ganancias de los capitalistas –también de los vascos y los catalanes- por encima de nuestras condiciones de vida, trabajo o derechos sociales básicos como la vivienda, la educación o la sanidad.

Esto es así, no solo por el mantenimiento de los presupuestos, sino porque atendiendo al currículum del PSOE y de sus socios con condiciones del PNV y el PDeCAT –ya que la izquierda reformista se ubica, como con Zapatero, como sostén incondicional de los social-liberales frente a la derecha- desahucios exprés, abaratamiento del despido y precariedad laboral seguirán siendo las señas de identidad del nuevo gobierno.

Se podrá pensar que, aunque en este plano todo vaya a seguir igual –revalidando aquel lema del 15M de “PSOE y PP, la misma mierda es” del que hoy los diputados y diputadas de Unidos Podemos ya no se acuerdan- al menos se conseguirá desencallar la crisis catalana y encontrar alguna vía de diálogo y negociación.

Es posible, pero ¿hacia dónde se dirigirá esa negociación? Hacia dar respuesta a la aspiración democrática del pueblo catalán para decidir su relación con el resto del Estado está claro que no. A paralizar la escalada represiva tampoco. El poder y autonomía otorgado al Partido Judicial hace que éste juegue sus propias cartas: un “hacer pagar” el desafío independentista con difícil retorno.

Lo más probable, aunque es solo una hipótesis, es una negociación de la financiación autonómica en términos no tan punitivos con Catalunya como esperaba hacer el PP y Cs y, tal vez, a un nuevo Estatut catalán que recupere parte de lo recortado por el Constitucional. Hacia ahí apunta Sánchez con sus referencias al Estatut recortado por el Constitucional.

Es decir, el PSOE extiende la mano a Torra, el PDeCAT y ERC, para ofrecerles el camino que hasta hoy bloqueaba el PP y Cs’ para su ansiada vuelta a la normalidad autonomista desde la aplicación del 155.

Se trataría en este caso, de un intento diferente de lograr una restauración del Régimen del 78. No en la clave conservadora y recentralizadora que ha imperado hasta ahora, si no con un rostro más “progre” y de respeto al marco autonómico con el que ya millones de catalanes han expresado su voluntat de romper.

Como todo intento de restauración, sus fines últimos no distan de los que ha encarnado el gobierno del PP: que el Estado y sus instituciones recobren la legitimidad perdida, con un nuevo gobierno capaz de seguir aplicando las políticas fundamentales y el mantenimiento del “atado y bien atado” en el terreno territorial.

Las recetas y parte del contenido pueden ser distintas, pero el fondo es igual de reaccionario: aparcar definitivamente las grandes demandes democráticas y sociales que se vienen expresando desde 2011 como reacción a la crisis, los planes de ajuste y el fin del “consenso” del 78.

Este nuevo proyecto de restauración está por verse si se concreta. No se puede descartar que el discurso de Sánchez hayan sido meros fuegos artificiales para ganar los votos de los nacionalistas vascos y catalanes, y en pocas semanas o meses vuelva a la ruta centralitzadora y a la reconfiguración del régimen con estos históricos aliados en los márgenes.

Dificultades para asentarse no le van a faltar. Recrear una nueva legitimidad y resolver la crisis de representación no es una tarea sencilla, sobre todo cuando las bases materiales de la crisis orgánica del Régimen del 78 –el empobrecimiento de amplias capas de la clase obrera y sectores populares- están lejos de revertirse. Que su programa económico sea el mismo que el del PP, presupuestos incluidos, deja claro que los social-liberales, esta vez acompañados de Podemos e IU, nos darán un nuevo ejemplo de un gobierno de “izquierdas” aplicando las políticas del IBEX35 y la Troika.

Pero a estas dificultades por abajo se suman otras por arriba. Si lo de Sánchez de hoy se termina plasmando en una hoja de ruta diferente a la del PP, ésta va a tener en frente a la derecha política –la vieja y la nueva de Ciudadanos-, buena parte del Partido Judicial –a la cabeza de la guerra contra el independentismo- y es posible que hasta a la misma Corona –la jefa del golpe del 155-, aunque esto está por verse. Felipe VI se comprometió cerradamente con la restauración conservadora de Rajoy desde el 3 de octubre, pero no sería la primera vez que un Borbón cambia de parecer por el bien y la preservación de su dinastía.

Por otro lado, la principal fortaleza para que este intento de restauración “progre” pueda avanzar está en la debilidad de la crisis por abajo. El rol desmovilizador de la burocracia sindical, la izquierda reformista y la dirección burguesa del movimiento democrático catalán, concentra toda la escena en los movimientos y negociaciones de palacio. La clase trabajadora, los sectores populares y el pueblo catalán son meros convidados de piedra.

Que hoy Podemos, IU y ERC sean parte del coro que aúpa a la Moncloa a Sánchez para regenerar el régimen heredero de la Dictadura, el que dejó más de 1.000 heridos el 1-O, que mantiene decenas de presos políticos y exiliados, el que ha descargado la crisis capitalista sobre nuestros hombros de forma brutal... muestra la urgencia de construir una izquierda independiente de estos agentes –nuevos y viejos- del régimen, que pelee porque la clase trabajadora salga a escena y retomar la lucha por imponer verdaderos procesos constituyentes en todo el Estado.

Si la discusión por arriba es sobre las recetas para evitar el naufragio del Régimen del 78, desde la izquierda y la clase trabajadora tenemos que construir una alternativa para acabar con él y abrir el camino a constituir repúblicas de trabajadores libremente federadas.







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