SEMANARIO

Trapero: la quietud, el amor y el espanto

Celina Demarchi

cine

Sobre la última película de Pablo Trapero.

En su noveno largometraje, Pablo Trapero vuelve con un melodrama sobre los lazos de una familia de la oligarquía en decadencia. A raíz de un ACV que sufre el padre (Isidoro Tolcachir) en medio de una audiencia a la que asiste en la que se investiga el origen de sus propiedades, la hermana mayor, Eugenia (Bérénice Bejo), llega al país desde París, donde vive, y se reúne con su hermana menor Mía (Martina Gusmán) y su madre Esmeralda (Graciela Borges) en la casa familiar, La Quietud, una estancia suntuosa y llena de secretos que se irán revelando con el correr de la película. La historia gira alrededor de las dos hermanas y la madre de ambas. La narración la lleva Mía en todo el film.

Esmeralda es una materfamilias, rígida, autoritaria y castigadora, que guarda secretos familiares inconfesables y que mantiene una relación tirante con Mía, y muestra una preferencia notable por la hija pródiga recién llegada al país. Mía que tiene un amor, rayano con la idolatría, por su padre. Potente Graciela Borges en los momentos más dramáticos y con un buen manejo del sarcasmo, como se puede ver en la escena en que entra a la habitación de su esposo en coma.

La quietud aborda muchos temas: la maternidad, la infidelidad, la envidia, los hijos no deseados, el amor, el aborto, el patriarcado y las relaciones familiares. Parecería ser que nadie en esta casa vive la vida que quisiera y no saben bien hacia dónde orientarse.

Si la intención de Trapero, como declaró en un reportaje concedido a un diario de Córdoba, es incursionar en el universo femenino (si es que este universo existe, ya que sería algo insondable planteado en esos términos), lo que muestra es, al menos, pobre o limitado a un sector casi minoritario. Busca y logra incomodar con algunas escenas con un fuerte contenido sexual como la escena en que las chicas se masturban. Pero estas dos hermanas no tienen muchos proyectos más allá de compartir el amor por un mismo hombre y el deseo de ser madres y no mucho más. Un universo femenino que de universal no tiene mucho.

Los personajes masculinos Vincent, la pareja de Eugenia a cargo del venezolano Edgar Ramírez (La chica del tren) y Esteban, el letrado de la familia (Joaquín Furriel siempre preciso en el tono) son secundarios. Aparecerán para mostrar la relación que establecen Mía y Eugenia a partir de ellos y desaparecerán porque simplemente la trama gira en torno a la relación de estas dos hermanas.

Trapero se aleja del Trapero de Mundo Grúa, El bonaerense o Leoneras y se acerca más al de El Clan, por el entramado familiar y el corte intimista, pero ya de una clase más alta que la que mostraba en El Clan. Las dos hermanas no trabajan y dependen económicamente de sus padres, enriquecidos con bienes robados a detenidos desaparecidos, un padre embajador en Francia en la última dictadura y estas chicas que no cuestionan mucho el origen de tanto confort.

El mérito de la película radica en la belleza visual, en los excelentes planos secuencia que auguran tormentas que Trapero maneja de una manera incuestionable. El plano secuencia del principio de Mía entrando en la casa es remarcable. En la superficie todo está bien pero hay una tensa calma que estalla en algunos momentos y esto está muy bien logrado. El guión carece de sutilezas y matices. Los conflictos entre las hermanas y la madre se resuelven con cierta psicología de manual, machista y vetusta. Algunos momentos de humor contrarrestan el drama que en ocasiones está en el límite con el ridículo. La belleza del paisaje, los colores, contrastan con el clima que hay en el interior de la casa, lúgubre, pesado y lleno de mentiras y secretos. Las paredes chorrean hipocresía.

La quietud, un film que recuerda esas viejas películas de casas grandes y opulentas que encierran secretos que inquietan.

FICHA TÉCNICA:
Guión y dirección: Pablo Trapero
Elenco: Martina Gusman, Bérénice Bejo, Graciela Borges, Edgar Ramírez y Joaquín Furriel
Fotografía: Diego Dussuel
Música: Papamusic
Edición: Alejandro Brodersohn y Pablo Trapero
Dirección de arte: Cristina Nigro
Sonido: Federico Esquerro

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Celina Demarchi

Nació en Berisso, provincia de Buenos Aires. Docente y actriz, participa en la sección Cultura y en distintas producciones audiovisuales de La Izquierda Diario.
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