Política

ANÁLISIS POLÍTICO

Transición “desordenada” y crisis política

Lo que empezó como una disputa por el lugar y la entrega de los atributos presidenciales, derivó en una crisis política inédita. Mauricio Macri jurará frente a un Congreso con muchos lugares vacíos.

Fernando Rosso

@RossoFer

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Jueves 10 de diciembre de 2015 | Edición del día

El llamado “Partido Judicial”, tantas veces vilipendiado en el discurso oficial, fue el que terminó adelantando la entrega formal del poder a Federico Pinedo (PRO) para el minuto cero del día de hoy. El senador de Cambiemos se convirtió así en un insólito presidente "de transición", que no tiene ningún ministro a su cargo y cuyo mandato tendrá una duración de apenas 12 horas. El primer "presidente cautelar", elegido por un solo voto (el de la jueza Servini de Cubría) o dos, si se cuenta el del fiscal Di Lello que había hecho lugar a la medida cautelar presentada por Mauricio Macri.

Precisamente por esa medida, el "Partido Judicial" fue puesto nuevamente en el centro de las críticas por parte de Cristina Fernández este miércoles por la tarde, en los dos discursos de despedida que brindó en la Casa Rosada y frente a decenas de miles de militantes y adherentes en la Plaza de Mayo.

Ante la disputa que comenzó por el lugar de la sucesión presidencial y la entrega de los atributos, la coalición Cambiemos terminó jugando “fuerte” con la presentación ante la justicia de una medida cautelar que primero fue avalada por el fiscal electoral Jorge Di Lello y, posteriormente, por la jueza María Romilda Servini de Cubría.

El intento de mostrar “poder”, luego del ajustado triunfo en las urnas y la necesidad de garantizar una transición en orden que le aporte fortaleza para avanzar en el ajuste que exige el gran capital, fue lo que empujó a esta apelación a la corporación judicial.

El fallo inédito y jurídicamente muy endeble por donde se lo mire, significó un mensaje de alerta para Cristina Fernández, que respondió “radicalizando” el enfrentamiento y buscando vaciar la sesión de la Asamblea Legislativa en la que jurará Macri. Mientras los diputados kirchneristas anunciaron que no participarán de la jura (aunque no está garantizada, ni mucho menos, la ausencia de todos), en el Senado, el jefe de bloque oficialista, Miguel Pichetto, dio “libertad de acción” ante la imposibilidad de llegar a un consenso.

Diversos hechos de los últimos días mostraron varios mensajes “amigables” de la corporación judicial hacia el nuevo titular del Poder Ejecutivo.

El fallo que limita el decreto presidencial que ordenaba la devolución del 15% de coparticipación a las provincias; el progresivo fin de las causas contra Macri por espionaje ilegal y, finalmente, el fallo que limitó el poder de Cristina Fernández, al último minuto de este miércoles; son parte de los elementos que apuntan en dirección a esa “sintonía fina”.

El macrismo, a las puertas de asumir el poder, mostró adelantadamente las “cartas” de una estrategia política que le permita que el eje del debate público pase por una avanzada judicial contra los miembros de la administración saliente (para la que el kirchnerismo hizo muchos “méritos”), y simular el ajuste que ya está en curso por la delicada situación de la economía.

Una realidad que es una consecuencia del agotamiento del “modelo” y exclusiva responsabilidad del oficialismo saliente, y que Macri pretende “solucionar” con un ajuste. Un plan que, con matices, también se proponía aplicar el candidato oficialista Daniel Scioli (como lo “confiesan” hoy fuera de la campaña electoral, sus asesores económicos como Miguel Bein)

Precisamente, la virulenta respuesta del kirchnerismo puede deberse a una medida “defensiva” ante esa eventual “santa alianza” que derive en una andanada de causas judiciales en su contra.

El contragolpe kirchnerista llevó al enfrentamiento hacia los extremos. Mauricio Macri jurará ante un Congreso cuya bancada de oposición mayoritaria tendrá gran cantidad de legisladores ausentes. Un hecho inédito, que se registra por primera vez desde el retorno del régimen democrático.

Ambas camarillas en disputa aumentan su desprestigio por el escándalo bochornoso en el marco de una situación en la que existen problemas más urgentes para las grandes mayorías populares, con la inflación como cuestión central.

El cristinismo radicalizado se desprestigia por aumentar su “beligerancia” por una cuestión formal, en momentos que tiene que retirarse del poder. Pero el macrismo, ve limitado de entrada su discurso “republicano” y de consenso, que mostraba como parte esencial de su capital y perfil político.

Cristina Fernández pelea su lugar como “jefa” de la oposición a un gobierno que ganó por la mínima diferencia. Pero el macrismo, inaugura su gobierno con una crisis, cuando tiene la responsabilidad de la administración en un marco nacional (e internacional) adverso.

Será justicia

La entrada de Néstor Kirchner en la arena de la política nacional en 2003 tuvo, entre sus objetivos, la tarea de recomponer las maltrechas instituciones del régimen político. En pos de ese fin, la Justicia fue puesta en el centro de los cuestionamientos con los ataques contra la Corte Suprema menemista y el cambio de sus figuras más recalcitrantes.

Pero una vez depurados los funcionarios más cuestionados, el conjunto de la casta mantuvo intactos sus privilegios. El kirchnerismo peleó en el terreno del discurso, pero sin tomar ninguna medida esencial que, efectivamente, terminara con el poder de una corporación que se había mantenido casi intacta desde el período de la dictadura.

Cómo en muchos otros ámbitos (los medios, el “campo”), el kirchnerismo sufre las consecuencias de los propios límites que le impuso en la realidad a su discurso contra la “corporaciones”. Produjo más relato del que el “proyecto” estaba dispuesto a bancar.

El peronismo en disputa

La “despedida” de Cristina Fernández, hablando ante decenas de miles de personas y reivindicando el conjunto de lo que busca presentar como su “legado”, tiene el objetivo también de terciar en la disputa al interior del peronismo, luego de la derrota del balotaje.

Allí compite –hoy en alianza con Daniel Scioli- con referentes como Juan Manuel Urtubey, el joven gobernador salteño, que busca hegemonizar el espacio de la debilitada “liga de los gobernadores” del peronismo tradicional. Se trata de un hombre estrechamente ligado al gran capital. Su carácter de gobernador “feudal” le permite conformar un combo que lo hace “digerible” para el resto de los gobernadores provinciales pero pone un límite al progresismo que lo “bancó”, sólo mientras pudo darle gobernabilidad al “proyecto”.

Otros peronistas como Omar Perotti de Santa Fe, también muestran su perfil de “renovadores” que pugnan por “republicanizar” al peronismo. Y no puede obviarse la “interna” con el sector del peronismo que responde a Sergio Massa.

Sin embargo, lo que une hoy forzadamente al grueso del espacio peronista no es el amor, sino el espanto de “renovarse” y aggiornarse a la vera de un gobierno (el de Macri) que tiene unos cuántos obstáculos para terminar imponiendo con relativo éxito un ajuste inevitable.

La suerte de las distintas tendencias del peronismo están íntimamente relacionadas con los éxitos o fracasos del gobierno de Cambiemos.

La gobernabilidad y el futuro

Hasta el momento el kirchnerismo vino actuando como garante de la gobernabilidad futura del macrismo. El mismo Héctor Recalde se encargó de confirmarlo en la conferencia de prensa de este miércoles.

Desde la “cesión” de un ministro (Lino Barañao), pasando por las reuniones que cada ministro o secretario tiene con su sucesor, hasta haber apoyado a Emilio Monzó como titular de la Cámara de Diputados, todo aparece como concesiones en aras de la “gobernabilidad” que el kirchnerismo plantea garantizar.

Sin embargo, la “santa alianza” entre el macrismo y el “Partido Judicial” pone límites a esta colaboración. El “vamos por todo” del macrismo puede haber significado un primer error de cálculo en un país burgués en el que “subirse al caballo” es, a esta altura, un deporte nacional.

La escena política transita un momento de incertidumbre, lejos de la transición “ordenada” que el macrismo solicitaba y el kirchnerismo hacía alarde de ofrecer.

Estas reyertas de camarillas no tienen nada que ver con los intereses urgentes y esenciales de las grandes mayorías obreras y populares. Por eso el Frente de Izquierda mantendrá su posición independiente y convocará a los trabajadores, a las mujeres y a la juventud a discutir y organizar la resistencia al ajuste.







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