Política México

BARBARIE CAPITALISTA

Trabajo y explotación infantil: luchar por el porvenir de nuestra clase

Para que la emancipación de la infancia no sea un "piadoso deseo" y sí fuerza motriz en el camino de emancipación de la humanidad, es preciso ganar para la niñez y la juventud el derecho a la educación, al esparcimiento, al deporte y a la cultura.

Nancy Cázares

@NancyCornejoCaz

Miércoles 9 de mayo | 18:50

Imagen portada: Rexiste.org

Hace 151 años Marx describió en El capital la manera en que la utilización de la maquinaria en la industria permitió emplear obreros "sin fuerza muscular o sin un desarrollo físico completo", dando paso a ese "primer grito" del uso capitalista de los avances de la ciencia y la tecnología.

Lejos de servir al progreso de la humanidad, "aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros, se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del número de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital", continúa Marx.

Así, a la par de la feminización de la fuerza del trabajo, el trabajo infantil se ofreció ventajoso para los capitalistas, quienes encontraron en él mano de obra fácilmente desechable, además de barata. El trabajo, que como manifestación de una fuerza natural para el humano debiera ser un medio de transformación de la sociedad y funcionar como instrumento de educación para ese joven que encarna el porvenir de su clase, se convirtió en su verdugo.

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El paradigma de la visión tutelar, esa que implica ausencia de garantías para los derechos de los menores por considerarlos innecesarios o inconvenientes por suponer que son incapaces de ejercerlos, deja en manos y criterio de adultos y jueces el destino de quienes ante la ley no tienen derecho a votar, pero sí pueden ser explotados, enjuiciados y condenados a prisión.

La explotación del trabajo infantil existe porque es altamente lucrativo para los patrones mantener un ejército de trabajadores sin derechos y para con quienes no tiene ningún tipo de obligación.

Niños jornaleros de San Quintín

Hasta 2017 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calculaba que por todo el mundo 115 millones de niños trabajaban en condiciones de peligro en sectores como la agricultura, la minería, la construcción y la manufactura, así como en la industria de servicios, comercios y en trabajo doméstico.

El Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, sostienen que en México hay 3.6 millones de menores trabajadores de entre 5 y 17 años (la mitad de la reportada para América Latina y el Caribe).

El Estado de México, Jalisco y Puebla son las tres entidades que concentran mayor población de menores trabajadores.

La respuesta del Estado, cuando no ha sido de abierta complicidad y naturalización ante la explotación del trabajo infantil, ha sido la "prohibición" y la imposición de sanciones para quienes empleen a menores.

El incremento desmedido de este ejército de reserva orilla a familias enteras a recurrir al trabajo informal o a la migración. Medidas como las reformas estructurales, impuestas a sangre y fuego por el régimen, y la pérdida gradual de derechos y conquistas, empeoran las condiciones de vida de millones.

Celdas o fosas

La explotación laboral no es el único riesgo que asoma a la niñez en México. La descomposición social producto, entre otras cosas, del enraizamiento del crimen organizado y la política de militarización de la llamada guerra contra el narcotráfico, ha traído desde hace más de 10 años un boom en las cifras de lo que llaman "menores infractores". Así mismo, ha habido un sensible incremento en el número de menores asesinados de forma violenta en México.

En los últimos diez años de la "guerra", más de 12 mil niñas y niños menores de 12 meses y hasta 17 años fueron asesinados. De los más de 30 mil desaparecidos reconocidos de forma oficial, al menos 18% son niñas, niños y adolescentes.

El Estado de México, Colima, Guerrero, Jalisco y la Ciudad de México concentran las cifras más altas de estos crímenes. Según destaca un informe del INEGI, los asesinatos de menores se presentan, principalmente, en entidades en donde se mantiene un despliegue de las fuerzas armadas.

Víctimas de la enorme descomposición social y del rezago que tiene a más de 4 millones de niños fuera del sistema educativo y a otros 600 mil en riesgo de abandonarlo (según cifras de la Unicef), miles de menores son reclutados, voluntaria o involuntariamente para sumarse a las filas del hampa como uno de sus eslabones más débiles.

Pese a que organizaciones como Cauce Ciudadano desde 2013 habían alertado de al menos 75 mil menores integrados a grupos de delincuencia organizada y otras, como la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) han documentado el destino de muchos de estos menores y la relación de este fenómeno con el inicio de la guerra contra el narcotráfico, las leyes mexicanas no persiguen el delito de reclutamiento forzado de menores.

En 2017, la ONU alertó sobre el reclutamiento forzado de niños y jóvenes indígenas, particularmente en estados como Guerrero, Chihuahua y Chiapas. El promedio de vida de los menores en los carteles de crimen organizado es de tres años, según el Centro Binacional de Derechos Humanos de Tijuana. En el sexenio de Enrique Peña Nieto fueron detenidos casi 500 menores de 18 años acusados de secuestro.

Como respuesta, el Estado mexicano ha aprobado medidas como la Ley General del Sistema Integral de Justicia para Adolescentes, en donde se avala el internamiento "preventivo" en cárceles de menores desde los 14 años, apenas dos más que el mínimo en Israel para los menores palestinos y dos años menos que Brasil, que en 2015 redujo la edad penal de 18 a 16 años.

Según un informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), 57% de los menores de entre 14 y 18 años recluidos en cárceles mexicanas asegura haber sido golpeado o torturado por elementos de la Policía y las fuerzas armadas al momento de su detención.

Niños, trabajadores migrantes

El fenómeno migratorio protagonizado durante los últimos años por miles de migrantes que desde México y más allá de su frontera sur buscan cruzar hacia Estados Unidos huyendo de la precarización y la violencia, ha impactado de manera importante en la población infantil.

A nivel regional, la crisis de pobreza y violencia que obliga a miles de familias a migrar, es la misma que, en el caso de los menores migrantes que viajan solos, les hizo emprender la travesía. Según señala la Unicef, reunirse con sus familiares o, por el contrario, huir de la violencia familiar y la explotación sexual son otros de los motivos de migración en menores. Cada año más de 40 mil niños y niñas mexicanas son repatriados a México desde Estados Unidos. 18 mil de éstos viajan solos.

A su vez, en los últimos diez años, las autoridades mexicanas han sido responsables de la detención y deportación de un promedio de 2 mil 500 y 5 mil 700 menores anualmente. Los países de origen son regularmente Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.

El desplazamiento forzado es otra de las consecuencias de las políticas de hambre y miseria implementadas por los gobiernos en turno bajo la batuta de Estados Unidos.

Mientras en tiempos electorales los candidatos y sus partidos hacen promesas vacías de felicidad a la niñez, aspectos fundamentales como el acceso a la salud o a una vivienda digna no están garantizados para todos. Por el contrario, el proyecto privatizador de la salud ha puesto a grandes franjas de la población en una situación de vulnerabilidad que es mayor en el caso de los niños.

Candidatos como Margarita Zavala firman "Pactos por la infancia", mientras familiares y víctimas del incendio de la guardería ABC continúan exigiendo justicia.

Leer: ¿Es posible salvar a la juventud sin tocar al narco y los empresarios?

Instituciones como la Iglesia toleran casos de abuso sexual que en nuestro país han dejado huella con casos como los de Marcial Maciel o "la Ciudad de los niños", en Salamanca, Guanajuato, en donde la tortura, la violencia, desapariciones, embarazos adolescentes entre otros crímenes eran cotidianos para cientos de menores bajo la custodia religiosa.

Sin ninguna garantía para acceder a la justicia, esta es la realidad para un sector (de 0 a 17 años) que representa un 32.4% de la población en México.

Niño reforzando una barricada en Oaxaca, 2006.

Luchar por el porvenir de nuestra clase

Tiénese a la infancia por la época más feliz de la vida. ¿Lo es, realmente? No lo es más que para algunos, muy pocos. Este mito romántico de la niñez tiene su origen en la literatura tradicional de los privilegiados [...] Para la inmensa mayoría de los hombres, si por acaso vuelven los ojos hacia aquellos años, la niñez es la evocación de una época sombría, llena de hambre y de sujeción. La vida descarga sus golpes sobre el débil, y nadie más débil que el niño. (León Trotsky, Mi Vida)

Es necesario defender los derechos de los niños. De cara a esta situación políticos como Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, promueven campañas como la de "becarios sí, sicarios no". Propuestas como esta invisibilizan una larga serie de deficiencias estructurales y reducen el problema del acceso a la educación, la precarización y la integración al crimen organizado a un por demás insuficiente "apoyo" de menos de 3 mil 500 pesos en el mejor de los casos.

En este proceso electoral, la única candidatura que plantea el reclamo para la juventud el derecho a la educación, al esparcimiento, al deporte y a la cultura, así como la promoción de un proyecto de ley que disminuya la edad para votar a 16 años es la de Anticapitalistas al Congreso, conformada por la maestra Sulem Estrada y la trabajadora de la UNAM Miriam Hernández.

Educación pública y gratuita para todos los niños. Abolición del trabajo infantil en su forma actual. (Manifiesto del Partido Comunista, 1848).

Sólo conquistando para la niñez y la juventud estos derechos es que podremos poner fin efectivamente a este sistema gobernado por ricos que construyen sus ganancias a costa de la vida de millones. Como dice Marx, "es preciso preservar a los niños y los jóvenes contra los efectos destructivos del sistema vigente". Para que la emancipación de la infancia no sea un "piadoso deseo" y sí fuerza motriz en el camino de emancipación de la humanidad.

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