Juventud

PANDEMIA Y PRECARIZACIÓN

Trabajo en ONG y call centers: precarización y furia de una joven “descartable”

Tengo 23 años y desde que salí del colegio tuve 11 trabajos. Somos material descartable para las empresas y todos los gobiernos. Nos estamos organizando.

Josefina García

Estudiante de la Universidad Nacional de Artes (UNA)

Martes 28 de abril | 20:42

Tengo 23 años y desde que salí del colegio tuve 11 trabajos. O sea que tuve en promedio casi dos trabajos por año. La mayoría fueron bajo el esclavizante convenio de Comercio, sindicato que dirige Armando Cavalieri. Podríamos decir que fueron todos trabajos -y le calza perfecto el nombre- basura.

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Mi primer trabajo fue en un local de ropa para la época de navidad y año nuevo, cuando todavía era menor de edad, en el 2014. Trabajaba 10 horas y un día trabajé 11. Claramente esa hora de más no me la pagaron. Cobraba 200 pesos por día. Recuerdo ese trabajo como el que me inició en mi adicción al cigarrillo, adicción que venero mucho por aliviarme en todos los momentos de stress que me genera laburar: que una persona que atendés te conteste mal, que el jefe te rete, etc. Pero que también es un círculo vicioso en esta vida insalubre, esta vida que no es vida.

Luego vinieron las ONG’s. Quiero detenerme aquí porque es donde empezaron los laburos tercerizados, en relación de dependencia. Pero antes hay algo que está muy naturalizado y es verdaderamente un horror con el que convivimos. Las páginas de internet para buscar laburo. A veces me imagino un empleado de recursos humanos comiéndose un sánguche de milanesa de medio metro y tomándose una cocuchi mientras va filtrando los más de 20 mil currículums que le deben llegar por día, para un puestucho de dos mangos. Pero en fin, si vas a buscar trabajo por Internet es muy importante que sigas los siguientes pasos:

1) No seas mujer.
2) Tratá de tener 20 años, una carrera como económicas de la UBA completa y 5 años de experiencia, mínimo.
3) Más te vale que tengas ganas de trabajar.
4) Ojalá tengas un armario con ropa muy fea porque te van a querer meter la camiseta de la empresa a toda costa.

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Bueno, cuestión que a las ONG les dan más o menos lo mismo estas reglas y hacen publicaciones del tipo “¿te interesa salvar a la humanidad?”, entonces vos que querés tener un trabajo de medio tiempo para poder estudiar, te anotás. Y te llaman porque lo que más le gusta a esta gente es la carne fresca, se alimentan de eso. Bueno básicamente te contratan por 2 o 3 meses para no tener que pagarte indemnización y en algunos casos por 15 días. En muchos casos te tienen como 3 días en capacitación, que si no la pasás no te la pagan. Lo que sigue son días de calor parados en la calle, insolados, intentando sacarle hasta el último peso a jubiladas y trabajadorxs de todo tipo, dinero que no entendés a dónde va pero tus patrones de una forma muy celeste te dicen que es “para salvar vidas”. Y la perorata sigue. Lo que hay que decir es que muchas empresas lavan impuestos con este tipo de organizaciones.

Lo mejor de este trabajo fue haber tenido una compañera con la que nos íbamos a tomar una birra después de trabajar y charlábamos. Yo le decía (quizás sin entender por qué lo estaba diciendo) que lo que más quería políticamente era terminar con la burocracia sindical y pasábamos horas debatiendo de política y preguntándonos si daríamos la vida por nuestras ideas. Es una militante y actual compañera mía de la Juventud del PTS. Y sí, porque esas ideas son el deseo fehaciente de realizar una vida de verdad y no esta miseria prehistórica donde apenas podemos garantizarnos la supervivencia, si tenemos suerte.

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Cuando finalmente me echaron de la última ONG, vino un largo período de desocupación. Esto quiere decir que también es un período de trabajos cortos, que te prueban en una semana y luego te descartan, sin registrar y que te pagan por horas.

Y acá viene la parte II de la vida de un ser descartable: los Call Centers. Siempre me dio cosa trabajar ahí porque veía a mis amigos quemadísimos de la cabeza cuando salían. Pero bueno, de algo hay que comer y nos mandamos a trabajar ahí. Una anécdota memorable es en una entrevista de trabajo para un Call que queda por la calle Florida. Nos plantearon que teníamos 15 días de capacitación en las que teníamos que hacer tareas en nuestras casas y que si la pasábamos nos pagaban y sino, no nos pagaban nada. Ah, y si te pagaban, iba a ser menos, no ibas a cobrar el sueldo completo. Bueno, como decía, mi entrada al fantástico mundo de los Call centers es algo que no me voy a olvidar nunca. Nos hacían dejar el celular en la entrada, teníamos solo 10 minutos de break. El baño nunca estaba limpio y corrían las cucarachas por los boxes. El señor que cuidaba los celulares aguardaba adentro mientras se fumaba sus cigarrillos en ese sótano cerrado en el que estábamos todos amuchados. Trabajábamos todos los días de la semana con solo un franco rotativo que tenía que caer sí o sí día de semana. Cuando tenía la vincha puesta no solo hablaba con el cliente sino que tenía a mi supervisora diciéndome qué tenía que decir por la vincha misma. Una vez me gritaron y me maltrataron por querer ir a buscar mi recibo de sueldo.

A veces tengo pesadillas que ocurren en ese ambiente. Este prototipo de infierno del Siglo XXI es Tevecompras, señoras y señores. Tenía que convencer a la gente de comprar baratijas muy muy caras, de esas que ven las señoras desveladas a las 4 AM creyendo que son ofertas pero es todo mentira. Y lo que tenía que decir… más que horrendo: “Señora con esta mierda va a estar más flaca”, “señora con esta otra mierda va a sentirse más joven y bella”, por suerte con mis compañeras nos podíamos reír de eso…

Esbocé un pedazo de mi vida (el de los últimos 5 años) mientras cursamos una de las crisis más terribles del capitalismo. Siendo militante revolucionaria nunca imaginé cómo sería o mismo que me iba a tocar vivir una situación así, para la que me vengo preparando junto a mis camaradas hace años. Que tiemblen los Ginobilis porque les pibes de las hamburguesas, de las bicicletas, de los call centers, se están enojando más de lo que esperaban.

Y bueno, ahora sigo siendo trabajadora de Call. Vi a mi supervisora diciéndome: “no le hables a la gente como si tuvieras un arma en la cabeza”. Vi a mis compañeros enojados por el hostigamiento patronal de todos los días. Vi a gerentes diciéndole a las madres que tenían que dejar solos a sus hijos y salir a la calle a contagiarse de coronavirus. Vi compañeros desesperados por no tener ni una herramienta para trabajar desde la casa. Es que nuestros trabajos son así, no sabés si lo vas a tener mañana. Somos material descartable para los patrones. Lo que ellos no saben es algo muy importante: nos estamos organizando y estamos sosteniendo un cuchillo entre los dientes.







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