Mundo Obrero

CÓRDOBA/CORONAVIRUS

Trabajar en un cementerio en tiempos de pandemia

¿Cómo es trabajar en los cementerios municipales cotidianamente? ¿Quiénes son los trabajadores que conviven con la muerte día a día y en qué condiciones lo hacen? ¿Qué pasa cuando a esta ecuación le sumamos la precariedad y la falta de insumos? ¿Y si además le sumamos el contexto de una pandemia? Todas las respuestas en este estremecedor relato que un trabajador municipal nos hizo llegar y que compartimos con nuestros lectores.

Jueves 14 de mayo | 23:16

Vamos hacer un ejercicio, trataremos de abstraernos de la pandemia del coronavirus que es de público conocimiento y haremos el intento de explicar: ¿Cómo es trabajar en un cementerio? Perdón, ¿En qué
consiste trabajar con la muerte todos los días?

Lo primero que te pasa es la estigmatización, en cualquier lugar, no importa el estrato social, educación o situación económica, basta que digas que trabajás en un cementerio para que te devuelvan automáticamente
caras de asco, y se incremente rededor tuyo la distancia entre vos y las personas, ni les cuento cuando aclarás que es un cementerio municipal, esto es lo menos problemático, casi anecdótico.

Vamos a lo que importa, nosotros trabajamos con fallecidos, o sea muertos, en lo cual lo menos problemático es la inhumación, o sea el entierro en fosa o la colocación del féretro en nicho cuando mueren. Pero eso no es lo único que se hace con los fallecidos, pasado un tiempo establecido por ordenanza, esos restos que en un principio llegaron en un féretro totalmente hermético y cerrado, ahora son un féretro totalmente deteriorado, oxidado y con algo que no cambia: sigue teniendo restos óseos con liquido cadavérico y tejidos, y a eso ahora hay que reducirlo, trasladarlo, es decir, hay que exhumarlo, sacarlo, y la manera de hacer esto es manual, se entiende, con la mano a escasos centímetro del féretro o lo que quedó de éste.

Todos se imaginaran y creerán que en función de las
características de este trabajo, las medidas de bioseguridad deben ser extremadamente rigurosas, a los fines de proteger al empleado que lleva adelante esa actividad, pero la realidad dista mucho de eso. Dependiendo de la época y los vientos políticos, pasamos de contar con lo mínimo necesario a
muchas veces no tener nada, yo sé que dicho así no suena tan terrible, pero déjenme darles un baño de realidad, de muy dura realidad.

Arranquemos por el principio, fallece una persona y el
Servicio Funerario Municipal lo tiene que ir a buscar a una casa o a un hospital, si los compañeros andan con suerte tendrán puestos guantes aunque sea de
látex, cuando no son tiempos de bonanza el cuerpo hay que moverlo, tocarlo y cargarlo a mano limpia, ojo el COVID-19 no es la única enfermedad infecto
contagiosa, para el COVID hay protocolo, para las otras no. Es de destacar la experiencia inolvidable por la cual pasan los municipales cuando el retiro es en la morgue judicial y no les cuento cuando el fallecido lleva en ese lugar un mes, en ese estado hay que cargarlo ponerlo en un féretro y hasta muchas veces vestirlo, porque los familiares lo quieren velar aunque sea unas horas.

Logramos ponerlo en un féretro e ingresa a los cementerios, se lo coloca en fosa o nicho, si tenemos suerte y los féretros están perfectamente sellados lo volveremos a ver al menos y en promedio dentro de
10 años. Pero si el diablo metió la cola y no quedó bien sellado, el cajón se revienta y en el caso de los nichos comienza a despedir líquido cadavérico, lo cual es nauseabundo y necesita sí o sí ser exhumado y cambiado de cajón.

Ustedes dirán qué trabajo de mierda. Sí, sumale los vientos políticos. Acordate, si tenemos suerte contamos con lo mínimo e indispensable; si no, a mano limpia. En honor a la verdad lo que se debería hacer con guantes impermeables de vinilo, muchas veces se hace con guantes de descarne, que no son impermeables, son una fina capa de cuero que deja pasar automáticamente todo. A esto hay que sumarle que hace más de un año y medio que no nos dan la ropa adecuada, ni tampoco el calzado, como dictamina la ordenanza. Ni hablar de insumos generales, como el aceite para las bordeadoras, ni las máscaras protectoras, tampoco elementos para el mantenimiento, como palas, escobas, escobillas, por los cuales prácticamente tenemos que rogar y cuando llegan, llegan cuentagotas.

Pero todavía hay más, cuando el féretro es de la primera fila, o sea pegada al piso, no hay tanto desparramo. Ahora, cuando el féretro sale de la cuarta o quinta fila, muchas veces se produce que el cajón al inclinarlo lisa y llanamente se desfonde bañando de líquido cadavérico a todo lo que esté por debajo, que por lo general son empleados del cementerio. Que como y dijimos, no llevan la ropa específica que pide la ordenanza de Higiene y Salubridad, que tiene una tela especial para evitar el paso de gérmenes y cualquier patógeno que contengan los cuerpos. Acá no hay sofisticados sistemas mecánicos de ascenso y descenso de féretros, son escaleras oxidadas y es tracción a sangre.

De esta manera llegamos a promediar los 10 años y llega la tan ansiada cremación de los restos, se exhuman, ya te contamos el estado de los féretros y en cada inhumación para cremación puede pasar lo
anteriormente explicado. Pero bueno, cargamos todo en un camión y nos vamos de paseo en un camión feo directo al Cementerio San Vicente. Llegamos
y se descargan los restos, y ahí comienza otro periplo.

En el cementerio San Vicente se juntan dos casos, los restos que estuvieron en un nicho y son cremados y las cremaciones directas, es decir: inmediatamente fallecido y luego del velatorio se hace una cremación. El féretro tiene las mismas características, está sellado y en buen estado, pero resulta que acá entran en
juego todas la variables, muchas cremaciones directas son dejadas en el horno crematorio y los familiares no van más a hacer el trámite, pasa el tiempo y el
féretro se hincha, pasa más tiempo y el féretro explota, pierde líquido, hay que moverlo, limpiar. No te olvidés, no es lo mismo en tiempos de bonanza que en tiempos de vacas flacas, y cómo olvidar los días de 43 grados de sensación térmica en nuestros depósitos que no son refrigerados. Sí como leés, son habitaciones
comunes y silvestres, que con un féretro a esa temperatura, lo de silvestre es solo un vago recuerdo.
El olor es tan nauseabundo que se torna insoportable. Tal es así que uno que vez que lo respiraste y después tomás un trago de agua, ésta tiene sabor a podrido. Perdés el olfato, no percibís ningún olor, ningún perfume, ningún aroma. También se pierde el gusto, no podés saborear un comida, no se puede degustar nada.

Suponemos que a esta altura ya te podes imaginar en lo que consiste nuestro trabajo, ¿te lo pudiste imaginar? Bien, perfecto, ahora sumale a todo esto la pandemia del coronavirus, sumale que cuando buscamos un
fallecido que murió por neumonía en un hospital, como sucedió con esos dos casos en Buenos Aires, que en principio eran neumonía y que después de velarlos eran en realidad COVID-19.

Imaginate estar pensando que todos los días podés llevar la enfermedad a tu casa. Imaginate tener que ponerse a pelear con los familiares para que entiendan que solo 4 personas pueden acompañar el féretro. Imaginate ser insultado todos los días, porque según la creencia popular todos somos unos vagos. Imaginate lo que es muchas veces poner plata de tu bolsillo para comprar una resma de papel, un mouse, un teclado para poder hacer tu trabajo y poder atender al contribuyente. Porque nosotros nos tomamos en serio nuestro laburo y entendemos que la gente en esta situación necesita ser acompañada y respetada. Imaginate soportar la lógica depresión de todas y cada una de las personas que entran en nuestras oficinas. Imaginate escuchar todos esos problemas sin contar con una mínima, aunque sea mínima, asistencia psicológica. Imaginate escuchar al funcionario de turno jactarse de la brillante gestión que realiza en los cementerios, cuando muchas veces no tenemos ni escobas para barrer. En fin, imaginate el COVID-19 y los insumos escasos.

En todo este tiempo no hemos dejado de trabajar un solo día, entendemos que somos un eslabón de una importante cadena que está luchando por ganar una batalla en favor de la salud pública, en favor de la vida
de todos los cordobeses y por extensión de todos los argentinos. Pero al parecer nuestros representantes no piensan lo mismo y nos surgen algunas preguntas.

Nosotros nos preguntamos y sostenemos si en función de la pandemia por la que estamos pasando, que es a nivel global, y en función de la tarea que realizamos y cómo cobra relevancia en función de la pandemia, en
función de todo eso:

¿Qué clase de funcionario, mejor aún, qué clase de persona propone descuentos en los sueldo? ¿Qué clase de irresponsable juega de esa manera con la salud y la salubridad pública? ¿Cómo puede ser que funcionarios que dicen provenir del campo nacional y popular tomen estas medidas de corte liberal de la más pura cepa?
¿Cómo se puede tomar provecho de la situación reinante para de manera vil y rastrera y después de felicitarnos por el trabajo que estamos realizando, clavarnos esta puñalada cobarde por la espalda?
¿Peronistas persiguiendo policial y judicialmente a
trabajadores que reclaman por la disminución de sus salarios?

Preguntas que nos hacemos mientras nos preocupamos en ¿cómo vamos hacer para cumplir con nuestras obligaciones, entre insumos mínimos, grandes riesgos y trabajando en cementerios en tiempos de Llaryora?







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