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NO A LOS DESPIDOS

Trabajadores y trabajadoras de Gaelle enfrentan nueva amenaza de desalojo

Resisten el cierre y los despidos ilegales. Enfrentan a una patronal que no quiere siquiera pagar las indemnizaciones. El sindicato les da la espalda.

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Miércoles 7 de noviembre de 2018 | Edición del día

Foto: @noralopex (Instagram)

Trabajadores y trabajadoras de Gaelle, fábrica de calzado de la localidad de Avellaneda, concentraron este martes en la puerta de la fábrica. Según difundieron en un comunicado por la tarde, “hace algunas horas las autoridades judiciales volvieron a hacerse presentes en la planta de Mario Bravo amenazando con un posible desalojo. Los Trabajadores/as de Gaelle solo queremos trabajar, nos han despedido de manera ilegal con causas truchas”.

Desde mediados de septiembre mantienen su lucha contra el cierre y los despidos ilegales de la patronal. La empresa procedió al cierre sin haber presentado el Concurso Preventivo de Crisis de rigor. Se trata de 50 familias que quedan sin sustento.

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El 12 de septiembre Jorge Villalva, delegado de Gaelle, denunciaba con sus compañeros y compañeras el cierre trucho de la patronal ante los medios. La empresa decía que no podía seguir funcionando por la crisis económica. Cerró las persianas y dejó a todo el personal en la calle. Pero ellos y ellas sabían perfectamente que esa supuesta crisis no era tal. “Todos estos años les fue bien”, decía el delegado. La empresa no les quería pagar siquiera las indemnizaciones por despidos.

Este martes 6 de noviembre, casi dos meses después, circuló un video de la hija del dueño de la empresa, diciéndoles “ustedes no van a cobrar”. A lo largo de este conflicto, los trabajadores y las trabajadoras de Gaelle, han enfrentado a esta patronal que los trata con total desprecio y odio de clase.

Amenazas de desalojo, de represión y aprietes

Desde el primer día denunciaron que la empresa seguía produciendo en negro con otras personas y que despidió al personal con más antiguedad. “Lo único que pedimos es volver a trabajar, porque la empresa está tercerizando, está haciendo todo en negro; tenemos direcciones, hemos visto dónde lo hacen. La decisión que tomó el dueño de la empresa, que tenía trabajadores con una antigüedad de 35 o 45 años y sueldos con carga social, fue hacer todo en negro porque le salía muchísimo más barato, y despedirnos con una coartada en la cual decía que nosotros no queríamos trabajar”. Los dueños de la sociedad anónima son el empresario José Lópes, su hijo Hernán y su hija Giselle.

El 11 de septiembre recibieron la primera amenaza de desalojo al acampe. La bronca iba en aumento. El juez “nunca le mandó la policía al dueño de Gaelle cuando lo denunciamos por ejercer violencia contra nosotros", sentenciaron.

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El 2 de noviembre impidieron la salida de camiones, con los que la patronal procedía al vaciamiento de la fábrica. El personal policial amenazaba con reprimir para desalojar el lugar, pero se mantuvieron firmes y bloquearon los portones junto a organizaciones solidarias. Esa misma noche hombres armados atacaron el acampe. Provocaron destrozos e hirieron a trabajadores y trabajadoras.

Este martes 6 concentraron a las 20 h frente a la planta, ante una nueva amenaza de desalojo. Más temprano habían impedido el ingreso de Giselle Lópes, quien quiso entrar a la fábrica rodeada de policías. Ante el persistente bloqueo de despedidos y despedidas, la mujer insistió en su desprecio. “Ustedes no van a cobrar”, les gritó en la cara.

Como si la vida de esas personas y sus familias no valieran nada. Como si tuviera vía libre para pasar por encima de todas las leyes y cerrar de manera totalmente trucha. Como si pudiese elegir entre cumplir o no cumplir con la obligación de pagar las indemnizaciones. “Ustedes no van a cobrar”, les repitió con impunidad. “Nosotros no vamos a aflojar” fue su respuesta.

Resistiendo

A pesar del intento de amedrentamiento con una patota, de las amenazas de desalojo y represión, de la negativa para negociar de la patronal, de la falta de respuestas del Ministerio de Trabajo, trabajadores y trabajadoras de Gaelle siguen en pie de lucha.

Desde que comenzó el conflicto han protagonizado movilizaciones al Ministerio y cortes de calle. Sostienen el acampe con sus familias y el apoyo de la comunidad. Convocan a las organizaciones solidarias a acompañar su pelea.

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Defienden con uñas y dientes la fuente de trabajo. Ya han denunciado la farsa de la patronal que se llenó los bolsillos durante años de bonanza y ahora esgrime una crisis trucha. Lópes no quiere sacrificar ni un centavo de sus ganancias e intenta que sean los trabajadores los que afronten el costo de la crisis económica del país. La familia Lópes los acusa de boicotear el trabajo, como si no tuvieran ellos y ellas el mayor interés por preservar la fuente de alimento para sus propias familias.

A todo esto, el sindicato Uticra, les ofreció abogados al principio y luego se borró. Los delegados de la fábrica bancan la parada con sus compañeros y compañeras, pero el sindicato les dio la espalda. "Años aportando al sindicato para que ahora se abran de gambas", disparó un trabajador en el acampe.

Contención

Luego de sellar el segundo acuerdo con el gobierno argentino, el FMI emitió un comunicado en el que decía haberse sorprendido gratamente, porque el nivel de resistencia mostrado por la sociedad había sido poco. Poco inocentes estas palabras. Bien saben estos técnicos y economistas lo que significan las políticas que impulsan. Más miseria, más hambre, más despidos para la clase trabajadora y los sectores populares. Saben que sus planes y fórmulas para sortear las crisis no generan ninguna simpatía. Fresca está en la memoria colectiva la crisis del 2001.

El FMI y el Gobierno saben perfectamente que la bronca y el rechazo al ajuste es todo el tiempo contenida. La principal responsabilidad en esto es de las conducciones sindicales. Como el de Gaelle, ha habido y hay otros conflictos tenaces, que se desarrollan ante la indiferencia de las centrales sindicales que los dejan aislados.

Les dan la espalda

Luego de posponer el llamado a una medida de fuerza, la CGT negoció con el Gobierno un bono miserable para fin de año, de $5.000 en dos cuotas. Con esa oferta vergonzosa levantó el amague de un nuevo paro. Por su parte, el espacio gremial liderado por Hugo Moyano, el Frente Sindical por un Modelo Nacional, movilizó con todo a una misa en Luján y llevó columnas paupérrimas el día que se votó el presupuesto de ajuste en Diputados. Ambas fracciones sindicales juegan en la interna de distintas alas del peronismo para el 2019.

Si el acuerdo con el FMI y el Presupuesto 2019 no enfrentó una resistencia mucho mayor, es porque la dirigencia sindical se rehúsa a llamar a un nuevo paro general y a emprender un plan de lucha serio para enfrentarlos. Se niegan a coordinar las luchas y dejan en soledad a quienes muestran voluntad para pelear y defender los puestos de trabajo realmente.

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Qué distinta sería la situación, si la dirigencia sindical le preguntara a trabajadores y trabajadoras de Gaelle, del hospital Posadas, del Astillero Río Santiago, de Canale y los miles que hoy padecen inflación, despidos, suspensiones y vaciamiento, cómo enfrentar al FMI y al ajuste.

Trabajadores y trabajadoras de Gaelle siguen resistiendo junto a la fábrica y reclamando solidaridad para su lucha. Siguen dispuestos a evitar el vaciamiento y rechazan cualquier intento represivo. Es necesario apoyar su lucha e impulsar la mayor coordinación con otros sectores en lucha para que a la crisis la paguen los capitalistas.







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