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Trabajadores de la salud: organizarnos contra un sistema que enferma

Nos siguen llamando “héroes”, “esenciales” pero somos trabajadores precarizados, sin insumos ni equipos de protección personal. Estamos en el podio de países con mayor cantidad de trabajadores contagiados. Esencialmente descartables. En todo el país cientos nos organizamos por una salida de izquierda en coordinación con el conjunto de los trabajadores.

Pamela Rocio

Residente de pediatría | Miembro de la Corriente de Izquierda por la Salud Pública

Miércoles 20 de mayo | 18:58

El Coronavirus sacudió al mundo, hizo caer las bolsas y se auguran crisis económicas de magnitudes históricas. En simultáneo, la crisis que se está desarrollando reactualiza la necesidad que los de abajo nos organicemos, para dar nuestra propia salida.

Quienes trabajamos en salud sabemos lo imbricado que están las condiciones de vida, en la suerte o no que corren nuestros cuerpos. Enfermamos según cómo vivimos. Esto, que tanto se oculta, el coronavirus nuevamente lo pone sobre el tapete. Para empezar, se sabe que el virus no cayó del cielo: es producto de un sistema de producción irracional que nos enemiga con la naturaleza, haciendo caso omiso a las alertas previas.

Estrategias sanitarias, contra un sistema que enferma

Vimos al mundo hecho curva. Hablamos de picos y mesetas hasta el cansancio, mostrando que la letalidad del coronavirus no está determinada de forma aislada, sino que los muertos se acrecientan de a cientos cuando no se posee un sistema sanitario que pueda absorber la demanda. Se ponen de manifiesto de un plumazo las consecuencias mortales de los recortes presupuestarios de los sistemas de salud, de forma generalizada, desde la crisis del 2008 en adelante.

Las recetas (no médicas) parecen repetirse. Si hay crisis, se invierte dinero en salvar a los bancos y a las empresas y se ahorra dinero en salud, trabajo, educación y vivienda.
Aunque estos números no estén en las conferencias de prensa del presidente Alberto Fernández, es importante revisarlos: contando el último DNU son 23.200 millones de pesos lo inyectado desde el comienzo de la pandemia para atender la emergencia sanitaria. Contrastan con los más de U$S 5 mil millones que lleva el Gobierno nacional pagados en intereses y capitales de deuda externa (más de 340 mil millones de pesos en unos pocos meses). Sin contar los 514 mil millones de pesos en subsidios a las empresas, una parte importante de esto destinado a las grandes industrias que se llevan la plata fuera del país, las que siempre ganan y ahora suspenden con rebajas salariales con el amparo del gobierno, que además las subsidia, como a la alimenticia Mondelez, o las emblemáticas Techint o el emporio azucarero y papelero Ledesma del colaborador del genocidio Blaquier.

El Grupo Clarín fugó U$S 650 millones y el Gobierno paga parte del sueldo a sus empleados

Los números hablan por sí solos, millones para la deuda y los dueños del país, migajas para una salud que ya venía en ruinas y desfinanciada. Situación que se agrava con el recorte de salarios, suspensiones y despidos pactados entre el gobierno, empresarios y las cúpulas sindicales.

El contagio en villas y hospitales

El coronavirus no distingue, pero las políticas sanitarias sí. En el mundo vemos que los más expuestos son los más pobres. El #QuedateEnCasa y las medidas de higiene se vuelven una utopía cuando no hay ni siquiera agua. La muerte de Ramona en Villa 31 indigna porque es una triste confirmación de que la pandemia y la pobreza se asocian letalmente y los gobiernos actúan como si ambas fueran inevitables. El de Ramona es un crimen social y así lo denunciamos.

Nosotros, las y los trabajadores de la salud, somos el otro gran foco de contagio. Estudiantes y docentes, organizados en el Observatorio de Salud revelaron los números que el gobierno retacea. Al 15 de mayo, 1.022 trabajadores de la salud se encontraban infectados, el 14,8% del total de contagiados, presentando uno de los porcentajes más altos a nivel mundial.

La desidia estatal sobre los vecinos de la Villa 21-24 y los trabajadores del hospital Ramos Mejía

El ministro de Salud de la Nación, Ginés González García no tuvo mejor explicación que culpabilizar al personal de salud, quienes fueron contagiados “por sus colegas y por no usar correctamente la ropa”. Hierve la sangre, cuando la realidad es la escasa cantidad y calidad de equipos de protección personal, o directamente la ausencia de los mismos. Cuando en el sector abunda el pluriempleo, porque no podemos vivir con nuestros miserables salarios; cuando la precarización laboral es moneda corriente. A esta realidad se suma la crudeza estatal de negar las licencias correspondientes, cobrándose hasta el momento la vida de 9 trabajadores de la salud, 3 mayores de 60 y 6 con patologías previas.

Organizarnos por la salud de millones

Los políticos tradicionales cuidan los intereses empresariales, la dirigencia sindical también. Ganancias patronales que hacen a costa del trabajo de los de abajo, ahí sí nos ven como “esenciales”. Está en nuestras manos luchar por nuestros propios intereses, pelear por los equipos de protección personal, por insumos y terminar con la precarización laboral. Son cientos de denuncias del retaceo de los testeo al personal de salud, como ocurrió en el Hospital Germani de La Matanza, entre tantos.

Del Caño exigió en Diputados "medidas concretas para cuidar a los que nos cuidan"

Desde las agrupaciones que impulsamos los trabajadores de la Salud del PTS en el Frente de Izquierda, junto a decenas de compañeros independientes en todo el país, venimos batallando para que la voz de las y los trabajadores de la salud se escuche, para organizarnos en medio de una pandemia y una crisis que nos divide y desorganiza, exigiendo a las direcciones sindicales que se pongan a la altura de la situación, y por todas nuestras demandas.

Venimos planteando que es primordial el impulso de cuerpos de delegadxs, asambleas o comité de salubridad e higiene, la forma que encontremos en cada lugar de trabajo, para mostrar que somos las y los trabajadores los que sabemos cómo funciona cada servicio, somos nosotros quienes conocemos qué se necesita en cada office y en cada sala. Tenemos que poder saber y reorganizar cada hospital, de elaborar protocolos que verdaderamente respondan a la realidad que vivimos en cada centro asistencial, priorizando la vida de los trabajadoresy nuestros pacientes y terminar con el chamuyo de los materiales de pésima calidad.

Tenemos que replicar los ejemplos de organización como el cuerpo del HIGA San Martín de La Plata o la puesta en pie del Comité de Seguridad e Higiene en el Hospital Castro Rendón en Neuquén o el Rivadavia de Capital Federal. Fortalecer nuestra organización y sacar a la luz nuestras demandas como lo hicieron las enfermeras de Córdoba montando una caravana en su día internacional o en Jujuy manifestándose en toda la provincia por las pésimas condiciones laborales.

Tenemos que sentar las bases de la coordinación, que fortalezca nuestros lazos, construir asambleas interhospitalarias, con la participación de todos los sectores del personal de salud, junto a estudiantes en formación y todos los que transitamos el hospital y los centros de salud. Los sindicatos se tienen que poner a la cabeza de esta coordinación. La histórica división de los hospitales entre médicos, profesionales y no profesionales, trabajadores de limpieza, maestranza y administrativos, solo sirve a los intereses de las direcciones y funcionarios de turno. Por el contrario la articulación de todos los sectores y servicios en una sola y potente herramienta de organización y lucha es la que va permitir que verdaderamente sean nuestras vidas y la salud de millones del pueblo trabajador que asistimos las que estén por encima de las necesidades y lucro de los poderosos.

Las empresas de salud privada ganaron en el último trimestre de 2019 el equivalente al presupuesto de salud pública de todo el año. Aún así reducen salarios, precarizan a sus trabajadores, reciben subsidios estatales y ponen en peligro la atención de sus afiliados.
Peleamos porque se inviertan las prioridades, exigiendo la centralización del sistema de salud ya , para que la salud deje de ser un negocio y todos los recursos existentes estén disponibles para la atención de la pandemia, con control de los trabajadores y la comunidad.
Peleamos codo a codo con el resto de las y los trabajadores, quienes estrechan de forma permanente lazos de solidaridad, como han demostrado incansablemente las fábricas recuperadas como Madygraf, reconvirtiendo su producción y donando alcohol en gel y las obreras textiles fabricando barbijos.

Construimos proyectos junto a nuestros compañeras y compañeros que, ocupando un lugar en las bancas parlamentarias del Frente de Izquierda Unidad, visibilizan nuestras demandas, como el proyecto de “emergencia en salud” presentado por Nicolás Del Caño, el proyecto de “centralización del sistema de salud” impulsado por Claudio Dellecarbonara en la banca de la Provincia de Buenos Aires, las medidas contra el dengue en Jujuy, el reclamo urgente de viandas alimentarias en CABA, Mendoza, Córdoba y desde cada banca.

Juntos tomamos en nuestras manos La Izquierda Diario Multimedia, una red internacional puesta en pie por trabajadores socialistas, jóvenes y mujeres que nos encontramos en la primera línea. Una poderosa herramienta que te invitamos a seguir amplificando, para que se escuche nuestra voz! contra los capitalistas que querrán salir de esta crisis, reforzando la miseria y las cadenas de nuestra clase.

Sumate a las decenas de agrupaciones de salud, que impulsamos en todo el país, para pelear juntos porque esta crisis ¡la paguen los capitalistas!







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