Géneros y Sexualidades

EDITORIAL

Trabajadoras domésticas: ¿quiénes son las que limpian paraísos ajenos?

La posibilidad de que a partir del 13 de abril se amplíen los servicios considerados esenciales, abre muchas inquietudes. Y entre las trabajadoras de casa particulares, también mucha preocupación. Panorama de la situación que atraviesan quienes trabajan limpiando “paraísos ajenos” y perspectivas para el desarrollo de la bronca que viene desde abajo.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Jueves 9 de abril | 16:51

Trabajadoras domésticas: ¿quiénes son las que limpian paraísos ajenos? - YouTube

De acuerdo a las decisiones del gobierno, hasta ahora sólo habían sido exceptuadas de la cuarentena obligatoria quienes ejercen tareas de cuidado de niños, ancianos, enfermos o personas con discapacidad. El resto de las trabajadoras domésticas, también de acuerdo a los decretos del Poder Ejecutivo, debía mantener la cuarentena, con sueldo pago, incluido el 10% del aumento en dos cuotas que se otorgó en el mes de marzo.

Sin embargo, en estos casi 20 días de cuarentena, ejemplos escalofriantes mostraron lo contrario: el empresario de Tandil que entró a una empleada en el auto a su barrio privado; la empresaria uruguaya con coronavirus que obligó a su empleada a quedarse a cuidarla; pero quien puso más en evidencia esta desigualdad y este maltrato fue la modelo venezolana Catherine Fulop, que convirtió en viral su video hablando con Juanita, quien según sus propias palabras, "se quedó encerrada" en su mansión en medio de la cuarentena.

Podés leer: Respuesta de una trabajadora doméstica al video de Catherine Fulop

Esa, precisamente, es la situación que están viviendo miles de mujeres en el país. Y lo más grave, quizá, es que estos hechos dejan al descubierto lo que para muchos hogares ricos es habitual: la impunidad para ejercer este desprecio, para imponer este maltrato, con el aval de las instituciones del Estado, del gobierno nacional y los gobiernos provinciales y de las conducciones sindicales. ¿O acaso se escuchó en algún lado, al menos, un repudio a este accionar?

Lamentablemente, no. Y así lo reflejan los cientos de testimonios que llegan a La Izquierda Diario : como el trabajo doméstico no se consideró “esencial”, pero para las patronas sí lo es, la minoría que está registrada tuvo que pelear el pago por licencias para quedarse en su casa, y quienes no están registradas, quienes trabajan ya sea con jornada completa o por hora, en varias casas, tuvieron que decidir entre quedarse a vivir en el trabajo, sin ver a su familia, sin poder cuidar a sus hijos, o quedarse sin nada.

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Mercedes, trabajadora de Nordelta, cuenta que "nosotras hacemos un trabajo que estas mujeres bien podrían hacer, pero ellas están acostumbradas a que se les sirva todo el tiempo, y ahora, bajo esta cuarentena, no toleran que las chicas se vayan a sus casas".

"Muchas patronas además dicen que no corresponde pagarles el sueldo porque hay cuarentena o porque ya van a tener el bono de emergencia que anunció el gobierno, cuando sabemos bien que sí corresponde, y cuando además no todas están pudiendo acceder a ese bono", agrega, y destaca que "supuestamente nosotras tenemos los mismos derechos que cualquier trabajador, pero muchas fueron despedidas en estos días de cuarentena por todo esto".

¿Qué dice sobre todo esto el gobierno de Alberto y de Cristina Fernández? ¿Los ministerios de Mujer, Género y Diversidad a cargo de Elizabeth Gómez Alcorta y de Estela Díaz? ¿Qué dicen el ministerio de Trabajo y el Sindicato de Casas Particulares, que es su mayor representación gremial? Nada. De hecho, hace semanas que las trabajadoras dejan sus denuncias en el Facebook del sindicato (ya que por la cuarentena está cerrado) y de nuevo: ni mú.

No es nuevo

Pero esta situación, no es nueva. El trabajo doméstico es el principal empleo de las mujeres. Y en Argentina, ellas representan casi el 97% de las que trabajan en el sector. Muchas además, llegaron a estos trabajos luego de ser descartadas en las fábricas, con sus tendinitis, sus lumbalgias. Con las consecuencias sobre el cuerpo de las terribles condiciones de trabajo que impone a las familias obreras este régimen social.

Según el INDEC, son 1.730.000 mujeres las que trabajan en casas particulares. Y de ellas, solo 515.000 están registradas. El resto de las trabajadoras (7 de cada 10, también según datos del INDEC), está “en negro”, no registradas. Por eso, no tienen aportes jubilatorios, ni obra social, ni licencias pagas, ni permiso para salir a trabajar.

Para ellas, el salario incluso es mucho más bajo: un 36% menos que para las trabajadoras formales, y con una desprotección aún mayor para defender sus derechos.

Pandemia, género y clase

Para las familias más ricas y poderosas, para quienes viven en mansiones y en lujosos barrios complejos y barrios privados, pensar en una semana, un mes sin, una vida, sin personal doméstico, parece ser una verdadera pesadilla. Por eso hoy estamos asistiendo a todo tipo de chantajes y maltratos.

La desigualdad y la miserabilidad de estos sectores, que también caracteriza a este sistema capitalista y patriarcal, tiende a agudizarse en épocas de crisis como la que atravesamos hoy, cuando se revela entre otras cosas que hay “cuarentenas” y “cuarentenas”, y que para las mujeres, esas cuarentenas no son todas iguales.

Para que no sean las mujeres trabajadoras y sus familias las que paguen esta crisis, para que no la descarguen en sus espaldas, hay que exigir que se prohíban los despidos y suspensiones, que se garantice un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, que todas las trabajadoras de casas particulares pasen a estar registradas, que tengan aportes jubilatorios, acceso a la salud, a la vivienda, y que haya subsidios y puestos de empleo para las que quedaron desocupadas. Y sobre todo, exigir que se garantice su derecho a la organización, porque es imperioso que la fuerza de esas mujeres se convierta en imparable, para cambiar esta realidad.

Los testimonios que nos llegan reflejan una cosa: la bronca empieza a organizarse desde abajo; desde las esenciales, desde las invisibles, desde las que realizan el trabajo que permite todos los días la reproducción de la vida; de las que se ayudan entre ellas, las que tejen redes de apoyo, las que hoy empiezan a organizar sus reuniones por las redes sociales, buscando el apoyo de otros trabajadores y trabajadoras, para defender sus derechos. Apostamos a que ese hartazgo se convierta en una fuerza imparable.

Es hora de que las invisibles, las que limpian los paraísos ajenos, se empiecen a poner de pié. Al servicio de organizar esa bronca, es que abrimos las páginas de La Izquierda Diario.







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