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TRABAJO DOMÉSTICO

Trabajadoras domésticas: entre el “modelo Nordelta” y los salarios miserables para todas

Los principales diarios oficialistas se hicieron eco de la mísera cuota del 5% que entra en vigencia en diciembre, a pagar en enero, de la paritaria que acordó el sindicato con el gobierno en un 25%, cuando la inflación anual va a superar el 47%.

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Martes 4 de diciembre | 00:00

En agosto el sindicato de la Unión Personal de Casas Particulares, que agrupa solo a una ínfima parte de las trabajadoras domésticas (se calcula que hay más de un millon y medio de trabajadoras de casas de familia, de las cuales solo están en blanco 300 mil), firmó con lo que antes era el Ministerio de Trabajo y ahora una simple Secretaría, un acuerdo paritario del 25%.

En cómodas cuotas, claro, como el resto de las paritarias. Pero a ese acuerdo, además de que el último 3% lo cobrarán recién en marzo, solo es seguro para el 20% de las trabajadoras, el resto tendrá que esperar la buena voluntad de sus patrones.

Si pensamos en las mujeres que trabajan en barrios privados como en Nordelta, podemos imaginarnos cuál será esa “suerte”, si incluso para garantizar que asistan a sus trabajos son discriminadas y tratadas como las mujeres negras en Estados Unidos... ¡a mediados del siglo pasado!

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Pero Clarín y La Nación, los diarios voceros –no oficiales- del Gobierno de y para los ricos publican sendas notas cuyos titulares hablan del aumento del 5% que rige a partir de este mes (que se cobrará en enero), como si esa miserable suma fuera toda una auspiciosa novedad.

Veamos. El sindicato que firmó este acuerdo está enrolado en la CGT que viene traicionando a los trabajadores no llamando a ninguna medida de fuerza a pesar de los ajustes en tarifas, la carestía del nivel de vida, el aumento de la pobreza.

Es que como buenos peronistas están más preocupados por la rosca política para un armado del PJ (y esto incluye al kirchnerismo) de cara a las elecciones del año próximo que en las condiciones laborales y de vida del pueblo trabajador.

Así las cosas, las trabajadoras domésticas que cobren este aumento pasarán a cobrar $87,50 la hora, si trabajan con retiro y $93,50 si la modalidad es con “cama adentro”. Esto lleva el salario mensual a $10.781,50, en el primer caso, y a $11.988,50 en el caso de trabajar sin retiro.

Pero este año terminará con una inflación del 47,50% según propias estimaciones del relevamiento de espectativas de inflación que hace el Banco Central. Trescientas mil trabajadoras ya perdieron, seguro, más de un 20% en relación a la inflación.

¿Qué se puede esperar para quienes están en negro, que son la inmensa mayoría?

Los escribas del gobierno se encargan de dejar claro que ese es el sueldo mínimo. “Esa es la base” dicen en la página oficial del sindicato.

Alguien puede creer que a aquellas miles y miles de mujeres que trabajan, por ejemplo, en barrios exclusivos donde habitan empresarios, sus gerentes, farándula, les van a pagar más que lo que estrictamente marca la ley.

Si en Nordelta –donde trabajan más de 8000 mujeres- muchos de esos patrones buscan negarle hasta que viajen junto a ellos para ingresar a esa “mini ciudad”. Pero a la hora de limpiar sus casas o cuidar a sus hijos, las dejan a cargo de esas tareas.

La ley para las patronales está muy bien y hay que respetarla, mientras no atente contra sus ganancias. En esos casos, ni sus propias leyes respetan.

En el país existe una ley llamada Régimen especial de condiciones de trabajo de casas particulares, fue promulgada en el 2013 por Cristina Kirchner.

En teoría esa ley obligaba a blanquear a las trabajadoras, pero si al día de hoy más de 1 millón permanecen en negro, significa que el anterior gobierno nunca se ocupó de hacer cumplir una ley que ellos mismos impulsaron. El ex ministro de Trabajo Carlos Tomada, ¿qué tendrá que decir al respecto? ¿Y la ex presidenta, que presentó esa Ley con bombos y platillos?

Trabajo extenuante, discriminación y bajos salarios, es la realidad para cientos y cientos de miles de mujeres.

Ellas también, organizadas y junto a otras trabajadoras y trabajadores podrán quebrar esa realidad.







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