Internacional

PUERTO RICO

Tormentas, cadenas coloniales y crueldad estadounidense

La condición de infraestructura en la isla es resultado no sólo de la crisis económica a la cual Puerto Rico ha estado sujeta durante más de una década, sino también de la conducta criminal de Estados Unidos.

Miércoles 25 de octubre | Edición del día

Mi tío me recogió del aeropuerto y me llevó directamente al Hospital Pavía en Hato Rey, un hospital relativamente nuevo; después fuimos a su casa para refugiarnos de la tormenta. Mientras íbamos de camino a su casa —que está en la cima de un cerro con vista a San Juan, su aeropuerto y la ciudad de Carolina— vi cómo los vecinos de un condominio se unían a un grupo de trabajadores para limpiar frenéticamente docenas de ramas largas de árboles que habían colapsado por el huracán "Irma" apenas hacía dos semanas.

Cuando el huracán "María" golpeó, hubo varias regiones en la isla que aún no se habían recuperado de los daños causados por "Irma". Había gente que todavía estaba esperando a que regresara la electricidad; "Irma" devastó la infraestructura de Puerto Rico —que había sido ignorada negligentemente por mucho tiempo— en especial la red eléctrica. La condición de la infraestructura en Puerto Rico es consecuencia no sólo de la crisis económica a la cual el país ha estado sujeta por más de una década, sino también de la conducta criminal de EE.UU., teniendo a la isla bajo dominio colonial durante 119 años.

La trampa colonial

Desde principios de la década de los años 50, EE.UU. ha declarado al mundo que Puerto Rico no es una colonia y que había hecho un arreglo especial con la isla diciendo que era un “Estado Libre Asociado” (ELA), pero eso fue desmentido el año pasado cuando los tres poderes del gobierno federal reconocieron que eso no era cierto; Puerto Rico en realidad era un territorio no incorporado a los EE.UU. En términos sencillos quiere decir que el país no es parte de EE.UU., pero que de todos modos le pertenece. Esa es la definición de una colonia; y durante generaciones la dirección de nuestra economía ha estado a la merced del capricho y prioridades del gobierno de EE.UU., sus ciudadanos más acomodados y sus corporaciones adineradas. Para los años 80, el modelo económico (colonial) del ELA estaba chisporroteando y para los 90 el presidente Bill Clinton puso el último clavo en el ataúd al eliminar progresivamente durante 10 años el código 936 IRS que proporcionaba una serie de exenciones de impuestos para las empresas estadounidenses que operaban en la isla, muchas de ellas pulpos avaros como las compañías farmacéuticas. Para 2006, muchas compañías manufactureras habían abandonado la isla y en ese momento fue que la economía colonial entró en una recesión de la cual no ha sido capaz de escapar.

La única cosa que quedaba para los políticos coloniales era pedir prestado dinero a través de la emisión recurrente de varios tipos de bonos, estilo esquema Ponzi, para financiar sus obligaciones, tanto para las personas como para los tenedores de bonos antiguos. Sus frutos florecieron y cuando el gobierno no fue capaz de continuar repagando su deuda, una operación conjunta entre Obama y el congreso de mayoría republicana pusieron en marcha lo que se conoce como la ley PROMESA (un chiste de mal gusto con ese nombre) que impuso una junta de supervisión financiera.

Todos los miembros de la Junta fueron aprobados por Obama y el Congreso y los portorriqueños no podían opinar en su composición. PROMESA y la Junta fueron una imposición draconiana que hace que las juntas de control financiero de Detroit y Flint (Michigan) se vean como un juego de niños. La ley llega a tal punto que permite a la Junta invalidar cualquier decisión financiera hecha por cualquier cuerpo electo, tanto a nivel municipal o estatal y cualquier funcionario electo que se rehúse a complacer sus dictados puede ser enjuiciado y encarcelado. Todos los recursos y presupuestos portorriqueños pueden ser cambiados y moldeados según los términos de la Junta. Cualquier intención de democracia local ha sido aplastada por el gobierno federal.

La compañía paraestatal Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (PREPA por sus siglas en inglés) tuvo su propia revisión financiera antes de que la Junta llegara a la isla; ésta despidió a la mini-Junta que tenía PREPA (que también había sido designada por el gobierno federal) por su increíble incompetencia y gastar decenas de millones de dólares que no sólo no mejoraron el sistema de PREPA sino que no le movió ni un ápice a su deuda. El resultado neto fue que la infraestructura de todo el sistema de energía eléctrica seguía deteriorándose, en especial los componentes de transmisión y distribución de energía. Así que cuando el Huracán Irma golpeó, el 8p% de los clientes sufrieron cortes de luz; ahora después de "María", el 100% de los usuarios no tiene energía.

Pérdida y devastación

Con un sentido nauseabundo de ritmo y falta de decencia, la Junta anunció a poco menos de una semana antes de que "María" devastara la isla que pretendía privatizar al PREPA. De hecho, ya hay dos plantas privadas de energía eléctrica en el país; una a base de gas y otra a base de carbón. La planta de carbón ha estado generando grandes cantidades de ceniza, misma que es dañina para las personas y al medio ambiente, cargada de metales pesados y con niveles concentrados de materiales radiactivos. Ha habido grandes protestas durante meses contra el depósito de esta ceniza en el vertedero cerca del poblado de Peñuelas por obvias preocupaciones a la salud. Sin embargo, en uno de los incidentes menos conocidos provocados por "María", toneladas de ceniza que se habían apilado junto a la planta de carbón en el pueblo de Guayama fueron barridas totalmente por los vientos del huracán, exponiendo a la isla entera y más allá de la misma a este material venenoso. Es posible que el agua potable y el suelo de cultivo hayan sido contaminados por esta ceniza.

La mayor parte del país se quedó sin agua, luz y comunicación. Aquellos que sí tienen luz la tienen porque tienen generadores a base de diésel o gas propano, y aquellos que tienen agua la tienen porque instalaron tanques para retener el agua potable en sus techos. Aun así, estas reservas de agua solamente durarán por un tiempo y el diésel se ha vuelto cada vez más escaso.

Pasé nueve angustiosos días en Puerto Rico; sentí que la furia del viento era tan grande que rompió la soldadura en varios segmentos de la barda de casi 4cm de grosor de mi tío y las hizo volar como papel. Vi y sentí el efecto de no tener agua durante días e improvisar maneras para que el excusado pudiera jalar. El esposo de mi prima me dijo que tenían que orinar en pedazos de plástico que después cubrirían con otro trozo de plástico y echarlos al basurero.

Un problema grande que no se ha mencionado públicamente aún es que desde el 30 de septiembre no hay servicio de recolección de basura en muchas partes del país. Vi bolsas de basura desperdigándose en los basureros, lo que tiene el potencial de convertirse en un foco de infección y en una crisis de salud pública con ratas corriendo en todos lados y la posibilidad de infecciones intestinales enfermando a la población, a la vez que la mayoría de los hospitales o no están operando u operan a una fracción mínima de su capacidad real.

La falta de oxígeno en los hospitales, asilos y hogares privados es una gran amenaza a las vidas de cientos, sino es que miles de personas. Hay reportes de casi 200 personas que ya han muerto por falta de oxígeno en sus centros de salud. Mi tío, que pensábamos que estaba en su lecho de muerte en el Hospital de Pavía y sólo se mantenía vivo por el oxígeno del hospital, fue dado de alta y regresado a su asilo, causando una búsqueda frenética (infructuosa) por su hija por un tanque de oxígeno en caso de que tuviera una recaída de su neumonía. El Hospital de Pavía tenía a su sala de emergencia destruida por completo por el huracán, así como su sección de enfermería.

La escala de la destrucción por los vientos y las inundaciones es intolerable. En solo un pueblo, Aguas Buenas, 3 mil hogares se han perdido. Esto se traduce en cerca de un tercio de la población del pueblo que de la noche a la mañana se quedó sin casa. 70 mil personas han sido evacuadas de los poblados de Quebradillas, Isabela y Hatillo cuando se reportó que la presa del Lago Guajataca estaba fracturada y a punto de colapsar.

Todos los días la gente se para en filas por horas; varias filas para varias necesidades. Vi filas de casi medio kilómetro día tras día en muchas gasolineras. Escuché varias anécdotas de gente paradas en esas filas durante seis horas sólo para regresar sin nada porque la gasolina ya se había acabado, y si alguien lograba bombear gasolina, sólo se le permitía sacar el equivalente a 10 o 15 dólares. Una mujer se alejó de la fila de gasolina, fue a un puente y saltó intentando suicidarse. El diésel se ha convertido en una verdadera cuerda de salvamento, ya que es la única forma que tiene la gente para tener electricidad con sus generadores. La gente se para en esas filas con sus tanques de diésel; mi padre de 84 años lo hace. No tuve forma de contactarlo por 13 días y me tomó una semana para enterarme por boca de alguien más que estaba bien y yo estaba en la isla. La diáspora portorriqueña viviendo en los EE.UU. ha pasado por días llenos de ansiedad, muchos hasta por más de una semana tratando de contactar a sus seres queridos, preguntándose si resultaron heridos, si perdieron sus casas o si hasta había ocurrido lo impensable.

Ya que la mayor parte de las comunicaciones colapsaron, los pagos electrónicos por tarjetas de crédito y débito no se pueden llevar a cabo, por lo que los negocios sólo aceptan efectivo, incluso en las gasolineras. Por lo tanto, hay filas larguísimas, algunas llegando hasta varias cuadras atrás, de gente tratando de conseguir efectivo en los bancos, los cuales sólo permiten retiros de U$50. Si tienes que pagar efectivo por gasolina, comida y todas las necesidades, esos U$50 se gastan rápido. La gente cuyos trabajos dependen en proveer servicios, como los restaurantes, están cerrados durante la noche no sólo por la falta de luz y agua, sino también por el toque de queda impuesto por el gobernador, inicialmente de 6PM a 6AM, lo que ha obligado a muchos negocios a cerrar temprano. Por ende, muchos de estos jóvenes trabajando en la industria de servicios están desesperados, sin ingresos y considerando abandonar el país a regañadientes.

Servidumbre colonial y descaro imperialista

Los problemas de distribución tan sólo del combustible son una falla de la dirección y coordinación del gobernador Ricardo Roselló y su administración. Roselló declare que 20 días o más de reservas de combustible estaban disponibles, pero no valen nada si el combustible no se distribuye a la gente. No se puede dejar este asunto logístico tan importante a la merced de individuos y del “libre Mercado”, ya que hay un caos profundo muchas carreteras son imposibles de pasar y la falta de comunicación vuelve difícil conectar con choferes de camiones individuales. Todo esto necesita ser coordinado, y aun así el gobierno de Roselló ha elegido hacerse a un lado y permitir que el ejército estadounidense supuestamente nos rescate; y el ejército está actuando en su rol natural de una fuerza de ocupación. La gente no ve los camiones “épicos”, equipos, aviones, helicópteros, etc., limpiando las carreteras trayendo material de construcción (el cual se necesita con urgencia) del exterior de la isla, descargando recursos en lugares inaccesibles… Vi a muchos de ellos volar alrededor de la casa de mi tío desde la cima del cerro que rodea Trujillo Alto y San Juan. Pude ver el aeropuerto y los aviones llegar e irse Pero la gente en la isla no está viendo ninguna de esa ayuda llegar a ellos. ¡Qué efectivo y poderoso aparato militar! Muy bueno para llevar destrucción a muchos miles de kilómetros fuera de sus casas en cuestión de horas y al parecer incapaz de traer recursos, comida, y equipo de construcción a una isla que apenas está a 1600km de Miami, a una isla que importa el 80% de su comida y cuyos cultivos han sido completamente destruidos. La industria diaria tomará años en recuperarse por la gran cantidad de ganado que resultó muerto por la tormenta.

El gobernador Roselló, que fue humillado cuando hizo un referéndum en junio sobre el deseo de los portorriqueños de incorporarse como el 51er estado de EE.UU. y más del 77% del electorado lo boicoteó, parece estar en una búsqueda sádica de probar un punto sobre el deseo de incorporarse a la unión desligándose y esperando que los federales “recaten” a la isla. Sin embargo, la Agencia Federal de Manejo de Desastres (FEMA por sus siglas en inglés) está dando una lección de desdén e incompetencia mientras el ejército de EE.UU. actúa como una fuerza de ocupación. Escuché reportes de infantes de Marina desplegados en el área de El Condado de San Juan (llena de hoteles y turistas estadounidenses) con sus rifles en la mano. Pero estas fuerzas militares parecen incapaces de proveer cualquier asistencia significativa. El puerto de San Juan estaba lleno de cargamentos con suministros que no estaban siendo distribuidos. De 7 mil contenedores, 5400 seguían en el puerto para el 29 de septiembre.

La administración de Roselló no está dando reportes certeros sobre el número de muertos, contabilizando solamente a menos de 20 fallecidos cuando la cifra real es cercana a 300 muertos. La gente ya no confía lo que el gobierno dice porque desafortunadamente ven y sienten en sus cuerpos una realidad diferente de lo que sale en los anuncios públicos. Después de que algunos cargamentos con suministros donados llegaron al puerto, fueron contenidos porque el gobierno quería imponer impuestos a las donaciones. Sólo después de pasar una vergüenza pública es que el gobierno retrocedió en su medida tan absurda.

A pesar de los intentos de la prensa corporativa de EE.UU. por castigar y demonizar la vileza de Trump, desconsideradamente esparce desinformación y mentiras. Hablan de la falta de camioneros, pero éstos van hasta el puerto cuando tienen diésel para que sus camiones corran sólo para que les digan que tienen que esperar por un general de tres estrellas nombrado por Trump para supervisar los presuntos esfuerzos de auxilio para orquestar el supuesto esfuerzo “valiente” del ejército estadounidense. Muchos camioneros simplemente no tienen combustible, mientras que muchas carreteras no pueden usarse por árboles derribados y otros escombros. Algo que los infantes de Marina podrían hacer es proveer y usar su maquinaria para limpiar los caminos —y si todavía quieren emboscar a alguien, que embosquen a los mosquitos. Mientras tanto, las aerolíneas comerciales se rehusaron a transportar las toneladas de donaciones que la diáspora portorriqueña ha recolectado por todo EE.UU. y sólo cedió cuando se les vino en contra una campaña masiva en las redes sociales.

La prensa estadounidense lanzó varios reportes de gente que ha sido enviada (o lo será) para lidiar con las distintas operaciones de logística y reparación. Sin embargo, nuestra isla no tiene falta de trabajadores experimentados y de expertos; después de todo, la NASA viene al país a reclutar ingenieros y científicos cada año y tenemos todo tipo de técnicos y trabajadores altamente calificados. El problema es que muchos de ellos han sido despedidos u obligados a jubilarse antes de tiempo por el gobierno para poder pagarle la deuda a Wall Street. En el PREPA, miles de trabajadores calificados han sido recortados de la nómina al paso de los años, en especial aquellos que pueden reparar el sistema de transmisión de energía. Por lo tanto, no necesitamos a la mayoría de gente que el gobierno estadounidense quiere mandarnos. Eso tampoco quiere decir que no necesitamos de la ayuda de grupos de personas en particular con habilidades especiales, como doctores (hemos perdido el 35% de ellos por la crisis económica que ha durado más de una década). Lo que necesitamos son los materiales, comida y suministros esenciales que la Junta y nuestra condición colonial han hecho escasos, así como la voluntad del gobierno (es decir, de la Junta) de contratar de vuelta a los trabajadores que saben cómo reparar la red eléctrica pero que fueron despedidos o jubilados.

Asimismo, en el centro de la crisis están algunas de las más escandalosas características del colonialismo estadounidense en Puerto Rico. Una de ellas, el Acta Jones, evita que cualquier país con suministros donados los mande a Puerto Rico, ya que las provisiones del Acta Jones los obligan primero a mandar sus cargamentos a Jacksonville, Florida. El cargamento es entonces descargado y vuelto a cargar en barcos con bandera estadounidense para enviarlo finalmente a la isla. Este procedimiento no sólo retrasa el envío de material donado por otros países caribeños, sino que también incrementa expensas innecesarias. De hecho, esto se concreta en que el gobierno estadounidense dé permiso a otros países para proveer la ayuda tan necesitada a la isla sin que los portorriqueños puedan opinar al respecto. Como consecuencia del Acta Jones, nuestra comida (de la cual el 80% es importada) siempre es 20% más cara, y en estas épocas de crisis, esta carga adicional se convierte en una especie de castigo. La suspensión por diez días del Acta Jones que la administración de Trump anunció es despreciablemente insuficiente, ya que le tomará meses y años al país para recuperarse. Necesitamos que esta acta se suspenda permanentemente.

De igual forma, necesitamos que el FEMA, que requiere un 25% de igualación de los fondos de las regiones declaradas zona de alivio de desastres. ¿El gobierno federal hará cumplir este requisito? Esto no tiene arranque en una colonia en bancarrota como Puerto Rico, la cual está bajo el asedio de Washington y Wall Street, teniendo su presupuesto severamente recortado para que se puedan pagar a los tenedores de bonos.

De igual manera, la decisión de movilizar a las fuerzas armadas y determinar su tamaño y alcance de operación yace más allá del alcance de los portorriqueños. Por lo tanto, el despliegue actual del aparato militar estadounidense en la isla no solamente es impactante, sino también ineficiente en proveer ayuda a la población. Poco después de que María golpeara la isla, me enteré de un reporte confiable de testigos que afirmaban que los federales habían ingresado al centro de acopio donde el gobierno municipal de San Juan había estado recolectando víveres y exigieron que todas las donaciones les fuesen entregadas presuntamente para distribuirlas por todo el Caribe. La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, les dijo que podían llevarse unas cuantas provisiones, pero no todas. Entonces se armó una situación tensa con los federales apuntando sus armas largas a la alcaldesa y su equipo, causando a su vez que los guardias de la policía municipal apuntaran con sus armas a los federales. Aunque no se disparó un solo tiro, la arrogancia imperialista una vez más se llevó el día. Esto es escandaloso y absurdo en todos los sentidos, ya que Puerto Rico había llevado víveres a las Islas Vírgenes de EE.UU. y más allá después de Irma. Y ahora que la necesidad de suministros era desesperada en Puerto Rico, cualquier cantidad de víveres sacados de la isla necesitarán ser reemplazados con otros medios del exterior, convirtiendo a todo el ejercicio de requisamiento del gobierno federal en una muestra cruel de fuerza.

Carmen Yulín Cruz es la misma alcaldesa que denunció al gobierno federal por su complete incompetencia y cruel desdén en sus labores de auxilio sólo para terminar siendo insultada en una serie de tweets por el presidente Trump. El racismo de aquél y la incompetencia de su administración son insultantes, pero la pusilanimidad del gobernador Roselló, —en su búsqueda por aparecer como sirviente, en su patética apuesta para fingir que Puerto Rico es un estado de EE.UU.— sólo le da a Trump más cobertura innecesaria. La idea de Roselló de manejar la crisis es retirándose y permitir que el gobierno federal estadounidense y su ejército nos “rescaten” para poder impulsar su petición de conseguir la categoría de estado entre los portorriqueños desesperados. En el transcurso de esta serie de eventos, se ha convertido en un cómplice del abandono criminal de los EE.UU. No sorprende que la alcaldesa Cruz ha sido obligada a caminar hacia el abismo y proveer la dirección que actualmente carece el gobierno colonial.

El panorama

Por más que la respuesta del gobierno de Trump y sus fuerzas armadas haya sido excesiva, la verdad es que sólo difiere del abuso y negligencia a las que ha estado sometido Puerto Rico históricamente bajo el dominio de EE.UU. por los últimos 119 años en su total incompetencia. De hecho, cuando el huracán Ciriaco golpeó la isla con una fuerza devastadora en 1899, apenas un año después de la invasión estadounidense, la isla ya se encontraba bajo control militar. Después de que el 90% de los cultivos fueron destruidos (en una época en la que el país tenía alimentos de autosuficiencia), el Departamento de Guerra de los EE.UU. militarizó la distribución alimenticia, la cual no logró llevar comida a la parte occidental de la isla. Muchos alcaldes portorriqueños comenzaron a organizar la distribución de comida ellos mismos por métodos creativos, pero el ejército de EE.UU. declaró esto como una insubordinación. Ordenaron el establecimiento de un sistema de contabilidad para racionar la comida, por lo que cada adulto capaz de trabajar tenía que probar que había trabajado al menos seis días a la semana. De otro modo, la familia entera no recibiría alimento; por lo tanto, es un error profundo y dañino el suponer que la crisis actual del pueblo portorriqueño y su trato vergonzoso en manos del régimen de Trump es una especie de aberración causada por sus inclinaciones racistas y fascistoides.

El grado de destrucción en el país y la crisis humanitaria que continúa empeorándose diariamente, así como la crueldad y lo disparatado de los gobiernos colonial y federal puede detallarse en montones de artículos, pero necesitamos poner las cosas en una perspectiva más amplia. Es verdad que necesitamos seguir exigiendo que la ayuda de todo tipo y de todos los países sea admitida en la isla sin lapsos ridículamente cortos tras los cuales el Acta Jones será reimpuesta. Necesitamos exigir la responsabilidad de la administración de Trump y la de Roselló, el perdón de la deuda de U$73,000 millones y que la ley PROMESA sea derogada.

Sin embargo, en el contexto de la destrucción causada por los huracanes Irma y María, es útil distinguir tres fases. La primera es el daño actual causado por las tormentas; el grado de destrucción y desesperación debe de considerarse en el marco de no sólo la extraordinaria fuerza del viento de los huracanes (tomando en cuenta las consecuencias del calentamiento global), sino también del grado actual de deterioro de la infraestructura de la isla provocada directamente por el asfixiante dominio impuesto por su condición colonial.

La segunda fase es la del trauma, la muerte y asfixia colectiva creada por la falta de recursos para realizar reparaciones urgentes, rescatar personas, distribuir alimento, agua y combustible y proveer por atención médica decente. Esto es lo que la barbarie e incompetencia tanto de la administración de Trump como la de Roselló han resaltado. Pero no caigamos en el error: el sofoco del regimen de la ley PROMESA y su Junta impuesta por Washington a petición de Wall Street es responsable en última instancia por el estado actual de las cosas. La cuestión fundamental es si Puerto Rico se recuperará, cuántos meses o años se tardará —dado el estado de sitio en el que la isla actualmente se encuentra, y como Trump confirma en sus tweets despreciables declarando que el pago de los U$73,000 millones de la deuda es lo prioritario por encima de cualquier otra cosa. Algunos comentaristas han especulado que el país ha sido enviado 20 o 30 años en el pasado. Temo decir que hay regiones de la isla que jamás se recuperarán: lugares que nuestra gente ha abandonado en la crisis actual y a los cuales quizá jamás regresen. No hay especulación libre, ya que sabemos de los muchos afroamericanos que fueron obligados a abandoner Nueva Orleans después de que el huracán Katrina golpeara la ciudad y que nunca volvieron.

La tercera fase de la crisis probablemente se desarrollará después de que los aspectos más severos hayan sido resueltos. El país está en las primeras etapas de un nuevo modo de colonialismo, en particular el de los colonizadores que vendrán a vivir en las áreas abandonadas, ayudados e instigados por las fuerzas de la gentrificación. De hecho, el cronograma de cómo nuestra tierra es saqueada y nuestros recursos naturales destruidos podría acelerarse por los nuevos acontecimientos: gente yéndose en cantidades más grandes, en un estado más profundo de desesperación y con cargas económicas más grandes y pesadas. Los buitres financieros y de bienes raíces con los bolsillos llenos vendrán a darse un festín en las aguas sangrientas, las aguas de los vacíos dejados por quienes fueron obligados a irse, los vacíos de las casas abandonadas, negocios pequeños y gente que no podrá pagar el regreso a su isla en cualquier momento. ¡Estos vacíos se volverán blanco de aquellos que quieren saquear nuestro país a precios regateados; de aquellos que vendrán a reemplazarnos como colonizadores!

Las cosas estaban mal antes de "María" debido a la crisis económica interminable y las consecuencias despóticas de la podredumbre colonial y su nuevo instrumento: la ley PROMESA. Ahora tenemos una herida abierta y más que nunca debemos abror los ojos y cerrar las filas, listos para pelear para defender la existencia de nuestro país: tenemos que reafirmar que somos un pueblo con historia, una cultura y una tierra. La siguiente fase de saqueo, la del desastre del colonialismo y de la doctrina del shock está a la vuelta de la esquina. La existencia de nuestro país está en riesgo; debemos defender nuestra tierra porque nuestra continua existencia como pueblo está en peligro mortal si la perdemos.

Texto original publicado en Left Voice: Storms, Colonial Chains, and US Cruelty








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