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FRANCIA

Toni Negri, Jacques Rancière e importantes intelectuales apoyan la huelga ferroviaria

La lucha de los ferroviarios y las tomas de facultades contra las reformas de Macron sacuden Francia. Cientos de intelectuales rechazan la represión y apoyan a estudiantes y trabajadores.

Jueves 19 de abril | 15:50

Más de 250 reconocidos intelectuales incluyendo Etienne Balibar, Ludivine Bantigny Stéphane Beaud, Frédéric Lordon, Toni Negri, Judith Revel, Danièle Linhart, Michèle Riot-Sarcey, Alessandro Stella se pronunciaron contra la represión a las protesta en las facultades. "Los mismos argumentos o casi, medio siglo después del 68, se usan nuevamente, para desacreditar a los jóvenes", señalan.

Junto a esa muestra de apoyo a la lucha estudiantil contra la reforma propuesta por Macron, que busca limitar el acceso a la universidad, también hubo apoyo para los trabajadores en lucha, en especial para los ferroviarios.

"Cattivo maestro" así es cómo se lo llama a veces, al otro lado de los Alpes, a Antonio Negri, figura emblemática de la tradición operaísta y de la izquierda extraparlamentaria italiana. El término podría traducirse como "mal ejemplo" o "mala hierba". Al filósofo Jacques Rancière se lo conoce como el "maître ignorant" ("maestro ignorante", en referencia a su obra homónima) y por ser un pensador de la igualdad.

Ambos fueron entrevistados por los trabajadores ferroviarios en huelga del sector Paris Nord en torno a algunas cuestiones relacionadas con la solidaridad y la lucha en curso contra la reforma ferroviaria.

Reproducimos extractos de las entrevistas que fueron publicadas en Revolution Permanente (el sitio en francés que es parte de la red internacional de La Izquierda Diario) aquí y aquí.

Anasse, guardavías de Bourget: ¿Cómo puede un intelectual solidarizarse hoy en día con una huelga de trabajadores y trabajadoras?

Toni Negri: ¿Por qué "hoy en día," en este momento, apoyo su lucha? La habría apoyado ayer también. Pero tengo la impresión de que hoy es particularmente perjudicial para la patronal y para el jefe de estado. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, demuestra que no sólo los jefes saben llevar adelante la lucha de clases. En realidad, la lucha de la clase obrera es decisiva para determinar la base de las relaciones sociales y del desarrollo social y, por consiguiente, permite sumar a todos los explotados. No es paradójico que la lucha de clases de los trabajadores ferroviarios (difícil sería encontrar a un sector obrero más representativo, por cierto) se esté convirtiendo en un momento emblemático de la lucha de clases de todo el precariado, incluidos los estudiantes.

En segundo lugar, esta lucha -que todos queremos ver transformarse en una "huelga social," que es, por otra parte, la condición de su victoria - ataca las privatizaciones, un instrumento fundamental del sistema de gobierno neoliberal y de las transferencias de ingresos hacia el capital financiero.

En tercer lugar, porque Macron hizo de esta lucha un símbolo de su soberanía sobre las clases. Ganar esta batalla, para él, es liquidar toda posibilidad de lucha de clases y de la concentración de una oposición política de clase para los próximos años. Es lo que hizo Thatcher con los mineros británicos o Reagan con los controladores de tráfico aéreo. Pero era otra época. Hoy en día, el neoliberalismo está en crisis. Y ustedes lo están demostrando con fuerza.

Jacques Rancière: No me gusta la noción de un intelectual que asume una especie de monopolio de la inteligencia ni la postura del intelectual que exhibe su apoyo a las luchas de los trabajadores. Creo que son aquellos que dirigen un combate los que deben decir lo que esperan precisamente de los demás, como actos de solidaridad, ya sea ayuda material o intervenciones por medio de la palabra. Pero, sobre todo, la distancia entre las situaciones y los combates tiende a reducirse hoy en día.

Tanto en la Universidad como en la SNCF (sociedad nacional ferroviaria) o en otros sectores de actividad, se ataca lo mismo, es decir, la existencia de un mundo solidario: un mundo en el que todos, independientemente de su rango social, tienen acceso a los mismos beneficios en términos de educación, salud, transporte u otros servicios.

Karim, Technicentre du Landy (Centro de mantenimiento ferroviario): Se dice que nuestro estatuto es un privilegio que se remonta a una época pasada. ¿Qué es un derecho y qué es un privilegio hoy en día, en su opinión?

TN: Un privilegio es una propiedad, una categoría, una condición que excluye a los demás. Su estatuto no excluye a nadie. Ustedes no lo conquistaron para excluir. Por el contrario, quisieran que todos los trabajadores lo tengan y, con su lucha, combaten en ese sentido. Un privilegio, por el contrario, es la condición de los ricos, los ultra ricos, aquellos para quienes se abolió el ISF (impuesto de solidaridad sobre la fortuna), lo que excluye a los ciudadanos de una distribución menos desigual y de los derechos que podrían derivarse de ella. Eso es un privilegio.

Dicho eso, el ataque al estatuto de los ferroviarios es evidentemente un pretexto para imponer la privatización de la SNCF así como el orden social neoliberal a sectores del mundo laboral que han resistido hasta ahora. Pero hay un elemento ideológico ulterior en la tentativa de suprimir el estatuto de los ferroviarios: ese estatuto ha sido y sigue siendo una conquista colectiva. Y es contra aquello que los patrones se enfrentan. Están dispuestos a conceder privilegios individuales pero rechazan cualquier conquista "común". Basta con ver lo que ocurre en la ZAD de Notre-Dame-des-Landes (zona habitada por una agrupación anarquista que lucha por impedir los planes del gobierno francés de construir un aeropuerto en el territorio).

JR: Un privilegio es una ventaja que posee una categoría social particular en función de su diferencia, de su superioridad sobre los demás, como fue el caso de la nobleza de antaño. Un derecho es lo que tenemos, por el contrario, en la medida en que somos como todos los demás. También es algo que se ha ganado con una lucha por imponer la igualdad.

El estatuto de los ferroviarios es algo que se creó cuando el movimiento popular impuso la existencia de un servicio público que brindara a todos la posibilidad de acceder a los mismos servicios. Es esta idea de la posibilidad de que todos reciban educación, servicios de salud, transporte, etc. en condiciones igualitarias lo que hoy atacan los poderosos. Y necesitan legitimar este ataque al llamar "privilegio" a los derechos sociales adquiridos por las luchas de ayer. Es cierto que otras categorías de trabajadores han perdido derechos que aún tienen los trabajadores ferroviarios. Pero precisamente lo que quieren aquellos que vociferan contra los "privilegiados" es la falta de derechos para todos.

Laura, guardavías de Bourget: La huelga podría endurecerse con el tiempo. Algunos se refieren a nosotros como tomadores de rehenes. ¿Qué opina de eso?

TN: Los que los acusan de "tomar a la sociedad como rehén" olvidan que la sociedad en la que vivimos es una sociedad de clases, es decir, una sociedad atravesada por la lucha de clases. Los gritos desbocados de la patronal que denuncia una lucha obrera que la estaría tomando como rehén son bastante cómicos, teniendo en cuenta que ellos desarrollan la lucha de clases todos los días. Como si ellos mismos no tomaran al mundo laboral como rehén: "O trabajas por el precio que fijo, o te condeno a la miseria".

Pero más allá de este aspecto cómico, debemos reconocer también que este tipo de declaraciones se deriva de un cierto temor entre la patronal. Especialmente entre aquellos que vivieron las huelgas de 1995, ¡como Edouard Philippe que era, en esa época, portavoz de Juppé (el Primer Ministro en ese momento)! Los inquieta la convergencia de las luchas, especialmente si la convergencia se inscribe en el largo plazo.

Temen la construcción de un verdadero movimiento político de trabajadores, en esta fase de agonía de la socialdemocracia que estamos atravesando. Es lo que faltó al final de ese combate extraordinario en 1995, aun cuando se hacía sentir la necesidad de avanzar en ese sentido.

JR: La retórica de la "toma de rehenes" es parte del mismo empeño por desacreditar las luchas sociales en nombre de la idea de que las personas comunes son las víctimas. Pero no es sólo un abuso de lenguaje. Este uso de las palabras debe ponerse en relación con una realidad muy concreta.
Hace varios años se ha desarrollado una tentativa de criminalizar todas las formas de acción por las cuales los trabajadores y trabajadoras en lucha excedieron el marco de las reivindicaciones moderadas, en particular el secuestro de jefes y ejecutivos. Poco a poco, es la lucha social misma la que buscan criminalizar. Se deben tener en cuenta las dificultades que ocasiona la huelga a muchas personas y, al mismo tiempo, negarse a aceptar el chantaje de la "toma de rehenes".







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