Sociedad

Crisis habitacional

Toma de tierras: “Lo hacemos porque no podemos darle un techo a nuestros hijos”

Compartimos el relato de un trabajador de la zona norte del Gran Buenos Aires que tuvo que tomar un terreno para poder brindarle un hogar a su familia.

Domingo 6 de septiembre | Edición del día

Estas últimas semanas, las tomas de tierras en distintos puntos del país reflejaron la crisis habitacional que sufren miles de personas y que los gobiernos no han resuelto hasta el final. La Izquierda Diario reproduce las palabras que nos hace llegar un lector quien,ante la falta de acceso de vivienda, no tuvo otra salida que ocupar un terreno para su familia.

Los millones que no tenemos la posibilidad de acceso a una vivienda digna volvemos a estar en el centro de la escena. Una nueva generación sin casa es criminalizada por el Estado, quien les niega ese derecho constitucional.

Nadie que esté obligado a tomar un baldío lo hace porque le guste. Yo lo sé porque con mi familia tuvimos que tomar un terreno para poder tener nuestra casa. Lo hacemos porque no podemos darles un techo a nuestros hijos.

Hacemos grandes sacrificios. Así y todo, miles y miles nunca tenemos la posibilidad en nuestras vidas de acceder a una vivienda digna. Llegué al punto de que el día que nació mi primer hijo estaba en Santa Fe, trabajando en una empresa constructora, tuve que quedarme cuatro días más, lejos de mi hijo, porque “había que terminar el trabajo”.

Esa es la realidad de muchas familias trabajadoras. Generaciones y generaciones somos obligados a tomar terrenos y tener que bancarnos los aprietes de la cana, que les apunten con sus escopetas a nuestros hijos, a vivir sin cubrir necesidades básicas: sin baño, sin agua, sin luz, y con frío. El peor castigo es cuando llueve. El barro se cuela hasta por los poros y el frío penetra hasta los huesos de nuestros hijos mientras se llueve más adentro que afuera

Trabajo desde los 19 años, hoy tengo 38, en mi vida pase por 24 trabajos distintos. Estuve en blanco y en negro, fui efectivo, contratado y también tercerizado. Conozco las jornadas de 12 horas y más, el trabajar los fines de semana, el estar años sin tener vacaciones (porque cuando saltás de fábrica en fábrica nunca tenés vacaciones). Somos la generación sin casa y a las nuevas generaciones les proponen un futuro peor.

Cuando crecemos no tenemos opción en donde vivir. Si no podemos alquilar, seguimos en las casas de nuestros viejos construyendo en sus patios. Yo tomé un terreno y con eso evité, tal vez, que mis hijos tengan que hacerlo. Pero si nada cambia los obligados a hacerlo serán mis nietos. Esta realidad podrán criminalizarla, pero no dejará de ser la realidad de miles de familias trabajadoras. Por eso tomamos terrenos, para construir una vivienda a nuestros hijos. No podemos hacer otra cosa, es eso o vivir hacinados en una pieza.

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Ocupar terrenos es lo que nos impone un sistema donde lo importante son los negocios y no las necesidades de las mayorías, porque es más negocio condenar a miles y miles de familias a tener que pagar una renta mensual por una vivienda que nunca les será propia, a darle a esas familias la posibilidad de tener su propia casa. Por eso es más negocio tener miles de departamentos vacíos en CABA o solo construir countries y barrios cerrados en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde vivo.

Con la campaña contra las tomas de terreno quieren que los trabajadores no reconozcamos el acceso a una vivienda digna como un derecho fundamental que tiene todo ser humano y por ende, nosotros mismos.

Esta realidad se agudiza con la pandemia y golpea sobre todo a los sectores más pobres de las clases populares. Un impuesto a las grandes fortunas como el que presentó el Frente de Izquierda-Unidad al comienzo de la cuarentena permitiría llevar adelante un plan de viviendas y un IFE de 30 mil pesos para todos los que se quedaron sin ingresos, medidas elementales para garantizar que miles de familias no estén obligadas a salir a la calle para conseguir algo para comer. Como todos nuestros derechos, a esto también tendremos que conseguirlo en las calles.







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