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Todos y todas... al Paredón

En uno de los edificios más exclusivos de Puerto Madero, repleto de todo tipo de artilugios para garantizar la “seguridad” de sus adinerados habitantes, a la “Señora” del Pent House en el piso 50 le faltan cosas. La primera sospecha cae sobre su mucama, pero pronto estarán bajo la misma mira su marido, su hija, su personal trainer y su mejor amiga.

Natalia Rizzo

@rizzotada

Sábado 12 de noviembre | Edición del día

Con excelentes actuaciones que van develando hasta el último rasgo característico de cada uno de los personajes, la obra se desarrolla en un escenario minimalista.

La Señora ansiosa, alterada, que tiene con mucho tiempo libre; su marido un empresario que consume estupefacientes y se burla de quién sea que tenga a su alrededor; su hija con aires New Age que cree que por su interés individual, sus apenas pretensiones de ser ecologista, es un ser supremo que fue tocado por la luz; la casa; el “servicio doméstico” y los amigos que los visitan, conforman una tipificación perfecta de una familia burguesa.

Este es el ’paredón’ que queremos contar. Esos muros invisibles que creamos como sociedad. Los muros que nos preservan de los otros, que ’protegen’ lo que es de uno y de nadie más porque me lo merezco, dijo Natalia Paganini, dramaturga y directora de Paredón.

La problemática alrededor de la cual se inscribe la obra cobra muchísima actualidad en momentos donde la sociedad de control agudiza sus discursos sobre la inseguridad, junto con el avance del neoliberalismo a nivel mundial y la crisis de los gobiernos populistas. Todo pareciera ser un problema de inseguridad, control, vigilancia.

Donald Trump, nuevo presidente de los EEUU, entre otras, hizo su campaña con la consigna de que iba a levantar un paredón para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales y el narcotráfico, a lo largo de 3000 kilómetros de frontera que separa a la potencia imperialista de su país vecino México, de los cuales más de 1000 ya están construidos y una gran parte del territorio cuenta con fronteras naturales.

La clase dominante con su pensamiento hegemónico se levanta triunfante y sobrevuela las sociedades contemporáneas, reinando el mundo según sus intereses económicos divididos en estados nación. Erigen muros, bordes, fronteras de xenofobia y racismo, construyendo chivos expiatorios que merecen ser exterminados o silenciados en medio de guerras, genocidios, paredones, cárceles. El mundo es una proliferación de trincheras. El capitalismo es un sistema especializado en la construcción colectiva de fronteras que son básicamente fronteras de clase. Ya no alcanza con el estado, las clases y el dinero, con el disciplinamiento, la vigilancia está dispuesta como marca personal y se va expandiendo con el avance de la tecnología.

“No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.” (Deleuze en “Posdata sobre las sociedades de control”).

La obra es tan grotesca como la realidad misma, pero hace un giro dramático en el texto y con respecto a la realidad que relata, donde no sólo los pobres son estigmatizados como los que roban (y pueblan las cárceles), sino que en esta pieza teatral todos están bajo sospecha, incluso los integrantes de una familia rica. Pero aún así esa sospecha permanece encerrada entre 4 lujosas paredes.

Muestra con ironía brutal y puntillosa como las diferentes instituciones que aún hoy estando en crisis, como la institución familia, van parquimentando la vida incluso de aquellos que parecen poseerlo todo. La puesta nos interpela de manera tan profunda que como primera expresión desesperada no podemos más que reírnos frenéticamente, pero en un segundo plano ya nos invade el odio de clase.

Mientras no demos vuelta la tortilla y conquistemos un mundo donde lo que reine sea la libertad: inmigrantes, gays, lesbianas, trans, mujeres, niños y niñas... pobres...
¡Todos, todas, al Paredón!

La obra se reestrenará en marzo 2017. Próximamente entrevistaremos a los integrantes del elenco.

Ficha técnica:

Actúan: Fernando García Cormick, Miguel Angel Vigna, Romina Malatesta, Andrea Cataldo, Mariana Paganini, Sofía D´Afflitto
Asistencia de dirección y producción: Irene Gorelik
Supervisión dramatúrgica: Ariel Barchilón
Escenografía: María Rita Rovati
Vestuario: Yamila Ornella Gentile
Diseño de luces: Manuel Mazza
Música original: Yacaré Manso y Martín Yubro
Diseño gráfico: Sophian de Fiorella Cambareri
Fotografía: Javier Alvarez Gramuglia
Prensa: BATAHOLA, gestión y comunicación (Blasco/Lucesole)

Dramaturgia y dirección: Natalia Paganini




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