Géneros y Sexualidades

POLÉMICA

Todos contra la violencia machista

Una reflexión a propósito de la jornada de paros y movilizaciones que se desarrolla en todo el país bajo las banderas del Ni una menos.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Miércoles 19 de octubre | Edición del día

A pesar del profundo dolor de haber perdido a su hermana Lucía, bestialmente torturada y asesinada, víctima de la violencia machista, Matías Pérez no se resigna. Escribió una carta pública en la que expresa: "Hay que tomar fuerzas y salir a las calles, para gritar todos juntos, ahora más que nunca: ’Ni una menos’. Sólo así, evitaremos que maten a miles de Lucías más." Su conmovedor pedido de justicia para su hermana, se convierte en un llamado a luchar para que no haya que llorar más Lucías.

Un paro contra los femicidios

No hay duda de que las mujeres estamos en el centro de ese dolor. El 80% de las víctimas de la denominada "violencia de género" son mujeres. El 80% de los victimarios, varones. Esta simple estadística es suficiente para entender -por si fuera necesario- que la violencia patriarcal se descarga, abrumadoramente, sobre nosotras. Y hay otro dato más: los victimarios, además, suelen ser parejas o exparejas de las víctimas, como lo vimos ayer en dos nuevos femicidios seguidos del suicidio de sus perpetradores.

Pero las mujeres no sólo somos víctimas de esa violencia. También somos motor y protagonistas de la lucha para que no haya #NiUnaMenos. Como lo muestra una larga tradición de combates librados por mujeres contra la carestía, contra el terrorismo de Estado y la impunidad de los genocidas, por el derecho al trabajo digno y contra el hambre, por los jóvenes asesinados por el gatillo fácil o por las víctimas de las catástrofes sociales, las mujeres volvimos a salir a las calles masivamente, desde hace más de un año, para pararle la mano a la violencia machista.

Esto también se expresó en la gran convocatoria que tuvo el último Encuentro Nacional de Mujeres, en Rosario, el más concurridos en treinta y un años de existencia. El duro ataque contra los Encuentros proveniente de sectores fundamentalistas, gobiernos y grandes medios de comunicación, así como también el juego que le hacen a esos sectores algunas agrupaciones que integran las Comisiones Organizadoras (evitando la confrontación con la Iglesia, impidiendo que las mujeres decidan democráticamente o impidiendo que se acreciente mucho más su participación), son sus "medidas de prevención" contra la posible emergencia de un movimiento de mujeres independiente y de lucha que puede desarrollarse ampliamente y cumplir un importante papel ante las próximas crisis.

Esta vez, frente al hartazgo y la conmoción que produjo el femicidio de Lucía Pérez, algunas compañeras del movimiento de mujeres propusieron hacer un "paro de mujeres", mientras otras propusimos hacer una exigencia a las centrales sindicales como la CGT (que pactó una tregua escandalosa con el gobierno ajustador de Mauricio Macri) o como las dos CTA (que limitan la fuerza de la clase trabajadora a medidas aisladas e impotentes), para que este paro sea efectivo y se plieguen también los trabajadores varones. Por primera vez en la historia del movimiento obrero de Argentina, exigimos un paro contra los femicidios, porque #VivasNosQueremos. Las centrales sindicales solo dieron respuestas formales: miserables "apoyos" de palabra, pero ninguna medida efectiva para que se exprese contundentemente la fuerza de la clase trabajadora en su conjunto. Pero eso no fue un obstáculo para que allí donde disputamos la conducción con la burocracia sindical, compañeras y compañeros combativos, clasistas y de la izquierda, hayamos planteado a las bases la importancia de tomar cartas en el asunto y lográramos arrancar distintas medidas de lucha para acompañar el paro y la movilización contra los femicidios. Estamos orgullosos de la decisión votada en asamblea (convocada por la comisión interna opositora a la dirección del gremio) de obreras y obreros de Pepsico que votaron parar una hora por turno y exigir al sindicato, que ponga micros para ir a la marcha y convoque asambleas en toda la industria alimenticia.

Por primera vez en la historia del movimiento obrero de Argentina, exigimos un paro contra los femicidios, porque #VivasNosQueremos

Siempre, las huelgas protagonizadas por mujeres, tuvieron que enfrentar no sólo a las fuerzas del orden y a las patronales, sino también a las conducciones sindicales tradicionales: así lo hicieron las mujeres de los inquilinatos donde vivían hacinadas las familias obreras inmigrantes en el Buenos Aires de 1907, que protagonizaron la Huelga de las Escobas, contra los alquileres usureros; así también, las obreras textiles de Massachusetts (EE.UU.), en la huelga Pan y Rosas de 1912 o las de San Petersburgo (Rusia) que, en 1917, salieron a reclamar "Pan, paz y abajo el gobierno del Zar". Cuando los dirigentes les aconsejaron no salir a la huelga en el Día Internacional de las Mujeres, ellas acudieron a los obreros metalúrgicos, quienes se plegaron raudamente, y el paro se propagó como un reguero de pólvora en distintos gremios, alcanzando al movimiento estudiantil y a los pequeños comercios que bajaron sus persianas, dando inicio a la revolución proletaria que ocho meses más tarde derrocaría al poder burgués. Lejos de temer perder protagonismo, las trabajadoras siempre supieron que para enfrentar grandes enemigos, es necesario ganar la solidaridad de sus compañeros de clase.

En nuestro caso, la rapidez con que trascendió por las bases el reclamo de paro contra los femicidios, habla de la bronca que causaron los 19 femicidios ocurridos en los últimos 17 días, ante los cuales quedan al desnudo la desidia, el cinismo, la política impotente y miserable del Estado y sus instituciones, para los que nuestras vidas no valen nada. Los políticos que representan y defienden los intereses empresariales, así como los dirigentes sindicales, verdaderos expertos en discriminar a los sectores más explotados de la clase trabajadora -como las mujeres y la juventud- ya se están preparando, aconsejados por el Papa Francisco, para intentar contener nuestra bronca en un "diálogo" con el gobierno ajustador y represivo de Macri.

Lejos de temer perder protagonismo, las trabajadoras siempre supieron que para enfrentar grandes enemigos, es necesario ganar la solidaridad de sus compañeros de clase

Unidad en la lucha contra el patriarcado

Y aunque las mujeres somos un poco más que la mitad de la población y la gran mayoría de los hombres rechazan la violencia contra las mujeres, los femicidios se siguen sucediendo ante la pasmosa mirada de la inmensa mayoría. Porque el patriarcado es algo más que uno, varios o muchos individuos violentos: es un modo social de reproducción de las relaciones entre los géneros, basado en la subordinación y opresión de las mujeres. Poder, jerarquía y desigualdad están anudadas en este sistema que persiste a través de la historia, entrelazado con el modo de explotación esclavista, la servidumbre feudal y la explotación capitalista, porque el patriarcadole ha servido a todas las clases dominantes para perpetuar su dominio.

Y así, los explotados varones, heterosexuales, blancos, nativos gozan de ciertos privilegios -irrisorios si se los compara con la privilegiada vida de los explotadores- mientras se discrimina y violenta a mujeres, lesbianas, gays, transexuales, inmigrantes. Esas divisiones entre los explotados que impone la clase dominante (fomentadas por religiones, ideologías reaccionarias, la burocracia sindical y otras instituciones del régimen social y político) sólo tiene el objetivo de perpetuar en el poder a quienes nos explotan y oprimen. Por eso, en la lucha por la emancipación femenina y de todos los sectores socialmente oprimidos no enfrentamos sólo al Estado capitalista y todas las instituciones del régimen de dominio que reproducen y legitiman el patriarcado, sino también los prejuicios y la ideología patriarcal entre los explotados. Sin ganar a las grandes mayorías, a las mujeres y hombres de la clase trabajadora para esta causa, es imposible siquiera imaginar que se pueda avanzar un paso en la liberación de la mujer.

A nadie a quien se le vaya la vida en el enfrentamiento contra la opresión y la explotación, se le ocurriría que es mejor estar solo que ganar aliados para su causa.

Las trabajadoras son mucho más conscientes de esta necesidad que algunas feministas radicales que, en la lucha por enfrentar y repudiar la violencia machista, rechazan la solidaridad de los varones antipatriarcales. Cuando en la fábrica alimenticia Kraft una obrera denunció el acoso del supervisor y la empresa decidió suspenderla a ella, fue la unidad de todas las trabajadoras y trabajadores de su turno la que logró imponer un paro de actividades con el que fue reincorporada inmediatamente y el acosador, separado de la empresa. A ninguna obrera se le hubiera ocurrido decirle a sus compañeros de trabajo que no hagan paro, que la lucha era sólo de las mujeres contra el acosador protegido por la patronal. Porque a nadie a quien se le vaya la vida en el enfrentamiento contra la opresión (patriarcal, colonial, racial, sexual o de cualquier otro tipo) y la explotación, se le ocurriría que es mejor estar solo que ganar aliados para su causa. Imaginemos por un instante al pueblo vietnamita pidiendo que la juventud y los pueblos del mundo no se movilizaran contra la guerra imperialista, porque no querían perder protagonismo en su combate contra el ejército norteamericano. Ridículo y suicida.

Por un amplio movimiento de lucha, independiente de los partidos patronales y la Iglesia

Pero si algunas mujeres tienen temor a que los varones ocupen un lugar protagónico en una lucha donde las mujeres estamos a la cabeza, lo cierto es que las diatribas más sectarias contra los varones solidarios no son ingenuas ni están desprovistas de intereses políticos. Muchas de las que lanzaron una campaña en las redes sociales contra los "chongos" (de la izquierda, antipatriarcales), mostrando preocupación por su supuesta injerencia en nuestros espacios de mujeres, son las mismas que -alineadas con los sectores políticos que están consensuando con el Vaticano la política de contención de la pobreza y el conflicto social, preparándose como oposición para el 2017, como el kirchnerismo y otros sectores del peronismo- se niegan a mencionar con nombre y apellido a los gobiernos que no tomaron ni una sola medida para paliar siquiera la violencia machista. Aparentemente molestas con la presencia de los hombres de la izquierda en las movilizaciones contra la violencia machista, pretenden imponernos una mordaza para que no denunciemos el rol de la Iglesia en el sostenimiento de esta cultura patriarcal que nos mata, porque privilegian sus alianzas políticas con Bergoglio. No tuvieron la misma vehemencia para denunciar, durante una década, la política criminal del kirchnerismo que condenó a muerte a miles de mujeres jóvenes y pobres, víctimas de las consecuencias del aborto clandestino.

Las mujeres de Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda consideramos que es necesario poner en pie un movimiento de centenares de miles de mujeres, en lucha por nuestros derechos, independiente de todos los partidos del régimen político que sostiene nuestra opresión y la explotación de millones de trabajadores. Aunque las movilizaciones contra la violencia machista son verdaderamente multitudinarias, son episódicas y apenas algunas decenas de miles de esas mujeres que gritamos #NiUnaMenos, nos organizamos o participamos de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Por eso, las mujeres de Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda impulsamos comisiones de mujeres en todos los lugares de trabajo y estudio, en la lucha por todos nuestros derechos y planteamos la imperiosa necesidad de que los Encuentros Nacionales de Mujeres se amplíen y faciliten la participación de centenares de miles de compañeras trabajadoras, desocupadas, precarizadas que aún no pueden hacerlo. Por eso enfrentamos las maniobras de un sector de la Comisión Organizadora del último Encuentro, que se negó a reconocer el mandato de miles de mujeres que allí participaron, debatieron y votaron que el año próximo se organice en Buenos Aires.

Un masivo y democrático movimiento de lucha de las mujeres que no se subordine a los intereses de los partidos que sostienen proyectos políticos pro-patronales defendiendo a uno u otro sector empresarial, ni tampoco a las órdenes que provienen de la jerarquía eclesiástica, puede convertirse en una fuerza imparable, capaz de combatir sin ataduras por todos nuestros derechos y nuestras libertades, invitando a los varones con quienes compartimos las cadenas de la explotación, a deponer sus privilegios y pelear a nuestro lado. Esa fuerza de las mujeres en lucha estará presente en el Acto que el Frente de Izquierda realizará el 19 de noviembre en la cancha de Atlanta. El Frente de Izquierda es la única fuerza política consecuente con la lucha por los derechos de las mujeres, sin compromiso con ninguna de las variantes políticas patronales que se propone ser una alternativa política independiente de la clase trabajadora.




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