Política

JUICIO POR ANA MARÍA MARTÍNEZ

Titín Moreira: “Ana María era un gran cuadro del PST, su asesinato fue un impacto enorme”

El compañero de militancia de Ana María Martínez declaró el jueves en el juicio contra dos de los genocidas imputados por su asesinato en 1982. Un testimonio de lucha de ayer y de hoy.

Luján Echeverría

CeProDH | Zona Norte GBA

Domingo 21 de octubre | 00:50

Foto CeProDH Zona Norte

El jueves 18 en el Tribunal Oral Federal N°1 de San Martín continuaron las declaraciones en el debate oral y público. Compañero de militancia de Ana María, brindó testimonio “Titín” Moreira , quien también es parte de la Comisión de Familiares y amigos. Luego de su testimonio dialogó con La Izquierda Diario.

En la segunda jornada del juicio, nuevamente la sala de audiencias se vio colmada por familiares, compañeros y amigos de Ana María. Pero en esta oportunidad no estuvieron presentes los militares imputados Raúl Muñoz y Norberto Apa.

Los primeros en declarar fueron Julio Albarracín y Ricardo Almeida, quienes al momento del asesinato de Ana María eran jefe de Policía de la dependencia de Benavídez y oficial de Bomberos de Ingeniero Maschwitz, respectivamente. Ambos hablaron sobre las circunstancias en que fue hallado el cuerpo de Martínez aquel 12 de febrero de 1982 en Dique Luján.

Promediando el mediodía ingresó Titín Moreira (Carlos Alberto Orallo) para declarar frente al Tribunal conformado por la jueza Silvia Mayorga y los jueces Daniel Gutiérrez y Marcelo Díaz Cabral. Luego sería el turno de tres exmilitantes más del PST: Marga Bordón, Amalia Cozzi y Oscar Bonato.

La segunda audiencia fue presenciada, entre otras personas, por Carmen Metrovich (cuñada de Ana y referente de la Comisión de Familiares), Nora Ciapponi (dirigente del PST) y varios exmilitantes de ese partido como Marilú, Susana y Nora Zaldúa de la Comisión Justicia por la Masacre de La Plata.

También estuvieron miembros de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y una delegación del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) conformada por Víctor Ottoboni (obrero de Fate y directivo del Sindicato del Neumático), Catalina Balaguer y Camilo Mones (extrabajadores de Pepsico), Jorge “Turco” Sobrado (ex detenido desaparecido de Campo La Rivera), el jubilado obrero de la construcción Martín Ruta8, trabajadoras y trabajadores de la cooperativa MadyGraf (ex Donnelley) como Jorge, Robi y Jimena, ferroviarios, docentes de San Martín como María Elizabeth Campodónico, referente e integrante de la agrupación Marrón y trabajadoras de la salud.

También participó entre el público un nutrido grupo de estudiantes de las universidades de San Martín, de Luján y de General Sarmiento, junto a terciarios de la zona, que siguieron atentamente el relato de cada uno de los presentes.

Foto CeProDH Zona Norte
Foto CeProDH Zona Norte

Titín comenzó su relato de los hechos a partir de las preguntas de la querella representada por el abogado Pablo Llonto. Allí contó quién era y cómo conoció a Rosalía, como la llamaban sus camaradas.

“Conocí a Ana María en el año 1980. Yo militaba en el PST en Rosario, pero tuve que venir a Buenos Aires ya que en mayo hubo una gran redada en la regional, de la que pude escapar con un compañero, Eduardo. Su esposa era Silvia Centeno, quien tuvo a su pequeño hijo Pablo en la cárcel de Devoto. Él era parte integrante de Familiares y yo de la APDH e hicimos una intensa campaña por los presos políticos, en especial por Alberto Piccinini, dirigente histórico de los metalúrgicos de Villa Constitución y pese a la persecución que desbarató nuestro trabajo allá, la campaña fue un éxito y poco tiempo después a ’Picci’ lo liberaron”, recordó con precisión Moreira.

“A fines del año 79 habíamos participado de una huelga de colectiveros. Ejército y policías actuarían en común y detuvieron a varios compañeros. Éramos pocos en Rosario pero muy activos”, agregó.

Titín continuó relatando que “ya habiendo conocido a Ana, en el año 81 se desarrolló un gran conflicto bancario en medio de una crisis financiera. En aquel momento, cerró el BIR, un banco con muchas sucursales en el interior del país, y la dictadura quería acabar con la ley de Estabilidad que habían logrado los bancarios. Decidimos ’volcarnos’ a bancarios y armamos equipos de militantes para recorrer las sucursales de la zona norte. Antes del golpe dirigíamos la comisión interna del Banco Nación. Teníamos tradición en el gremio”, expuso frente a los jueces.

“Por aquellos tiempos y pese a que el PST fue brutalmente atacado (tenemos 16 compañeros asesinados por la Triple A y 84 muertos por la dictadura genocida) llevábamos adelante un gran trabajo de inserción entre los trabajadores”, afirmó el testigo.

Pasados más de 36 años y con el recuerdo intacto, Titín no deja detalle por nombrar, con certeza casi milimétrica, de su relación de camaradas con Ana María y todo el trabajo del PST en la Zona Norte, el cordón industrial más importante del país, y de las difíciles condiciones en que tenían que llevar su tarea cotidiana. Relata los hechos como si los hubiera vivido ayer.

“Recuerdo que con Rosalía íbamos a todos los bancos de la zona. Yo recorría las sucursales que rodeaban la línea del ferrocarril Retiro-Tigre. Ana María estaba en la zona de San Martín. Y ahí en la sucursal del Banco de Londres toma contacto con un empleado que se interesó por nuestra propuesta. Se hacía llamar Raúl. Después entró a ser parte de nuestra organización, el PST. Y en verdad era un infiltrado de los servicios, como sospechamos al tiempo y corroboramos un año después”. Según el relato de Titín, ya venían ocurriendo incidentes “raros” relacionados con él, que describió con detalles.

Al calor de su testimonio sentenció que “treinta años después apareció el trabajo de infiltración de este hombre, Juan Pedro Peters, personal de la siniestra Dippba (la Inteligencia de la Bonaerense) en un informe que descubrió y al que accedimos a través de la Comisión Provincial por la Memoria. Definitivamente las dudas se disiparon y hubo certeza: habíamos sido infiltrados”.

“La crisis se agudizaba, la CGT de Ubaldini convocó a una huelga general para julio de 1981. Con el compañero Albertito fuimos a panfletear la Ford de Pacheco, porque nos jugábamos a que los trabajadores se organizaran contra la dictadura cívico-militar. Aquel 7 de noviembre hubo una gran marcha a San Cayetano, donde participaron la CGT y Madres de Plaza de Mayo. Pocas semanas después de eso fue la última vez que vi a Peters. Lo convocamos a una reunión pero faltó a la cita. Nunca más apareció, ni supimos de él. No me olvido más de su cara. Debería estar acá pero falleció hace unos años”, dijo Moreira.

Peters, claro, no hacía su “trabajo” en soledad. Toda esa zona era influencia directa de los militares con asiento en Campo de Mayo. El jefe era Ríos Ereñú (ya fallecido) y los dos imputados en este causa. Apa era jefe de Inteligencia militar del Batallón 201 de Campo de Mayo y, según el mismo informe, fue quien facilitó un camión camuflado con cámara de la que se obtiene el registro fotográfico de Ana María que es la única foto en todo el informe de infiltración. Esto confirma lo que es evidente que hubo accionar en conjunto de las fuerzas represivas y lo que se quiere demostrar en este juicio para llegar a la verdad.

Marilú, Virginia, Amalia, Marga y Carmen | Foto CeProDH Zona Norte
Marilú, Virginia, Amalia, Marga y Carmen | Foto CeProDH Zona Norte

Luego de dar su declaración testimonial, Titín habló con este diario.

¿Cómo era la tarea militante junto a tus compañeros en aquellos tiempos?

  •  No era nada fácil. Ya veníamos siendo perseguidos. Las circunstancias hacían que uno cambiara su vivienda, su trabajo. Recuerdo que a comienzos de 1982 ya no milité más con Ana María, llevábamos adelante nuestra militancia en células distintas. A fines de enero de ese año detuvieron a Amalia, Alicita y Nino, quien era el responsable de la distribución de la prensa y propaganda de toda la zona. Les allanaron la casa donde se llevaron una gran cantidad de periódicos, libros, revistas, publicaciones del PST. Inmediatamente Ana María iba a ver a las familias de los compañeros detenidos, llevando su solidaridad, viendo qué necesitaban, esa era Rosalía. Producto de la situación política el juez Rodríguez Varela los liberó a los pocos días. En otro período eso hubiera significado varios años presos o la misma muerte. Era algo sorprendente. Pocos días después secuestran a Ana María y la asesinan.

    ¿Cuáles fueron las primeras repercusiones del asesinato?

  •  El caso tuvo gran repercusión en los medios, en la sociedad. Fue un impacto enorme. Mientras tanto las fuerzas represivas decían muchas patrañas respecto a nuestra camarada. Querían, y aún lo intentan, pasarlo como un crimen pasional. Después dijeron que se había quedado con dinero de la organización. Y por último, como su hermano era del PC, y entre el PC y el PST había diferencias, que quizá venía por ahí. Nada de eso. Inventaron cosas increíbles para desviar lo que realmente había pasado.

    ¿Cómo definirías a Ana María?

  •  Ana María era un gran cuadro del PST. Nuestra militancia era una ofensiva profunda, con enormes desafíos en fábricas, colegios, empresas, en plena crisis de la dictadura. Yo ya trabajaba en Astilleros Astarsa, en Tigre, propiedad de los Braun Menéndez, donde también hubo muchos compañeros desaparecidos. Después del asesinato de Ana María decidimos que varios de los que tuvimos cerca de ella, nos fuéramos de la zona. Llegué entonces a La Plata y poco después entré a trabajar en Astillero Río Santiago.

    ¿Para ustedes qué importancia tenía la organización en la zona?

  •  Nosotros éramos fuertes en la zona Norte. Sufrimos la Masacre de Pacheco y la voladura de varios locales como el de Beccar, ambos en 1974. Aquellos compañeros enfrentaron a empresarios, a la burocracia y al gobierno peronista, como el Indio Fernández delegado opositor a la UOM, el primer asesinado del PST por la Triple A, en mayo de 1974; o Arturo Apaza, dirigente obrero de Del Carlo, una autopartista de Beccar, que fue secuestrado en la fábrica apenas iniciado el golpe genocida del 76. Todo esto ocurrió en la zona de influencia de Campo de Mayo, donde Arturo fue visto.

    Pese a la represión siempre intentamos construirnos en esa estratégica zona que sigue siendo la mayor concentración obrera del país. En la actualidad mi partido, el PTS, no sólo reivindica la militancia abnegada de quienes en aquellos años no dejamos de enfrentar a la dictadura y luchamos por justicia por los cien camaradas del PST asesinados levantando sus banderas de una sociedad sin explotadores ni explotados, sino que nos sentimos humildemente sus continuadores.

    Estamos orgullosos de hacer incesantes esfuerzos por extender nuestra influencia en la Zona Norte, contra las patronales, contra la burocracia sindical y contra las fuerzas represivas, que aún en estado de derecho siguen actuando contra la izquierda y los luchadores como ya vimos con Sergio Berni y Gendarmería en la Panamericana, en varias oportunidades y después con Patricia Bullrich y Burzaco. La dictadura genocida no logró derrotarnos.

    ¿Cuál es el mensaje hoy para los jóvenes que continúan el camino?

  •  Las nuevas generaciones, los jóvenes, con las mujeres al frente, se están poniendo de pie y serán sin duda quienes enfrenten hasta derrotar el ataque en curso producto de la crisis capitalista. Esas nuevas fuerzas necesitan una organización revolucionaria para que su lucha no sea desviada o derrotada por ir tras proyectos políticos reformistas. El PTS en el FIT ha lanzado una audaz política de luchar por un partido unificado de la izquierda clasista en Argentina. Y contamos con las fuerzas para luchar por eso.

    Las próximas audiencias seguirán desarrollándose en el Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín, como todos los jueves a partir de las 11. Para concurrir sólo es necesario ser mayor de edad y presentar DNI.







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