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Timochenko será el candidato presidencial de las FARC en Colombia

Tras haberse reconvertido como partido político dentro del régimen colombiano, las FARC presentaron este miércoles a Timochenko, principal dirigente de la exguerrilla, como candidato presidencial.

Miércoles 1ro de noviembre | 17:06

Hace tan solo dos meses la exguerrilla de las FARC decidió en un Congreso reconvertirse en partido político para pasar a formar parte del régimen político colombiano, manteniendo el acrónimo pero cambiando su nombre por el de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Este miércoles anunciaron públicamente que presentarán candidatos propios a las elecciones legislativas colombianas del año próximo y que buscará la Presidencia con su máximo líder Rodrigo Londoño, alias "Timochenko".

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"Anunciamos que nuestro candidato a la Presidencia de la República será Rodrigo Londoño Echeverri ’Timochenko’, quién estará acompañado de Imelda Daza como vicepresidenta", dijo en una rueda de prensa el número dos de las FARC, alias "Iván Márquez".

Además de presentar a "Timochenko" como candidato a la Presidencia, el partido FARC también reveló que Iván Márquez encabeza la lista al Senado en donde estará acompañado de los alias Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada, Victoria Sandino, Sandra Ramírez y Benkos Biojó.

El anuncio se conoce un día después de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) le diera el aval a ese partido político para poder participar en las elecciones de marzo de 2018, cuando se renovará la totalidad del Congreso de Colombia, y en las presidenciales de mayo.

En el punto de participación política del acuerdo de paz se garantizó a las FARC que contarían con cinco escaños en el Senado y cinco en la Cámara de Diputados durante dos períodos consecutivos.

A esos legisladores ya garantizados por el acuerdo se pueden sumar los que la FARC obtengan en las urnas.

De esta manera las FARC hacen un rápido tránsito de su estrategia de "reformismo armado" a un reformismo liso y llano que ya se había expresado en el Congreso en el que se integraban al régimen político como "garantes de la paz".

Así lo dejó en claro Márquez al anunciar que "Damos el paso a la lucha política legal en un contexto en el que las grandes mayorías del país esperan pasar definitivamente la página de la guerra con los acuerdos de paz".

En consonancia con ese objetivo las FARC insistieron en que de cara a las elecciones de 2018 están dispuestas a conformar una gran coalición que permita llevar al poder a un "gobierno de transición" que proteja e implemente el acuerdo de paz.

A pesar del abierto entusiasmo de la nueva FARC en su política de hipotético "gobierno de transición" (es decir un gobierno declaradamente de conciliación de clases con fuerzas burguesas y sin un ápice de anticapitalismo ni antiimperialismo), son los propios partidos del régimen los que vienen frenando parte de la implementación de los "acuerdos de paz".

Al parate en la implementación de los acuerdos se sumó la reciente autorización del ministerio de Defensa para que las Fuerzas Armadas puedan bombardear a grupos disidentes de las FARC, lo que vuelve a traer para algunos de los miembros de la exguerrilla el fantasma de la Unión Patriótica (UP).

La UP se fundó en 1985 como parte de un "proceso de paz" iniciado un año antes por las FARC con el Gobierno del entonces presidente Belisario Betancur, pero fue diezmada en un genocidio que costó la vida a unos 4.000 de sus militantes, entre ellos dos candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa.

En la rueda de prensa también hubo espacio para que la FARC, por medio de alias "Jesús Santrich", advirtiera de que si no hay un "golpe de timón", la implementación del acuerdo de paz "va hacia un despeñadero" por retrasos atribuidos al Gobierno.

"La implementación se convirtió en una fastidiosa, asquerosa renegociación y esto no puede continuar así", afirmó Santrich.

La nueva estrategia reformista adoptada por las FARC, y ahora presentada con sus candidatos para las elecciones de 2018, muestra su degradación en la propia dinámica de la situación colombiana en la que la exguerrilla se compromete a los acuerdos con fuerzas burguesas en nombre de la paz, mientras que el conjunto del régimen burgués colombiano se dispone a asimilarlos en las condiciones que les sean más favorables, y convirtiendolos en una fuerza accesoria e inofensiva, ya muy lejos no solo de los hechos, sino incluso de su discurso anticapitalista y antiimperialista.








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