Política México

FRONTERA NORTE

Tijuana: una crisis migratoria que no cesa

Miles de migrantes, en su mayoría de origen haitiano, continúan varados, sin ninguna solución, a las puertas de los Estados Unidos.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 2 de noviembre | Edición del día

Imagen: vice.com

La inédita crisis migratoria que se vive en Tijuana se vuelve insostenible. Como explicamos aquí, la llegada masiva de migrantes de origen haitiano (y también africano), que cruzan México de sur a norte con la intención de pasar a los Estados Unidos, encontró el bloqueo por parte de las autoridades migratorias del vecino del norte.

Miles de haitianos buscan escapar de las terribles condiciones que atraviesa el país caribeño, cruzado por los efectos devastadores del huracán Matthew, que fueron antecedidos por el terremoto del 2010.

Estados Unidos puso fin, el pasado 22 de diciembre, al estatuto que supuestamente protegía de la deportación a las personas de origen haitiano y que era lo que alentaba el largo viaje a través de territorio mexicano. Esta actitud del gobierno estadounidense -a tono con la política antimigratoria defendida tanto por los demócratas de Obama y “Killary” como por los republicanos de Trump- ha provocado que miles de personas queden varados en la frontera norte mexicana.

El gobierno da la espalda a los migrantes

Desde que la crisis migratoria comenzó a hacerse notar, distintos sectores de la población se solidarizaron e intentaron paliar la situación que viven los migrantes, alojándolos en distintos albergues e iglesias.

Esto contrastó con la actitud de los gobiernos federal y local. Las autoridades de Tijuana adujeron “falta de recursos” para atender a los migrantes; esto en una zona donde la clase empresarial, favorecida por los gobiernos locales, se ha llenado los bolsillos a costa de la explotación de la clase trabajadora. El gobernador, en una muestra de su desprecio frente a los migrantes, no visitó ni un sólo albergue durante casi seis meses.

Por su parte, los funcionarios del gobierno federal “tardaron” medio año en visitar la entidad, cuando ya la crisis migratoria había trascendido a los medios internacionales. El miércoles 26 de junio, Miguel Ángel Osorio Chong (Secretario de gobernación), Claudia Ruiz Massieu (secretaria de Relaciones Exteriores) junto a Luis Enrique Miranda Nava (Secretario de Desarrollo Social) acudieron a Baja California para “constatar la situación”. Sin embargo, el titular de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos, el priista Humberto Roque Villanueva declaró a organizaciones de derechos humanos que sólo ayudarán con “apoyos en especie”, ya que “no hay un fondo especial del gobierno federal”. El cinismo de la “clase política” no tiene límites: mientras los gobernadores y funcionarios se enriquecen, aducen que “no hay dinero”.

No sorprende la actitud de la administración de Enrique Peña Nieto. En su paso por México hacia el “sueño americano”, miles de migrantes de todos los orígenes (centroamericanos, caribeños, sudamericanos, africanos) sufren la persecución de las autoridades migratorias, que los extorsionan, violentan, y en muchas ocasiones entregan al narcotráfico, en tanto que las mujeres y niñas son presa fácil de las redes de trata. Como un cruel testimonio de lo que los cárteles -coludidos con las autoridades- hacen contra los migrantes está la masacre de San Fernando del 2010, en la cual 72 migrantes fueron asesinados.

El gobierno federal actúa así como un “tapón” para evitar el paso de los migrantes hacia Estados Unidos, con las mismas prácticas que la “Border Patrol” aplica contra los mexicanos. Ahora, los migrantes haitianos y africanos sufren además persecución y amenazas racistas por parte de distintos grupos que los acusan de “robar los trabajos”.

Si en Estados Unidos los migrantes que atraviesan la frontera son “mano de obra barata” en el campo y la ciudad, en Baja California ya ha trascendido que las autoridades y los empresarios analizan la posibilidad de integrar a la industria maquiladora a los migrantes, bajo trabajos temporales y en condiciones de gran precariedad.

Ante eso, hay que desarrollar la solidaridad de los trabajadores y los sectores populares de México y Estados Unidos con los migrantes, y la lucha por plenos derechos políticos, sociales y sindicales para los miles de hermanos haitianos y africanos.




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