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Tierra para vivir: por qué la lucha va a continuar

Mientras la propiedad de la tierra se concentra cada día en menos manos, las ocupaciones de terrenos brotan en todo el país. Los gobiernos avalan las tomas de los multimillonarios y reprimen a las familias sin techo ¿Cómo damos vuelta la historia?

Patricio del Corro

@Patriciodc

Martes 3 de noviembre de 2020 | 11:51

🏠 TIERRA PARA VIVIR | UNA PELEA QUE BROTA EN DISTINTOS PUNTOS DEL PAIS | Columna Pato del Corro - YouTube

Tierra para vivir es la consigna que mueve a las más de 1.400 familias que ocuparon el predio de Guernica y que recibieron la represión de la policía Bonaerense como única respuesta material. Es la consigna que surge en las distintas tomas que brotan en distintos puntos del país.

En Argentina vemos cómo se desarrolla año a año una tendencia de las más profundas del capitalismo, la concentración de la propiedad. La tierra está cada día en menos manos.

Mientras los multimillonarios dueños de las transnacionales más poderosas ocupan tierras por cientos de miles de hectáreas, el Estado, y en este caso el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, no dudó en quemarle la casilla a madres solteras o a quienes habían perdido su trabajo. Porque en el altar de la llamada propiedad privada las ofrendas nunca son suficientes.

En este sistema los magnates como Joe Lewis, pueden adueñarse de todo, incluso de lagos, como el Lago Escondido, ríos y todo lo que haya dentro de sus 20.000 hectáreas; los grandes empresarios como Benetton pueden acumular 900.000 hectáreas. Si un pedazo de esa propiedad es cuestionada por sus ocupantes originarios, el Estado responde como respondió con la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado.

Cada año que pasa el capitalismo desarrolla más sus desigualdades. El dueño de una multinacional como Benetton puede poseer el equivalente a cuarenta veces a la superficie de la Ciudad de Buenos Aires, y mientras, en las villas y asentamientos de todo el AMBA viven cerca de 2 millones de personas. Todos hacinados, en una superficie menor a un tercio de la Ciudad de Buenos Aires.

En ambos casos se ve que no hay un problema de “Estado ausente”, más bien está muy presente; solo que en un caso está para cuidar hasta de sus apropiaciones ilegales y en el caso de los sectores populares, está para recordarles a los palazos que para ellos no hay derecho ni a una parcela.

Como ya relató Marx en “El secreto de la acumulación originaria”, en El capital, los empresarios, en su necesidad de ganancias constantes e infinitas, necesitan vaciar de población las zonas rurales para aumentar las extensiones de campo y obtener mayores recursos naturales. Llevando a concentrar a las familias trabajadoras, ocupadas y desocupadas, en las ciudades y sus suburbios. Son las distintas aristas de un proceso de desalojo de las zonas rurales, que va de la mano con la deforestación, la expulsión de las comunidades de sus tierras y la expansión de la frontera sojera con los desastres ambientales que también implican.

La tierra y su uso para los cultivos también se concentra, ya para el 2011 el 2% de las explotaciones agropecuarias tenían la mitad de la tierra cultivable del país.

Al mismo tiempo en las ciudades la vivienda se transforma en uno de los grandes negocios de los especuladores inmobiliarios, siempre ligados al Estado. Las viviendas no importan como vivienda, su valor de uso no importa, sino que pasan a ser una forma de especular con su valor. Aunque queden vacías. Por eso acceder a la vivienda propia es un sueño prácticamente inalcanzable para cualquier trabajador, por más torres y torres que se construyan.

Y así, la lógica del mismo sistema va empujando a que crezcan las villas y se formen nuevos barrios populares, llenándose de familias que buscan un pedazo de tierra y un techo. Pero los nuevos terrenos también van siendo ocupados en búsqueda de negocios. Veamos cómo florecen los countries y barrios privados. Solo en la Provincia de Buenos Aires ocupan un territorio equivalente a dos ciudad de Buenos Aires (400 km2), pero con solo 300.000 personas viviendo allí. Son estos barrios cerrados, que el mismo gobierno de la provincia admite que evaden impuestos por más de 2.000 millones de pesos al año, que avanzan sobre humedales o que directamente también ocupan terrenos de manera ilegal. En el caso del desalojo en Guernica la represión estuvo al servicio de los dueños del countrie El Bellaco, que, como nos contaba Valentina Avelluto de EdIPo, su dueño, un funcionario de la dictadura, supuestamente adquirió esas tierras para finales del proceso.

Por eso ayer el intelectual a fin al gobierno, Horacio Gonzalez, publicó una nota, repudiando la represión en Guernica y terminaba con esta frase en referencia al retrato del General Roca y el genocidio de la campaña del desierto: El cuadro que pintó Blanes en Choele Choel, con el generalato argentino fundando el latifundismo nacional, que no se repita en Guernica, inaugurando la edad de oro de las nuevas inmobiliarias y clubes de golf del conurbano.

Sin embargo las declaraciones de Larroque, Berni y Kicillof, defendiendo la represión a pedido de los dueños de El Bellaco parecen confirmar lo que a nivel nacional muestra la reunión con la cúpula empresarial del país. Quienes hace semanas eran impugnados por haber sido parte de la última dictadura hoy son el actor necesario de un pacto social, donde, como adelanta Guernica, buscarán que la crisis la sigan pagando quienes menos tienen.

Los ataques a la izquierda tienen que leerse en esta clave. Como se vió en Guernica habrá resistencia. No hay otra solución que la organización y la solidaridad de clase para obtener un derecho tan elemental como es a tener un techo. Así lo muestra la existencia de los más de 4.500 barrios populares que existen en el país, donde viven más de 4.000.000 de personas.

Hoy con la pandemia la desigualdad también crece, los dueños de todo buscarán sacar su tajada y el pueblo trabajador tendrá que enfrentarlos. Ya estamos viendo cómo el gobierno tratará a unos y a otros. Los ataques a la izquierda también son porque saben que seremos parte de esas luchas. Y no solo parte de esas luchas sino de plantear una alternativa a este sistema donde la tierra sea para vivir.







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