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Tierra arrasada: el plan de ajuste del FMI aumentó la inseguridad alimentaria en Grecia

Una investigación muestra el impacto del ajuste en la alimentación de los hogares griegos y afirma que “los paquetes de austeridad infringen las leyes internacionales sobre los derechos humanos”.

Diego Sacchi

@sac_diego

Martes 20 de noviembre de 2018 | 14:37

Este martes el centro de estudios Transnational Institute y FIAN International, una organización dedicada a defender el derecho a una alimentación adecuada, dio a conocer un estudio que vuelve a mostrar el efecto devastador de las medidas de austeridad sobre la población griega, en este caso enfocado sobre la nutrición.

El diagnóstico que brinda el estudio es elocuente “los paquetes de austeridad impuestos a Grecia infringen las leyes internacionales sobre los derechos humanos”. Esto es producto de los masivos recortes impuestos por la Troika (como se denomina a la institución conformada por el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) y aceptados por los gobiernos griegos como contrapartida a los tres rescates financieros.

Pocos meses atrás el gobierno de Grecia celebró que cumplió con las demandas de la Troika a costa de recortes sociales en salud, educación y desempleo. Alexis Tsipras, el primer ministro griego y líder de Syriza, lució corbata por un día como prometió que vestiría cuando se cumpliera el acuerdo que su gobierno respetó íntegramente.

Pero el ajuste pedido por el FMI y sus socios europeos dejó consecuencias que duraran por muchos años y que muestran el impacto social de los planes de austeridad que imponen los organismos internacionales a los países en crisis, como se ve en el caso de Argentina actualmente.

El estudio es claro al señalar a los responsables de la situación creada: la troika, a la que acusa de ejercer una presión insoportable para sacar adelante ajustes draconianos, y al propio Ejecutivo griego, por aceptarlos.

Las afirmaciones de los autores están avaladas por la recolección de datos, presentados en más de 100 páginas, que muestran cómo durante la crisis griega el aumento de los precios de los alimentos y la imposición de impuestos cada vez más altos sobre los mismos, fue acompañada de una caída de los ingresos que ha obligado a las familias a dedicar una porción más elevada de su presupuesto a comprar comida. En resumen, los alimentos pasaron de suponer el 16,4% del gasto en 2008 al 20,7% ocho años después. Junto a ese aumento del gasto de los ingresos de un hogar para alimentarse, también subió el número de hogares sin recursos para consumir carne, pollo o pescado cada dos días, duplicándose del 7% al 14% entre 2008 y 2016.

Ese deterioro en la forma de alimentación de los hogares trabajadores y populares griegos está íntimamente ligado al impacto sobre esos sectores de las medidas de austeridad severas como la rebaja del salario mínimo y las pensiones, la subida de los impuestos al consumo, las privatizaciones y despidos. Como define el estudio, ese paquete engendró la tormenta perfecta "La amplia gama de medidas regresivas tomadas, combinadas con un coste de la vida en aumento son prueba suficiente de que se violó el derecho a la alimentación en Grecia", concluyen los investigadores.

La investigación destaca la insuficiencia de la red de seguridad social aplicada por el gobierno griego para prevenir la inseguridad alimentaria y la pobreza, eclipsada por las medidas de ajuste. La serie de programas sociales que buscaban proporcionar una red de seguridad contra las consecuencias de la austeridad, como la aprobación de una ley de asistencia humanitaria que otorgaba subsidios de alimentos, alquiler y electricidad a personas y familias de bajos ingresos, no alcanzó como paliativo a la tendencia creada por los planes impuestos por la Troika.

Los autores hacen además un especial énfasis en la vulnerabilidad de los habitantes del campo. Si en 2016 Eurostat situaba al 35,6% de la población griega en riesgo de pobreza, el estudio eleva esa proporción al 38,9% en el ámbito rural. La tasa de desempleo, aunque se mantuvo ligeramente inferior a la urbana, pasó del 7% en 2008 al 25% en 2013.

Las medidas de austeridad requeridas por los tres Memorandos de Entendimiento (2010, 2012 y 2015) acordados en un principio por el Partido Socialista (PASOK) y la derechista Nueva Democracia, fueron sostenidos por Syriza desde que llegó al gobierno.

Syriza se presentaba como una alternativa por izquierda a los partidos que habían pactado con el FMI y el Banco Europeo, pero una vez en el gobierno se transformó en agente de las políticas de la Troika, avanzando con el plan de privatizaciones, recortes y ajustes, desconociendo incluso la voluntad de la mayoría de la población que votó “No” al ajuste en un referéndum. El compromiso de no tomar ninguna medida sin la aprobación de los organismos financieros y la UE significó la entrega directa de gran parte de la soberanía del propio Estado griego.

La experiencia griega pone en evidencia que si se respetan las condiciones impuestas por el FMI y los organismos internacionales las consecuencias de los planes de austeridad serán brutales y no se resuelven con medidas asistenciales. La lección griega deja claro que la ruptura con la imposición de los planes de ajuste, apelando a la fuerza de los trabajadores, jóvenes y sectores oprimidos, es la única salida real para impedir las consecuencias sociales que produce el saqueo impuesto.







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